LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS
VII – El Colegio Secundario Mortal
Marzo 10
Querido Diario:
La reserva ecológica mágica se
recupera con lentitud, algo que me pone muy contenta y reafirma mi vocación
hacia la carrera de medicina veterinaria. Por cierto, en tres semanas inicio la
cursada en las dos universidades.
Mamá está insoportable, le
refriega en la cara a todos los ricachones del barrio mi carta de admisión a
Harvard, especialmente a las aristócratas que tan mal parada la habían dejado
unos años atrás.
Ocurrió un año después de mi
ingreso a la academia de danzas, una de esas noches en las que llegaba más que
agotada.
- ¿Te vas a ir
a dormir sin fijarte si estamos vivos? – fue todo su amable saludo – ¡Sentate a
la mesa!... ¡Y saludá a las visitas, mal educada! – tres vecinas con sus
respectivos maridos habían venido a cenar: Amalia Paz-Braganza y su esposo
Julio Romero Vidal, Elisa Rubier Solari-Lima y su marido Héctor Rivero Colón, y
la más encumbrada pareja del barrio: Josefina Álzaga viuda de Unzué, casada en
segundas nupcias con Joaquín Hidalgo de Morillo. En una palabra: la “crema” de
Buenos Aires.
- ¡Querida!
¡Qué grande estás! – exclamó Amalia, pellizcando dolorosamente mis mejillas.
- Crezco… -
contesté.
- ¿Qué edad
tenés? – preguntó Elisa cuando pasé a su lado.
- Catorce…
- Ya estás
terminando la secundaria, ¿no? – continuó Josefina – Como hiciste la primaria
en tres años y tenés semejante nivel de coeficiente intelectual… - el sarcasmo
se palpaba en el ambiente, ya que la dama le había creído a una de mis cuñadas
y había hecho correr la voz de que a los nueve años me expulsaron del colegio
por mala conducta.
- No… estoy en
la escuela de Arte… no tengo tiempo para otra cosa.
- ¡Hmmm! Eso
está muy mal, deberías hacer el secundario y una prestigiosa carrera universitaria…
nunca se sabe lo que te podría deparar el destino, corazón. – agregó Joaquín –
Hoy estás perfecta, pero con las presiones y las exigencias de la danza… la
mínima lesión te puede dejar debajo de los escenarios muy joven… y por más
millonaria que haya sido tu bisabuela, el dinero que no se repone, tarde o
temprano se termina y más a la velocidad en la que lo están gastando esos
parásitos de tus parientes. ¿Lo pensaste?
- ¿Sabe lo que
pasa, don Joaquín? En esta familia, yo voy a tener derecho a pensar, cuando
cumpla dieciocho años y me pueda emancipar, pero para entonces, en las arcas
Lynch, no va a quedar un centavo partido al medio.
- ¡Marijazmín,
a tu cuarto! ¡No cenás! ¡Por impertinente y grosera! – gritó mamá.
- Ocho horas de
danza, sólo con el desayuno… mañana falto al conservatorio… estoy pesando ya
menos de cuarenta kilos… no creo poder resistir la clase, si no me alimento
como corresponde.
- Tiene razón,
Nereida… y ya no está para esa clase de castigos… - deslizó Josefina.
- Bueno… que te
sirvan algo arriba… - subí la escalera y trabé el intercomunicador para
escuchar todo desde mi cuarto.
- No me gusta
la forma en la que te llevás con tu hija. – dijo Amalia, que siempre se
caracterizó por no callarse las verdades – Ni siquiera se toma la molestia de
demostrar que tenés autoridad sobre ella, te pasa por arriba y te deja muda. Y
eso que lo que a vos no te falta, justamente, es fuerza de carácter.
- ¡No hay
manera de que obedezca por las buenas!
- Mandala a un
buen internado de señoritas… hay monjas que son capaces de transformar en
princesa a la más ordinaria de las chirusas… - comentó Elisa.
- Mi hija será
rebelde, - intervino papá – pero no es ninguna chirusa. Moderá tus
apreciaciones, por favor.
- Disculpame,
no quise ofenderte, León… Pero deberían preocuparse más por la educación de
Marijazmín… ¿se le acaba la danza y qué va a hacer? ¿Rebajarse a dar clases en
un conservatorio, ganando una miseria? ¿La vas a acomodar en tu empresa que
hace siete años que presentó quiebra? ¿Recomendarla por “portación de
apellido”? ¿Sin el título de una universidad, aunque más no sea la nacional que
la respalde? ¿Sin experiencia? No te va a alcanzar con casarla bien, ¡eh! No
estamos en la Edad Media… - hubiera dado toda mi magia por ver la cara de mi
madre, ante las palabras de un aristócrata.
- ¿Conocés
algún lugar acorde con nuestra posición social y en este país? – preguntó.
- Hay muchos… pero de acá… no te recomiendo ninguno, esa
chica necesita extrañar la casa… tendrías que mandarla al extranjero. Pero por
todo lo alto, por supuesto.
- ¿Por ejemplo?
- Un buen
colegio del Opus Dei…
- ¡Hmmm! ¡Son
gente rara! ¡Gracias, pero con mis nueras me sobra!
- Pero si lo
que tu hija precisa es disciplina…
- Mirá… -
intervino Amalia – mis hijas, que ahora la mayor es arquitecta y la menor
licenciada en Ciencias Políticas, hicieron la secundaria en Valparaíso, en un
colegio jesuita, mixto. Vivíamos allá, claro.
- Pero,
comparadas con ella, son un par de santas. ¡Esta es un demonio!
- ¡Liceo
Militar! ¡Eso la va a poner en su lugar! Mandala a Estados Unidos. De paso,
aprende idiomas, que con la porquería de colegio primario al que fue, a gatas y
habrá tenido nivel de principiante en Inglés.
- No le hace
falta, habla Francés, Alemán, Ruso, Chino Mandarín, Inglés e Italiano.
- ¿En serio? –
ironizó Amalia – Nadie lo diría.
- Sí. Con eso
te harás una idea de la cantidad de cosas que hicimos, para mantenerla ocupada.
- Eso veo.
- Y de todos
modos, sigue igual de mal aprendida y rebelde.
- Hacé una
cosa… llamame mañana, que yo te consigo una vacante en algún privado en el
extranjero, no me molesta mover influencias… - y me cansé de seguir escuchando. Era obvio que
los vecinos se daban cuenta de que mis padres buscaban una excusa para no
tenerme cerca, especialmente a la hora de controlar las cuentas de la casa y
ponerle un corte al despilfarro. Lo cierto era que, entre tantas razones que no
revelaban en público, estaba el hecho de que, cada vez con mayor frecuencia,
mis cambios metabólicos se hacían ver, no sólo por la noche, sino en cualquier
momento del día. Sólo bastaba una moderada situación de stress.
La transformación más grande del
año la tuve esa misma madrugada, y las reacciones en casa fueron las de
esperar.
- Me siento
mal… - dije, apagando el equipo de música, para que me prestaran un segundo de
atención.
- ¡Tenés que
esconder a ese monstruo en el altillo, ya! – gritaba mamá a papá, mientras que
yo temblaba espasmódicamente, cubierta de plumas rojas, con dos muñones en la
espalda y una incipiente cola de fénix.
- ¡Ese
“monstruo” es tu hija! – respondía él.
- ¡Es un
cincuenta y un cincuenta! Pero sea como sea, no puede presentarse así en
público.
- Sí, en eso
tenés razón.
- Voy a llamar
a la academia para darle parte de enferma.
- Bien pensado.
Yo voy a contactar a “tus parientes”, para que la vean y le den algo para que
se le vayan las plumas lo antes posible.
- Listo. – pocas
veces los vi moverse tan rápido y con tanta coordinación. En menos de cinco
minutos Irina y Elektra estuvieron en casa, y lo más inusual de todo fue que me
atendieron en el mismísimo dormitorio de mis padres, donde yo volaba de fiebre.
- ¡A ver,
muñeca, ¿cómo estás?! – preguntó Irina con gran emoción en su voz.
- ¡Me siento
muy mal!... ¡Me duele todo el cuerpo!
- Es normal,
corazón. Duro, pero normal, teniendo en cuenta que emplumaste de una sola vez…
lo que sigue es cambiar de forma… y la fiebre la causa tu ave genética, que
finalmente se ha confirmado que es un fénix… ¡Deberíamos estar festejando!
- Honestamente,
no veo el motivo.
- ¿No es obvio?
¡Ya podrías reclamar el trono Veélico, con nosotras dos como regentes!
- ¿En serio?
- Ya con esto,
no cabe duda de que sos la princesa heredera… cuando te sientas un poco mejor,
lo hablamos bien.
- Suena
grandioso… pero de verdad necesito parar… son demasiadas cosas… estoy
modificando todos los días el espacio-tiempo, para cumplir los antojos de una
familia que es una cloaca y poder seguir en Sparkle. Es demasiado. Encima, está
esta otra gente que me tilda de bailarina semi analfabeta, por culpa de mi
cuñada. ¡Estoy fuera de control! ¡Créanme que la nena dulce y buena se está
terminando!
- Respirá hondo
y tranquilizate un poco. Todo va a salir bien. Es una promesa.
- Pero no puedo
asumir nada en estas condiciones, chicas… y como se lleguen a enterar “las
vecinas” de mi estado de salud, van a venir las preguntas incómodas, y si no
hay respuestas, las van a inventar ellas y ya sabemos qué es en lo único que
piensan esas buenas señoras.
- ¡Mala gente!
– suspiró Irina.
- Campeonas del
chisme, con seguridad.
- ¡Eso veo!...
¡¿Qué es ese disparate de que sos una bailarina semi analfabeta?! – preguntó
Elektra.
- La mujer de
Ismael, en una de sus visitas, se puso a revisar mi dormitorio y encontró el
uniforme de Sparkle. De ahí sacó la idea de que estoy metida en una “secta”.
Como le dije que era del colegio, me salió con que era una mentira, porque ella
sabía perfectamente que yo iba a una escuela del estado. Le contesté que egresé
y no me creyó. Así que muy suelta de cuerpo, hizo correr la voz de que me
habían expulsado por mala conducta.
- ¡Uhh!
- Eso generó la
charla en la cena y ahora mamá y papá cayeron en la cuenta de que sin colegio
secundario, ni universidad, en cuatro años me puedo ir de acá y dejarlos en la
calle.
- Merecido lo
tendrían…
- Necesito un
colegio en Chile, para dentro de una semana.
- ¿Qué?
- Mamá y papá,
obviamente, me quieren hacer estudiar con mortales… además de todo lo que ya
hago…
- Hmmm… dejame
ver… ¡Elektra!
- ¿Sí?
- ¿A quién tenemos
de la familia lejana integrada en los colegios privados?
- Ya te digo… -
Elektra abrió su Tablet - ¡Qué bueno que tenés Wi-Fi mágico…! ¡Acá está!...
Ivanka Samorano Lynch… padre mitad elfo, madre veela, cuatro abuelos de origen
mágico, veélico y con parentesco lejano de sirenas del pacífico. Se ofreció
para la docencia, llegó a rectora del nivel secundario de un colegio católico
relativamente nuevo. Empleó un hechizo de restauración experimental, para
acelerar los trámites con los inspectores mortales del municipio, y así mismo,
otorga becas a los semi mortales y pequeños brujos rescatados, antes de darles
el ingreso en Sparkle.
- ¡Con razón le
veía cara conocida! – exclamé al ver la foto - ¡Trabaja en los sectores que
maneja Ian!
- ¡Tenés razón,
acá está el legajo!
- ¡Ok! Que me
mande publicidad, que llene el buzón de folletería, videos, o lo que tenga para
entrar por los ojos de mi familia y que a todo le ponga encantamientos de
aceptación universal. – dije, tratando de sentarme en la cama, con cierta
dificultad.
- En diez
minutos tenés todo… siempre y cuando tus vecinas se mantengan alejadas de la
casa…
- Gracias, Ele.
- De nada…
sacudite las plumas de los hombros, así dejo entrar a tus padres.
- ¡Ok!... Ya. –
Irina abrió la puerta.
- ¡Hija! ¡Menos
mal! ¡Ya se te ve la cara!- papá se me sentó en la cama, más angustiado de lo
que yo esperaba.
- Sí, estoy un
poco más “desplumada”…
- ¡Mi chiquita,
volás de fiebre! – dijo tocándome la frente y luego agregó dirigiéndose a mis
primas - ¿le pueden dar algo para bajar la temperatura? ¿Algún emplasto de esos
que hacía Doña Nilda?
- Se va a
normalizar cuando se le desprendan las plumas, es parte del mismo proceso: el
cuerpo se defiende de algo que la invade, el calor hace que los plumones se
aflojen y caigan.
- ¿Tiene para
mucho? No puede seguir perdiendo clases de danza… - preguntó mamá.
- Durante el
transcurso del día, el plumaje se tiene que desprender solo. Va a ser un poco
incómodo, porque en cuanto se sienta fuerte como para levantarse, va a dejar un
reguero por dónde camine.
- Habrá que
barrer… - afirmó mamá.
- Gloommie se
puede hacer cargo de eso de inmediato, señora Kapatelis. – exclamó mi elfo
doméstico, apareciendo y casi matando a mi padre de un susto.
- ¡Gracias,
Gloomie! – contesté – Ya podés empezar…
- ¡Pero que sea
discreto! – pidió papá, recuperando el aliento.
- No necesito
aclarar que mi servicio doméstico sabe muy bien cómo trabajar entre mortales y
semi mortales, papá… deberías haberte acostumbrado… - me puse de pie para
facilitar la tarea de Gloomie.
- ¿Tiene que
tomar algún remedio? – preguntó mamá – Por los dolores…
- Un baño
prolongado de inmersión con manzanilla y rosas azules le vendría muy bien. Por
lo pronto, es muy recomendable que Marijazmín no tenga ningún tipo de
disgustos: nada de peleas, discusiones, ni situaciones estresantes. Y para eso,
va a ser conveniente que sus vecinos crean que sufre del corazón, no sea cosa
de que piensen cualquier tontería indecente. Marijazmín no se lo merece.
- ¿Cuándo puede
volver a la danza? Estamos perdiendo un tiempo precioso.
- De inmediato.
Eso la va a ayudar a despejarse y mantenerse en calma. Tiene que alimentarse
bien. Sin ningún tipo de restricciones, está desarrollándose, va a comer lo que
su organismo le pida.
- Bueno, León,
¿vamos al super mientras la nena se baña? Las chicas se pueden quedar con ella…
- Dale… ¿Qué
almorzamos? – me preguntó papá.
- ¡Hmm!
Ensalada de manzanas verdes con mayonesa, milanesas crocantitas con puré y
cóctel de frutas para el postre.
- ¡Tomo nota! –
mis padres se fueron, y cuando regresaron vieron la publicidad del colegio
chileno.
- ¿Qué es esto?
– preguntó mi madre abriendo el sobre - ¡wow!... Colegio de Señoritas de las
Oblatas del Santísimo Sacramento, Valparaíso, Chile…
- ¿A ver?
- Acá hay algo
más…
- ¡Hmm! Se ve
bien… internado… doble escolaridad, deportes de alto rendimiento… seminarios de
espiritualidad… especializado en estudiantes con elevado coeficiente
intelectual.
- ¡Lo que nos
recetó el médico!
- ¿Y la danza?
- Contratale
otro profesor, para los ratos libres.
- Hablo con mi
amigo, a ver qué me dice.
- ¡Genial, voy
a llevar las cosas a la cocina…! ¡Marijazmín! ¡Vení a ayudarme a preparar la
comida! – bajé con la bata puesta, secándome el pelo completamente rojo, con
una toalla.
- ¿No querés
que lo haga todo Gloomie, mejor? – estoy dolorida, todavía… Mirá cómo me quedó
el pelo, parezco un semáforo.
- No se ve tan
mal… Está mejor que ese blanco desabrido… ¿y nosotras qué hacemos?
- ¡Hmmm!... La
verdad que me podría hacer las uñas… ¿vos querés?
- Veo cómo te
quedan a vos y decido.
- Bueno… acá
está mi porta cosméticos… una taza… el ungüento… el fortalecedor… el suavizante
para los dedos… el color… el brillo… las chispitas de luna… ¡ya! Tengo todo lo
que necesito. Gloomie, ¿me traés un poco de agua tibia?
- Enseguida,
señorita Kapatelis.
- Hija… quiero
que hablemos de algo…
- Dale, te
escucho.
- Me parece que
mis amigas tienen razón… no te podés quedar sin estudiar.
- Mamá, estoy
estudiando.
- En un colegio
de magia, sin aprender otra cosa.
- ¡Sí, en un
colegio de magia!
- Pero, ponete
a pensar, sin pelear ni levantar la voz… eso… mamina, las materias mágicas, en
el mundo nuestro, no te van a servir a la hora de conseguir un trabajo.
- Sí… eso es
verdad.
- Y no me
gustaría verte mal casada con un marido rico o un aristócrata venido a menos.
- ¿Como vos?
- ¡Hhh! ¡No
seas impertinente!
- Soy realista…
no me queda otra.
- La cuestión
es que estamos viendo colegios en el extranjero.
- ¡Ajá!
- Seguí con tus
uñas, que yo te muestro lo que tenemos.
- ¡Ok!
- Mis amigas
van a traerme más opciones, pero esta nos gustó a los dos.
- ¡Ajá!
- Parece muy
completo…
- Eso veo…
Gloomie, si ya terminaste con la comida, alcanzame la notebook.
- Sí, señorita.
- Tiene página
en Internet... Hay que suscribirse al campus online.
- Ah… como yo
de eso no entiendo nada…
- Pero… ¿no
tuviste computación en el colegio?
- Sí, pero me
la llevaba siempre a marzo. Y tus abuelos con la tecnología nunca quisieron
saber nada, decían que la letra se aprende de los libros, no de la electricidad.
Jamás pasé de la mecanografía.
- ¡Ah!... Ahora
entiendo unas cuántas cosas… entre ellas, hasta qué punto la Nona Nilda era
conservadora… Bueno, esto ya está…
- Te lucen un
montón.
- ¿Viste? Estos
detalles son lo más.
- Su
computadora, señorita.
- Gracias,
Gloomie. A ver… asomate.
- Sí.
- Este es el
frente del colegio… hay una recorrida virtual en 3D…
- Se ve muy
lujoso…
- Sí… creeme
que lo es… Acá hay fotos del alumnado.
- El lugar es
hermoso.
- ¡Mirá lo que
son esos caballos!
- Parece que te
gusta…
- ¡Ya estoy
llenando la solicitud!
- ¿No vas a
esperar a ver lo que dice tu padre?
- Si no paga
él, pago yo mis estudios. Además, las clases empiezan en menos de una semana y
las vacantes se consiguen solamente si se aprueba el examen de nivel intelectual.
No admiten a nadie con menos de ciento veinte puntos de C.I. mirá, acá se puede
pedir el test de coeficiente Intelectual Online.
- Andá
haciéndolo, mientras le hablo a tu padre.
- ¿No te
arreglo las uñas?
- Después de
cenar.
- Bueno.
Termino y voy a la mesa. – completé todos los cuestionarios, los envié y cerré
la computadora.
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