LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS
Febrero 14
Querido Diario:
Ya no voy a esperar más…
Finalmente llegó “el día”. Aunque a la hora en la que te estoy escribiendo, ya
casi es el final. Ha sido una jornada emocionante y sorprendente.
A las cero horas, me llamaron
mis amigas del colegio del reino mortal y también Lissa, desde uno de los
hospitalitos en los que estaba de guardia esta semana, y por supuesto, Ian, que
trajo una invitación formal para toda mi familia. Y justamente, fue mi familia
la que más me sorprendió. Nunca en mi vida recibí tantos regalos por parte de
ellos: Mis treinta y seis sobrinos – mis hermanos cuando no trabajan se la
pasan teniendo hijos para cumplir la tradición Kapatelis de siete varones o
siete mujeres por cada varón Kapatelis que se casa – armaron una carpeta completamente
trabajada a mano, una obra de arte. La llenaron de dibujos y mensajes, y por
supuesto la firmaron todos los que sabían escribir… los que no, pusieron las
huellitas de sus manos. Mi hermano Alexis me trajo un cachorro de Golden
Retriever, que es una locura y una máquina de morder zapatos. Lo llamé Aurum,
como el mítico hechizo de transformación del plomo en oro, que en realidad
nadie sabe si funciona. Ismael, que no viene desde la última vez que su mujer
intentó “exorcizar” la casa, me regaló una docena de orquídeas de varios
colores. Benjamín, a insistencia de sus mellicitas, me compró un oso panda de
peluche tamaño natural, que casi no pudimos hacer pasar por la puerta de mi
dormitorio y sobre el que estoy sentada, mientras la pluma escribe. Nacho
seleccionó lo mejor de su tienda de ropa de cuero y lo envió por correo. Está
aún demasiado avergonzado para venir. Lo llamé para agradecerle. Paulo organizó
la fiesta para este fin de semana en una residencia en San Isidro, así que me
tiene intrigadísima. Walter consultó con su esposa y entre los dos diseñaron un
reloj de oro que llega desde Suiza mañana por la mañana. Nicolás, el que fuera
el soltero empedernido y rebelde y ahora está recién casado, dueño de una
agencia de compra y venta de motocicletas, separó una Harley Davidson
impresionante. Mamá y los abuelos se juntaron para regalarme un juego completo
de cristalería austríaca, en vistas de mi futuro matrimonio. Sí, querido
Diario, están pensando en casarme cuanto antes. Pobre Ian, si estuviera acá
todo el tiempo, se sentiría perseguido. Pero el que realmente me dejó sin
aliento fue papá: me compró un auto mágico…
- ¡Pa!...
¡¿Cómo?!... Esto es un prototipo que sólo se consigue en…
- El Reino
Mágico, sí… Fui al cine… Fila 32, asiento tres, todavía me acuerdo… - lo abracé
y me puse a llorar, no podía hacer otra cosa. Desde luego, el vehículo es
sensacional, y lo puedo usar en los dos reinos. Fue parte de uno de los
proyectos que presenté en el curso pre universitario. Lo revolucionario fue la
perfecta fusión entre magia y tecnología. Por ejemplo, su sistema de alarma:
deja entrar al ladrón y hasta le permite poner el vehículo en marcha. Es una
distracción durante la cual los sensores de adrenalina se activan, y actúan
como un lector de intenciones del intruso. De inmediato, el volante desaparece,
y el cinturón de seguridad, esté colocado o no, se transforma en una cadena,
que lo inmoviliza, mientras la computadora de abordo envía un mensaje a la
comisaría más cercana. Y es lo mínimo que tiene. Sería largo ponerme a detallar
todo.
Los regalos desde el Mundo
Mágico empezaron a llegar al mediodía, un rato antes de la pequeña reunión
formal en la casa de la familia Riccardi: mis primas Veelas fueron con los
duendes a elaborar una impresionante corona de platino labrado y brillantes. Y
el Primer Ministro de Gobierno Mágico, tal como lo establece la ley, me otorgó
el título de mi primera propiedad mágica: el pico más alto del otro universo en
territorio veélico. Y asociado a eso, yo hice mi primera compra de un terreno
en el reino mortal para hacerme mi casa.
Mi mayoría de edad, para variar,
es algo que no tiene precedentes. Hoy tuvo lugar una ceremonia secreta, por la
que no dormí en toda la noche: a la Nona Nilda y al Nono Yorgo, por la reunión
de las joyas de la Vida, se les permitió regresar del más allá para asistir y
concretar mi coronación como Emperatriz y Capitana General del Imperio Veélico.
¡Fue increíble! Toda mi vida pasó frente a mis ojos. Mis nonos me coronaron y
yo emprendí mi primer vuelo en escuadra con el pelotón de ceremonias. Cada una
de las Veelas que me acompañó dejó una pluma en la base de la montaña. De
inmediato esas ofrendas se transformaron en los cimientos de la fortaleza que
rodearía mi palacio. Todo fue muy irreal, hasta para mí, pero incluso en este
preciso instante en el que estoy relatándote todo, la cima del monte Veélico se
está modificando a pasos agigantados. Mañana mismo podré instalar el espejo de
plata fijo. Y el domingo a más tardar, iniciaré la construcción de mi casita.
La fiesta en la mansión Riccardi,
que yo pensé que se trataría de algo sencillo y austero, tuvo todo lo que no
debe faltar en una reunión de “debutantes”. Mamá y papá se vistieron con sus
mejores galas y llegaron una hora antes que yo. A mí, como corresponde, me
recogió la limousine de los anfitriones y Gloomie me acompañó para asegurarse
de que estuviera impecable todo el tiempo.
Por supuesto, siendo mágicamente
mayor de edad y con un título que me brinda inmunidad diplomática, no tuve que
poner ninguna clase de límites ni a mi vestuario, ni a mi peinado. Estuve
tentada con la idea de lucir mi corona, pero con varios miembros de la secta
Omega66 asistiendo a la fiesta, era demasiado riesgoso. Opté por lucir las
Joyas de la Vida y tener a Nixie como un bordado en el corset de mi vestido.
Irradiaba tanto poder, que las
puertas de la casona se abrieron solas a mi paso, lo que hizo palidecer a más
de uno. Las exclamaciones de asombro y los cumplidos se multiplicaron hasta
ocupar cada boca que se abría en la casa. El primero en romper esa nube de
requiebros fue Marcelino, el hermanito menor de Ian, quien fuera de todo
protocolo, corrió a mis brazos sin que nadie pudiera impedirlo.
- ¡Marijazmín!
– me abrazó con toda su fuerza - ¡Mamá y papá no me dejan estar en tu fiesta!
¡Deciles que me dejen!
- ¡Sos mi
invitado especial! – le aseguré, mientras lo acomodaba en mi regazo. Él,
enseguida chasqueó los dedos e hizo aparecer una rosa azul.
- ¡Feliz
Cumpleaños!
- ¡Gracias, es
preciosa! – tomé la flor y me la coloqué en el pelo.
- Te queda muy
lindo este vestido… ¿vas a bailar con mi hermano?
- Supongo que
sí.
- ¿Querés que
se lo pida?
- Me parece que
no va a hacer falta… ¡Ahí viene!
- ¡Hola,
hermosa!
- “¿Es todo lo
que tenés para decir? ¿Toda la secundaria esperando este momento y hoy se te
ocurre sacar tu verdad? ¿Después de tantas idas y venidas?”
- “No me
dejaste alternativa. A una Veela no se le puede mentir.”
- “Pero sí
omitir.”
- “No
discutamos, por favor. Sos la única belleza de la fiesta… y de mi vida también,
aunque nos llevemos a los escobazos… sabés que te adoro.”
- ¡Hola, Ian!
- Parece que
tenés los brazos ocupados con un galán…
- ¡Y qué galán!
- Un galán que
se va a ir a la cama, ya. – ordenó Giampaolo, atentamente vigilado por su ex
mujer y su hijo mayor, quienes a pesar de la resolución del juez de otorgarle
un régimen de contacto directo y visitas programadas, no lograban confiar en él
– Sin chistar…
- ¡Pero, papá…!
- Vas a tener
que obedecer, Marce…
- ¡Yo me quiero
quedar en la fiesta!
- Marcelino,
estás muerto de sueño…
- Vamos a hacer
una cosa, gordo. Yo te doy un besito de Veela y vos te vas a la cama, ¿sí?
- ¡Ufa! – le
besé la frente y en forma automática el pequeño mago se quedó profundamente
dormido.
- ¡Ya se lo
puede llevar, señor Riccardi!
- Gracias,
Marijazmín.
- No fue nada.
- ¡Disfruten de
la fiesta! – el padre de Ian se retiró con la criatura, e Ian, como la
tradición indica, me sacó a bailar el primer vals. Fue maravilloso. Miro las
fotos y no lo puedo creer. En fin…
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