LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS


Febrero 22




Querido Diario:


               Al pobre Primer Ministro de Gobierno Mágico hubo que atenderlo y reanimarlo, para que se concretara la reunión pactada en mi palacio: se desmayó al verme. Me dio mucha ternura lo que me dijo después. Le recuerdo mucho a mi Nona Nilda cuando era joven. No lo podía creer… al parecer, he cambiado bastante en cuestión de días. Lo mismo me pasaba en la escuela al inicio de mi cuarto año.
              El último fin de semana de vacaciones me fui al spa de mis primas Veelas y a visitar a la mamá de Ian.
- ¡Querida! ¡Estás enorme y preciosa! – saludó - ¡Pasá a tomar el té! Está la novia de Ian, espero que no te moleste.
- ¡Para nada! ¿Marcelino?
- ¡Cortando dientes!
- ¿Tan pronto?
- El hermano también fue precoz con la dentición.
- Ahhh…
- Mi pobre bebé, está bastante dolorido.
- ¡Me imagino! – en el piso de arriba, la criatura comenzó a llorar - ¿Querés que lo baje?
- ¡Ay, sí, por favor! A ver si vos lo podés calmar…
- ¡Enseguida! – corrí escaleras arriba y fui a buscar a Marcelino. El pequeño no lloraba de dolor, lo hacía porque se encontraba en medio de una crisis de alergia a la magia ilegal de la cual Vanessa estaba haciendo uso para subyugar a Ian. Con Lissa y mis primas lo veníamos sospechando, debido a sus llegadas tarde a los puntos de encuentro para viajar a los puestos de ayuda con los buses. En un principio, no parecía tener sentido, porque tanto mi amiga como Ian son alérgicos a las Artes Prohibidas, pero luego de consultar los libros de mi Nona Nilda, descubrimos que existe un método que combina feromonas de sirena con Alta Magia avanzada, sumada a ciertas hierbas hipnóticas africanas, tan sutiles que sólo un recién nacido que comparta la sangre de la víctima sería capaz de sentirse afectado por un acceso alérgico. Lo de Marcelino terminó de confirmar todo.
               Por fortuna para la criaturita, las Veelas contrarrestamos todo tipo de pociones de amor, después de los doce años, cuando el plumaje de transformación empieza a crecer, cosa que a mí ya me estaba pasando desde antes de la primera ceremonia de iniciación al C.E.M.
- ¡Hola, bebé!... ¡Ya pasa, hermoso!... ¡Esa chica mala no te va a lastimar con sus hechizos baratos! – Marcelino se calmó al contacto con mis manos. Le cambié el pañal, y descubrí lo que esperaba encontrar: restos de elementos rituales e ingredientes de pociones de amor. Ya vería más tarde la oportunidad para advertir a Alexia. Vestí al niño y bajé con él en brazos.
- ¡Acá llega mi principito! - ¡Se le pasó el dolor!
- Así parece… Alexia, ¿lo vio Irina?
- Hace semanas que no hace falta.
- Yo te aconsejaría que la consultes, porque no son los dientitos. Todavía falta un mes para eso, por lo menos…
- ¡Hmmm!
- ¿Está enfermo Marce? – preguntó Ian, ya con la boca libre.
- ¡Hola, ¿no?! – dije, mientras entregaba el bebé a su madre.
- ¡Uh! ¡Marijazmín, perdón, no te vi!
- Mejor consultá a un sanador de la vista… ya es reiterativo lo tuyo.
- Y… si andás haciendo tareas de servicio, - terció Vanessa – cualquiera te puede confundir con un elfo doméstico…
- ¡Por lo menos un esclavo no tiene voluntad para tratar de dominar a los que tiene alrededor con magia sucia de cuarta como la tuya…!
- ¡Chicas, chicas, tengamos la fiesta en paz! – rogó Alexia. En ese momento, el pequeño Marcelino, espontáneamente, le tendió los bracitos a Ian…
- Parece que quiere que lo tengas… - comenté mientras Ian se ponía de pie para recibir al bebé, con los ojos inundados de lágrimas de emoción.
- ¡Es la primera vez que lo hace!
- ¡Qué dulce! – suspiró Vanessa, en apariencia, conmovida por la escena.
- ¡Venga, bebé, con el hermanito, venga! – los dos hermanos hacían un hermoso cuadro familiar.
- ¡Viktor! – llamó Alexia.
- ¿Señora?
- Añade una taza más a la mesa, para la señorita Kapatelis.
- ¡Desde luego, señora Riccardi! – el elfo produjo lo que se le ordenó y yo me senté, muy a pesar de la mala cara de la novia de Ian, quien dejó los arrumacos ante la presencia del bebé… cosa que no pasó desapercibida para mí, por lo que decidí prestarle atención a esa actitud. Tenía la sensación de que la cosa no pasaba por el hecho de que a Vanessa le gustaran o no los bebés.
- Me contó Vane, que pasaste las dos primeras pruebas del C.E.M. en un tiempo récord… - comentó Ian, acunando al hermanito.
- No lo habría logrado, sin la oportuna intervención de tu mamá, que se tomó la molestia de avisarme que la fecha se acercaba. Si yo seguía esperando, me iban a eliminar por tiempo de espera cumplido. – Vanessa comenzó a incomodarse y a comer en forma compulsiva.
- ¡Fue un placer ayudarte, corazón! ¡Después de todo lo que hiciste para que mi embarazo llegara a término! Es una chica con mucha experiencia en estas cosas, ¿sabías Vanessa? Las primas y las amigas son todas sanadoras y médicas de mortales y brujos. Por eso ella conoce tanto sobre la materia.
- ¡No tenía idea! Casi no la veo, más que en el club o los pasillos y el comedor…
- ¡Qué pena! Porque podrías colaborar en algo de todo lo que ella hace por la gente pobre, ¡Y por los magos indigentes! ¡Qué corazón de oro!
- Me parece que Ian ya hace bastante por los dos… - dijo Vanessa, fría y con muchas ganas de levantarse de la mesa. El que sí lo tuvo que hacer, fue Ian, para recibir a su ave de correo.
- ¡Llegaron los papeles del camión doble acoplado!... ¿Me sostenés al bebé, amorcito?
- ¡Sí, cielo! – la dulzura y amabilidad se le borraron de la cara a la rubia teñida, cuando descubrió que Marcelino necesitaba un cambio urgente de pañales - ¡Agh! ¡Qué asco!... ¿Cuánto hace que no lo cambian?
- Lo hice antes de bajar…
- ¿Estaba limpio? – preguntó Alexia.
- No precisamente… ¡Permitime, Vanessa!... ¡Tanto lío por un poco de caca!...
-¡¿Un poco?! ¡Me manchó la blusa, la falda y los zapatos! ¿Eso te parece “un poco”?
- ¡A ver!... ¡Viktor! Por favor, higienizá a la señorita.
- ¡Enseguida, ama! – el esclavo de la familia limpió las heces del bebé y el inmediato vómito de la novia de Ian, mientras Alexia y yo, regresábamos a la suite nupcial.
- ¡¿No te digo yo que es una inútil?!¡Una chiruza! No sabe ni cómo agarrar a la criatura. ¡Pero a la billetera de mi hijo, la vacía con una agilidad magistral!
- No se preocupe Alexia… todas tenemos nuestra época de escasez de materia gris…
- Sí, ¡pero esta nació con el cráneo vacío, querida! – la señora Riccardi cerró la puerta detrás de ambas y recién entonces, solté la carcajada - ¿Ves que pensás lo mismo?
- ¡Me causó mucha gracia todo!... Pero hay cosas que me preocupan y tienen que ver con el bebé… Y con las cosas que hace Vanessa para retener a Ian.
- ¿Retenerlo? ¿Cómo que retenerlo? ¿De qué estás hablando? Si el noviazgo es oficial hasta que tengan edad de comprometerse…
- Eso no es más que una cuestión legal… la realidad es muy otra… Alexia, tu hijo no está enamorado de Vanessa… nunca lo estuvo, de eso soy testigo, cientos, sino miles de veces, en el colegio, lo vi escapar de ella como de la peste negra… lo que pasó con el bebé me da la razón.
- No entiendo.
- Marcelino es alérgico a las malas artes mágicas… y a la vez, con la gente de su misma sangre, actúa como filtro… mirá el pañal…
- Raíces maduras de hierba de Eros… almizcle añejado de África… esencia de la flor de Venus… espinas de rosa negra del Sudán…
- Te lo dije…
- ¡No puedo permitir esto!
- Tranquila… Vamos a hacer que se detone ella misma… sin ponernos a su altura.
- ¡Eso es lo que me encanta de vos! ¡Sos una “lady”!
- ¡Me vas a hacer poner colorada!
- ¡Ay, cómo te quiero! – por primera vez, Alexia Riccardi me abrazó… y me sentí muy bien.
- Marcelino está listo, ya podemos bajar a terminar el té.
- ¡Perfecto! – en mitad de la escalera, algo que no vi hizo que tropezara. Como tenía al bebé en brazos y mi prioridad era protegerlo, todo mi sistema de defensa en pleno desarrollo se desplegó: levité hasta el piso alfombrado de la planta baja y cientos de plumas rojas, anaranjadas y amarillas brotaron de mi cuello, brazos y piernas. Vanessa se desternillaba de risa y tuvo un excelente chisme para esparcir en el colegio. Alexia tomó a su hijo y Viktor se encargó de hacerme reaccionar con una taza de té de rosas azules.
- ¡Retirate de esta casa, por favor, antes de que te ponga una maldición de calvicie y acné severo en tu linda cara de muñeca de colección! ¡Pusiste en peligro la vida de uno de mis hijos! – gritó la madre de Ian - ¡Y vos, ni pienses en volver a traer a esta casa a esa chiruza! – Ian se llevó a Vanessa de la mano directamente a su casa. Cuando volvió, me aseguró que jamás había visto a Alexia tan desencajada.

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