LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS
Marzo 17
Querido Diario:
Después de mucho discutir con mi
madre y mis tíos, finalmente firmé contrato con el American Ballet. Mi carrera
universitaria no se verá afectada, me alojaré en el campus de Harvard y
alternaré tareas con el reino mágico. De paso, mis padres tendrán dos razones
de peso pesado para presumir.
Hablando de presumir, la que se
puso insoportable en su momento, fue Valeriana, cuando Ian la invitó al baile
de apertura de la temporada de equitación. Para empezar, baste con relatar lo
que sucedió en los establos una vez que yo me “recuperé”.
Me apersoné en mi
caballeriza darle de comer a Fantoche, y
a los cinco minutos llegó ella del brazo de Ian, lo que sin duda, me revolvió
el estómago.
- No te olvides
de que la cita es el sábado a las 21, de etiqueta.
- ¡Imposible
cometer semejante pecado! (¡No me hagas caso, princesa! ¡Todo es parte del
plan!)
- (No estoy
celosa.)
- (Vas a
vomitar…)
- (Espero que
no…)
- ¿Ese es el
caballo?
- Es una yegua,
su nombre es “Tabatha”.
- ¡Es preciosa!
- ¡No tanto
como su jinete! (Que conste que no estoy mintiendo.)
- (Me mata tu
sinceridad.)
- ¡Jaja! ¿Me
ayudás a montar? Quiero probar el circuito. Seguro va a ser sencillo para ella,
¡como es tan joven y bella! ¡Y acá tienen cada vejestorio que no se puede ni
mover!! Ese, por ejemplo. No soporta ni cincuenta metros con jinete, ¡no sé por
qué no lo mandan a hacer mortadela!
- (¡No tiene
cara!) – se inquietó Fantoche.
- Tranquilo,
Fantoche… ya termino con el cepillado… ¡Eso es!
- (El informe
médico está pegado en la pared, ¿ya lo has leído?)
- (Voy a eso.) A
ver qué dijo el veterinario esta mañana… “notable mejoría… peso ideal,
alcanzado… Recomendación: aumentar el ejercicio diario.” ¡Excelentes noticias,
Fantoche! ¡Ya te puedo montar!
- (¡Estoy
feliz!)
- Vamos a
ponerte los arneses… ¡Eso es!
- (¡Quiero ver
a esa belleza de cuatro cascos…!)
- ¡Me imagino!
– susurré a su oído - ¿Vamos?
- (¡Adelante!)
- ¡Ah, bueno!
¿Qué se han creído? ¿Qué esto es un geriátrico para caballos?... ¡Despejá el
área, Peluda! – gritó Valeriana, y sacó el fuste para castigar a Tabatha,
- (No me vas a
pegar con eso…) – la yegua corcoveó haciendo que su jinete soltara el fuste, que
fue rápidamente recogido por Ian.
- Una
advertencia: - aclaró él – Tabatha no acostumbra a ser violentada. Evitá el uso
de este tipo de objetos o los golpes no serán para ella…
- ¡Sabe lo que
quiere! ¡Qué bien! ¡Tiene una mentalidad ganadora!
- (¡Estúpida
mortal!) – resopló Tabatha.
- (¡Buenos
días, belleza negra!)
- (¿Quién sos?)
- (Fantoche,
para servir a una criatura celestial…)
- (¡A cuántas
de aquí les dirás lo mismo!)
- (¡Ni a las
madres de mis potrillos!)
- (¿Te apareas
sin sentimientos? ¿No te da asco?)
- (Todo es
negocio de humanos… lo que llaman dinero.)
- (Comprendo.
Pero suena triste.)
- (Ahora que te
veo… empiezo a pensar igual.)
- (¡Zalamero!)
- (¡Bombón!)
- (¡Ya! ¡Tengo
trabajo que hacer!)
- (¡No te dejes
castigar!)
- (¿Ya conoces
a mi jinete?)
- (¡¿Qué si la
conozco?! ¡Me ha montado por los últimos dos años! ¡Me arruinó la vida!)
- (¡Oh!)
- (¡Así tengas
que lastimarla, no te dejes rebajar! ¡Si ella es injusta contigo, debes
hacérselo saber!)
- (Seguiré tu
consejo.)
- (¡Adelante,
preciosa, después de ti!)
- (¡Gracias!)
- ¡Correte,
incompetente! – Valeriana pasó a mi lado con su nariz artificial en alto.
- (¡Ni siquiera
te ha visto sobre mí y te llama de ese modo!)
- Bien.
Fantoche… ¿vamos a estirar las piernitas?
- (¡Me gusta la
idea!)
- Vamos a hacer
un poquito de caminata.
- (Como
gustes.)
- Recorramos el
perímetro hasta que ganes confianza…
- (Hasta ahora,
me siento muy cómodo… Si me permites la pregunta, ¿comes bien?)
- Creo que sí…
- (No pesas
nada.)
- ¡Jaja!...Entonces,
si no peso nada… ¡A correr! – aceleré el ritmo - ¡Wow! ¡Me encanta esto!
-(¡Somos dos!)
- En cuanto te
canses, cambia el paso, no hay problema.
- (¿Me tomas
por flojo, princesa?... ¡Sujétate de las riendas, verás lo que es velocidad!)
- ¡Wooooohoow!
¡Debiste ser caballo de carrera!
- (Lo pensaron
mis dueños… pero no les agradaba el ambiente… Aquí es todo más tranquilo.
¿Saltamos cuando se despeje el circuito?)
- Buena idea. –
seguimos corriendo un poco más, hasta que Valeriana, agotada y algo temerosa
del carácter de su yegua, desmontó y se fue a los establos. Casi de inmediato,
recibí una llamada mental de Ian.
- “¡Princesa!”
- “¿Qué pasa
Ian?”
- “Valeriana está revisando tu caballeriza, busca
drogas, cree que le estás dando algo a Fantoche para que corra.”
- “Debí
imaginarlo. Hay una sorpresa para ella en una caja de madera con doble fondo…
¡La vas a ver muy furiosa!”
- “¿Más que a Vanessa?”
- “No tanto,
acá la cosa es conmigo. Una cuestión de honor, si se quiere.”
- “Acá viene, llorando dolorida… ¿con los dedos
aplastados en una trampa para ratones?”
- “Sí, sí.”
- “Y un cartel que dice «no te metas en lo que no te
importa», ¡muy apropiado!”
- “Llevala a la
enfermería. Yo termino acá y me voy a la oficina de tía Ivanka, antes de que se
me acuse de nada.”
- “De acuerdo.”
- “Cuidate.”
- “Cuidate vos, que sos chiquita.”
- “¡Gracioso!”
– dejé a Fantoche en la caballeriza, me fui a cambiar de ropa y en media hora
estuve en la rectoría.
- Buenos días,
Marijazmín. ¿Qué novedades me traes?
- Muchas. La
mayoría muy buenas y las no tan buenas… creo que ya te las comunicaron…
- ¡¿Qué esperas
para empezar?!
- La primera es
que el cambio de look de Uriel Craveri Vicuña-Seoane ya está encaminado. Hoy
seguramente se lo verá con nuevo corte de pelo y traje de montar.
- Bien.
- Ian va a
llevar a Valeriana al baile del sábado… ¡Y Fantoche se ha recuperado
totalmente! Lo que ha despertado la envidia de la alumna Asencio, claro…
- Muy bueno lo
de Uriel y Fantoche… en cuanto a Valeriana… ya me llegó el informe de la
enfermera. ¡Qué caso difícil el de esta chica!
- ¿Te parece?
- Algo tiene
que impactarla. Hay que provocar un cambio… una maduración… es una persona
vacía. Sólo le importa lo material.
- Por eso mira
sólo lo físico en los hombres…
- Así es… Por
cierto, no tarda en venir a acusarme de haberle fracturado dos dedos de una
mano con una trampa para ratones…
- ¡¿Qué?! A la
enfermera le dijo que le tiraste tu caballo encima y que se los aplastó con el
casco…
- De haber sido
así, se los habría seccionado y se habría desangrado antes de dar un paso fuera
de los establos… Cuando lo vio correr a Fantoche, lo primero que pensó fue que
lo había drogado… y se metió en mi caballeriza y la dio vuelta buscando
sustancias prohibidas. Lo tenía previsto y dejé la trampa en una caja de madera
con doble fondo.
- Una muy mala
broma, por cierto.
- Si no fuera
tan mal pensada y respetara un poco la propiedad ajena, no hubiese sido
necesaria. ¿Por qué tiene que meterse a revisar lo que no le pertenece?
- Tienes razón.
- Una cosa más,
para que la tengas en cuenta: está consultando “brujos”.
- ¡Oh!
- ¡Hay trabajo
por hacer! Te veo más tarde. Voy a buscar mi vestido para el baile.
- Estoy atenta
a tus novedades.
- ¡Gracias! –
salí de la oficina y crucé a la casa de Uriel. Esta vez, lo encontré.
- ¡Niña
Kapatelis! ¡Qué sorpresa! ¿Qué se le ofrece?
- Estoy
buscando a su madre, para la última prueba de mi vestido, que estrenaré en el
baile del sábado. ¿Va usted a asistir?
- Me temo que
no…
- La señorita
Asencio ya tiene pareja, ¿verdad?
- ¿Usted cómo
sabía que yo quería invitarla?
- Eso es
porque, debido a la forma en la que usted permite que ella lo humille,
cualquiera diría que está enamorado…
- Y que jamás
seré correspondido… mire usted lo que soy… no tengo elegancia ni clase…
- Entre
nosotros… ¡ella tampoco! Sólo sabe de grandes marcas, pero es dependiente de
las asistentes de la tiendas para combinar su ropa…
- ¿En serio?
- Sí.
- ¡No lo puedo
creer!
- Además, la
elegancia se aprende… venga… Aquí le llegó su nuevo traje de montar…
- ¡No lo había
visto! Ahora tendré que usar esos dichosos lentes de contacto… ¡los detesto!
- ¿Por qué?
- Me dan dolor
de cabeza…
- ¡Qué extraño!
Deben estar mal fabricados…
- ¡No! – dijo
la madre, llegando – El problema, hijo mío, es tu pánico al cambio, y lo sabes.
– Uriel bajó la cabeza y fue en busca de las lentes, me las entregó y las
examiné con cuidado: sí tenían una falla. Decidí corregirla sin que se dieran
cuenta. Deslicé mi varita unos pocos centímetros por encima del puño de mi
camisa…
- ¡EMENDUS! –
susurré. Y se las devolví – No tienen nada… es una cuestión de confianza en
usted mismo. Inténtelo.
- Está bien.
- Y pruébese el
traje.
- De acuerdo. –
Uriel se retiró y su madre y yo nos ocupamos de lo nuestro.
- El vestido
está terminado, sólo falta coser bien las cremalleras… y algún aplique bordado,
si le parece, señorita Kapatelis.
- Me queda
perfecto… pero sí, es un poco monótono…
- Aquí tengo un
muestrario de bordados para aplicar. – dijo la modista con una enorme y pesada
carpeta en las manos.
- Voy a echarle
una ojeada.
- Mientras
tanto, terminaré con los cierres.
- Perfecto. –
estábamos ambas ocupadas, cuando Uriel regresó, ya mudado de ropa.
- ¿Qué tal
luzco? – preguntó.
- ¡Wow! ¡Qué
transformación!
- ¡Hijo, te ves
guapísimo!
- Lo sería, si
no fuera por este horrible acné…
- ¡Hmmm!... –
me acerqué a examinar su cara – Nadie se fijaba antes en el color de sus ojos,
a causa del aumento de los anteojos… Pero sí… el acné es más notorio de esta
manera… no se angustie, conozco el mejor lugar para tratar su caso…
- ¡Llévelo,
señorita Kapatelis! – rogó la costurera, entregándole a su hijo una tarjeta de
crédito.
- ¡Desde luego!
- ¿Eligió usted
el bordado?
- Las orquídeas…
- Acompañe
usted a Uriel a ver a esos dermatólogos, para cuando regresen, su vestido
estará terminado. Sólo me resta aplicar el diseño.
- ¡Genial! –
tomé del brazo a Uriel y me lo llevé a la nueva casa de la tía Ivanka, allí
subimos a la limousine y como toda la estructura estaba camuflada, no se dio
cuenta de que cambiamos de dimensión y aparecimos directamente dentro del spa
veélico. Mis primas hicieron un trabajo notable: le aplicaron una mascarilla
facial- corporal, que le dejó la piel como la colita de un bebé. Tonificaron
sus músculos con un masaje especial, y además de hacerle un corte de pelo, se
lo restauraron donde tenía pérdida y le mejoraron el color.
- ¡Ahora sí,
tendré un compañero de baile!
- Bromea usted,
señorita Kapatelis…
- No bromeo. Usted
y yo iremos juntos al baile de este sábado. Nadie se volverá a reír de su
apariencia.
- ¿Está segura?
- ¡Mírese al
espejo!
- ¡Oh, Dios
mío!... ¡No me reconozco!... Es increíble… – suspiró, atónito - ¡Ese no puedo
ser yo! ¡Toda mi vida he probado cuantos métodos han existido para quitarme el
acné y ninguno ha dado un resultado semejante!
- ¡Créalo! Y
espere a ponerse el frac, galera y bastón.
- ¡Increíble!
- Bueno, creo
que ya cumplí con mi misión aquí. ¿Vamos a buscar mi vestido?
- ¡Desde luego!
– por el mismo camino, regresamos a su casa, retiré y pagué mi prenda, para
luego correr al colegio.
Comentarios
Publicar un comentario