LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS
Marzo 7
Querido Diario:
Hoy recibí una novedad que me
dejó muy triste, y no sólo a mí, también a mi papá: los partidarios de Omega66
atacaron el único punto de la villa mágica al que el hechizo restaurador aún no
afecta, ya que tiene menos de diez años de construido: la reserva ecológica. En
apariencia, buscaban huevos de fénix para su ya conocido contrabando de
criaturas mágicas. No creo que nadie nos haya delatado. A esta altura es
prácticamente imposible, sin embargo, los destrozos han sido muy graves, el
sector avícola fue devastado y este punto fue lo que entristeció a mi padre. Él
mismo inauguró esa sección de la reserva, cuando en casa no hubo espacio para
más pájaros.
Todo empezó una mañana, cuando
la vecina de enfrente apareció con una lechuza negra lastimada.
- ¿Marijazmín?
¿Podés bajar, hija? – llamó papá desde la puerta - ¡Es urgente! ¡Llamá a tu
hermana!
- ¡Voy! – intrigada,
corrí a ver qué pasaba.
- El loco de la
vuelta… perdigones…
- ¡Pobre
animal!
- Parece que
está muy grave…
- Llevémosla al
invernadero. Algo debe haber para desinfectar la herida, mientras llega Lissa.
- ¡Es tan
hermosa!
- Es una
lechuza Pantera Negra del Trópico. Una especie muy poco común en el reino
mágico, debe estar perdida. Son razas experimentales, algo debió salir mal. No
deberían dejarlas en libertad hasta que el Gobierno Mágico firme los
documentos… a menos que la hayan sacado de contrabando y se les haya escapado…
- ¡Interesante!
- A ver…
sostenele la cabeza y abrile despacito el pico.
- ¿Un calmante?
- Un inducidor
de coma. Va a ser la única forma de que no se mueva para poder sacarle los
proyectiles.
- ¿Está
sufriendo mucho?
- Sí… pero la
vamos a salvar, no te preocupes.
- ¡Ay, ojalá!
- ¡Ya está!
Ahora vamos ver el estado de las heridas… un ala fracturada… un muslo… ¡la sacó
barata!... pero perdió mucha sangre… “¡Lissa!”
- “Sí,
Marijazmín, ¿qué pasó? ¿Por qué me despertás tan temprano un sábado?
- “Tenemos un
pacientito con alas, que necesita suero generador de hemoglobina.”
- “Voy para
allá en camioneta, con todo. Dame diez minutos.”
- ¡Genial! –
mientras esperábamos, ambos le desinfectamos raspones y llagas. Tuvimos que
rapar mucho plumaje, pero todo era para salvar su vida.
Gracias a la ayuda de Lissa, la
lechuza se recuperó bastante rápido… Y papá no la quiso devolver al reino
mágico, por lo que hubo que hacer varios trámites para inscribirla como mascota
familiar. Se encariñó tanto, pero tanto, que papá le puso el nombre de
“Chachita”. La malcrió peor que a sus nietos: le plantó un árbol, que tuvimos
que ir a conseguir a la ciudad mágica de África Central, para que anide, le
hizo poner un chip, para rastrearla en caso de que se pierda, la anotó en un
club muy exclusivo para aves exóticas, la hizo concursar y ganar premios… y
cuando estaba en casa, Chachita siempre se posaba en su hombro izquierdo. Gastó
una fortuna para conseguirle una pareja. En adelante, no sólo compró aves, sino
que se mostró dispuesto a rescatar a las que aparecieran en cualquier lugar del
mundo, ¡hasta tuvimos pingüinos empetrolados!
Un día, me preguntó si en el
reino mágico se hacían exposiciones y si teníamos reservas ecológicas.
- Tenemos una
sola… pero como no hay aves en peligro de extinción, tampoco le dedicamos un
sector en especial. Exposiciones y competencias, sí. Pero es una gran idea,
personalizar un criadero allí.
- Pedime los
permisos y comprá el terreno.
- ¡Hoy mismo
hablo con el Primer Ministro!
- A ver qué
dice, ¡dale!
- Perfecto. Me
voy a la academia. – claro está, que el señor Krammer aceptó complacido.
Lo más peculiar de todo fue que
mamá no se opuso para nada a esta nueva actividad de su esposo. Al contrario,
era una excentricidad más que le daba prestigio a la familia. De hecho, con sus
amigas no hablaba de otra cosa y se la pasaba mostrando fotos de las aves que
criábamos en casa. Al menos, eso contribuyó a que el año fuera un poco más
pacífico.
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