LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS

Marzo 20


Querido Diario:

               Hemos reforzado al máximo las defensas de la ciudad mágica. Y como todas las familias “puras” que están de nuestro lado se juntaron a vivir en el mismo vecindario, en el que, de común acuerdo, hemos construido un moderno edificio, el conjuro de restauración cada vez se potencia más, lo cual es una gran ayuda. No digo que todo se haya vuelto indestructible, pero al menos, nos da un descanso prolongado, lo cual viene de maravillas.
               Lissa tuvo una idea estupenda: transformar nuestro traslado a EE.UU. en un viaje de placer al estilo mortal. A ella, que toda su vida la pasó igual que yo, entre dos mundos, pero más en el mágico que en el mortal, le suena divertido, especialmente porque el transporte aéreo es el único que nunca utilizó. Le emociona toda la experiencia: sacar pasajes, esperar para abordar a último momento (el conjuro restaurador siempre nos acompaña), mirar películas durante el vuelo, ¡descansar! ¡Con lo que nos hace falta! Y claro, el toque gracioso lo tiene el hecho de que llevamos la totalidad de nuestras pertenencias encima, los bolsitos élficos que nos hizo Gloomie son increíblemente prácticos. La gente de seguridad nos preguntaba dónde estaban nuestras maletas, les dijimos que todo lo compraríamos en el lugar de destino, fue lo primero que se nos ocurrió y les mostramos nuestras flamantes tarjetas de crédito “luxury”.
                  Lo que también era práctico, era mi manera de tomar apuntes en clase, en especial cuando, luego de la primera semana de exámenes previa a las vacaciones de invierno, pasé a segundo de la secundaria y le di alcance a Valeriana… literal y peyorativamente…
- Bueno, niñas, - anunció esa mañana la hermana celadora de segundo – no es usual que suceda a esta altura del curso, pero acaban de transferir a una nueva compañera a segundo año. Su nombre es Marijazmín Kapatelis Prince-Lynch y quiero que la reciban y la respeten como a una más de ustedes. Señorita Kapatelis, tome asiento en el fondo, junto a la señorita Asencio.
- ¡Gracias, hermana! – la cara de Valeriana era para un cuadro. Se puso tan pálida, que hasta las pecas se le borraron.
- Señoritas, abran sus libros de texto en el resumen de la página 153… - la monja se retiró y en cinco minutos ingresó la profesora a dar su clase. Una vez que Valeriana recuperó su voz, también hizo lo mismo con su perversidad.
- ¿Cuánto te piden las monjas por pasarte de año?
- Inteligencia y dedicación… te dije que te alcanzaría y te superaría, ¡en todo!
- ¡Silencio, ahí atrás! – exclamó la profesora.
- ¡Lo lamento, profesora, no volverá a ocurrir!
- Está disculpada, señorita Asencio… Bien… ¿Alguien tiene alguna duda respecto al examen? ¿Señorita Kapatelis, necesita que se le explique algo de los apuntes de clase? ¿Le han resultado claros?
- Desde luego, profesora. Mis nuevos compañeros han sido muy generosos al proporcionarme un cuadernillo tan completo. Les estoy muy agradecida.
- Me alegra oír eso. Tienen estos cuarenta y cinco minutos para un último repaso y en el próximo bloque haremos el examen. – ese día fue así con todas las asignaturas a las que me presenté. Desde luego estuve atenta a cada cambio de actitud de Valeriana, sabía que su cabeza ya estaba fraguando una estrategia para complicar mi estadía en su curso. Al siguiente día, llevé mi libreta de apuntes en blanco y copié palabra por palabra lo que explicaban los docentes, a pesar de todas las interrupciones de Valeriana: lápices que “se caían” de mi lado del escritorio, hojas que “volaban”, carpetas que se “abrían” y desparramaban su contenido íntegro por toda el aula, etc.
- Supongo que algún día vas a aprender a perder. – le dije ese viernes, recogiendo mis cosas.
- ¡Así como algún día vos vas a dejar de hacer trampa!
- ¿Igual que vos en el examen de álgebra? Ni siquiera llegaste a un ocho y eso que te copiaste todo…
- ¡Ignoro quién te pasó esa data, pero se las va a ver conmigo!
- ¡Uy, qué miedo!
- ¡Ya vas a saber lo que esa palabra significa!
- Es probable, tengo un diccionario nuevo, cosa que vos desconocés, ya que fueron tus errores de ortografía los que te llevaron a repetir. Te encuentro en segundo cuando deberías estar en tercero…
- ¿Cómo lo sabés?
- Te lo voy a decir, pero porque a fin de año nos despedimos de nuevo… ¡mejor no, se me hace tarde!... ¡Permiso! ¡Tengo Educación Física! – la dejé con la palabra en la boca y me fui al campo de deportes.
             Por la noche, evalué los informes que me fueron enviados acerca del “mentalista”, y tía Ivanka me comunicó que le fue concedida una entrevista, previo pago de una fuerte suma de dinero, a través de su tarjeta de crédito.
- Bien… vamos a ver… - comencé a decir, mientras encendía mi laptop, otra de las recién compradas por el señor Asencio en Miami – los siete nos vamos a juntar en el bar que está situado a una cuadra del consultorio y saldremos exactamente cada tres minutos, de a uno, las últimas vamos a ser nosotras, tía Ivanka, porque, seguramente, vos vas a ser la primera en pasar a la oficina del adivino. Como resulta obvio, todo lo que sea falso, va a desaparecer al menor contacto con cualquiera de nuestra familia materna. Por supuesto, que en cuanto noten la falta van a llamar a la policía, culpándonos de robo. Contra esto, tendremos a la gente del Servicio especial del Ministerio de Gobierno, camuflada como agentes que les van a tomar la denuncia. A partir de ese momento, nuestra intervención estará terminada… con esta persona. Del resto…
- ¿Por qué no les das algo útil que hacer a esas estiradas del CEM, así dejan de tomar el té con masitas y hacerse manicuría veélica? – mi hermana acababa de entrar en mi dormitorio a través del espejo, acompañada por Ian y Alexia.
- ¡Lissa, no sé qué haría sin vos!
- Bueno… – concluyó Ian – Ya que tenemos todo claro, ¿podríamos empezar a movernos?
- ¡Esperen! Hay que hacerlo con orden… los primeros en tomar contacto físico con el lugar tienen que ser ustedes, Lissa, vas a ir detrás de Ian, Alexia, vas a hacer lo propio, Elektra, Irina, Ivanka van a precederme.
- ¡Entendido! – desde ya, la operación salió con la precisión de un reloj. A una frase clave, Alexia forzó la cerradura del consultorio principal y todos ingresamos a hacer nuestros reclamos. El “mentalista” empezó a contradecirse y a ponerse nervioso, ante lo cual, nosotros le exigimos el reembolso inmediato del dinero invertido. Como el hombre se negó, hablamos de tomar acciones legales y le aseguramos que reuniríamos pruebas de que más personas habían sido perjudicadas. Cada uno expuso los correos electrónicos impresos que había llevado… el “mentalista” terminó echándonos del lugar “por atrevidos e impertinentes”. Como a la media hora nos llegó el informe ministerial de que al individuo se le había modificado la memoria, para hacerle olvidar toda clase de superchería y que su sitio de Internet había sido borrado.

            Por la noche, la vi a Valeriana como loca preguntando a sus amigas si conocían otros sitios web por el estilo del que ella precisaba.

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