LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS

Marzo 1


Querido Diario:

               Bajo el camuflaje de Subsecretaria Junior del Primer Ministro del Gobierno Mágico, concerté una reunión con la plana mayor de Omega 66, para firmar un tratado de paz que espero se respete, no como en casa, cuando están mis cuñadas: siempre es una paz armada bastante difícil de mantener, especialmente durante las fiestas de fin de año.
               La casa de mis padres se transforma en una ciudad en miniatura para esas fechas señaladas: vienen mis siete hermanos con todas sus familias detrás y los suegros están incluidos en el combo. Creo que este año vamos a superar las cincuenta personas en Navidad y Año Nuevo. Y yo con ganas de salir corriendo. O volando alto rápido y lejos, como cuando la mujer de Ismael trajo a su padre “el exorcista”… ¡Qué bochorno!
- ¡Esta casa está sucia de pecados mortales y abominaciones! – dijo, sin siquiera saludar - ¡Hay mal espíritu! ¡Mal espíritu! – caminó de una punta a la otra del comedor, palpando las paredes y olfateando los rincones.
- ¿Qué busca? – pregunté.
- ¡Objetos malditos!
- No los van a encontrar. No hay.
- ¿Cómo que no? Si se huelen en el aire…
- Lo único que se huele son las hierbas aromáticas de la cocina. Las cultivamos en el invernadero, su hija ya lo sabe.
- ¡No es lo único que cultivás ahí, querida!
- Son plantas. No escondo nada. Remedios caseros, algún perfume, pero nada que perjudique la salud de nadie.
- ¡Hija! ¡Mi Biblia y Agua Bendita! ¡Y el Ritual! Vamos a exorcizar esta casa.
- Con el debido respeto, - interrumpí – ya pasamos varias veces por eso, y lo único que se logró fue estropear obras de arte invaluables, que llevaban generaciones en la familia. Perdimos millones de Dólares.
- ¡Pero salvaron sus almas inmortales, que no tienen precio!
- Todo muy comprensible. Pero es suficiente, señor. La casa tiene su propia capilla, si quiere puede ir a rezar allí.
- ¿Por qué nunca lo dijiste? – protestó la mujer de mi hermano.
- Porque nunca me quisiste escuchar, ocupada como estabas en imponer tus ideas y destacarte al menos aquí en todo lo que sabías y en lo que nadie te hizo caso, ni te valoró… Cruzando el bosquecito van a encontrar la capilla y la cripta familiar. Siéntanse libres de ir cuando quieran. – el suegro de Ismael no perdió más tiempo. Imagino que debe haber hecho todo lo que estaba a su alcance para “limpiar” la casa, porque luego de eso, todos se fueron de muy buen humor.
              Otra “raza” que había que soportar en el verano eran las “novias” de mis otros hermanos. Todos los años eran distintas, pero de la misma clase estirada y millonaria. Insoportables, se fijaban en todo. Y nada les venía bien.
              Y para qué voy a hablar de nuevo de mis sobrinos. Rompen todo lo que tocan y encima, se lo festejan. Total: el abuelo León paga. Y la tía Marijazmín compra caramelos y juguetes. Para peor esta es la etapa en la que me veo obligada a detener el hechizo auto reparador.
              Gloomie trabajaba a todo vapor y se agotaba muchísimo, porque trataba de no usar magia y de que nadie lo viera. Pero de todos modos, las quejas de mis cuñadas se hacían oír. Y otra vez aparecía el padre, tratando al pobre Gloomie de demonio, abominación y no sé cuántas otras cosas más.
              Con el único que me llevaba bien, y todavía lo sigo haciendo, era Alejo, el mayor de mis sobrinos varones, irónicamente, el primogénito de Ismael, el que sabía toda la historia de la familia y se quedaba fascinado escuchando mis aventuras, mientras los demás dormían la siesta.
- Tía… ¿Es cierto que una vez caminaste bajo el agua sin tanque de oxígeno?
- Sí. Fue la tercera prueba para ingresar al C.E.M. me había ayudado la vice directora. Tuve que fabricar una burbuja de oxígeno a mi alrededor y correr mucho. Las otras chicas no terminaron la competencia, casi se ahogan…
- ¡Wow! ¿Tenías miedo?
- No. Creo que no le tengo miedo a nada.
- Me hubiese gustado ir a esa escuela… pero no soy como vos.
- Son cosas que pasan. No tenés que sentirte mal por eso… ¿Vamos de compras? Faltan algunas cosas para el Árbol de Navidad y mamá quiere un pesebre nuevo.
- ¡Yo sé dónde conseguir uno impresionante! Piezas de madera, artesanal.

- ¡Perfectísimo! – me gustaba mucho pasear con mi sobrino, me servía para despejarme. No quería pensar en todos los gastos que había que hacer ese año. Mamá compró ropa para todos, todo importado, de primera marca, contrató personal doméstico para todo, números musicales y algunos regalos excesivamente caros, ostentosos e innecesarios, como un auto para cada hijo, alhajas para las siete nueras estuvieran o no casadas, computadoras hasta para los bebés recién nacidos y los que venían en camino, y ella se “autoregaló” un piano de cola. Por supuesto, para pagar todo eso en un solo día, tuve que recurrir a los tesoros del reino mágico y a las casas de remate más importantes del mundo.

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