LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS


Febrero 18




Querido Diario:


               Mis Veelas son fantásticas, talentosas, fuertes, valientes y leales. Estoy orgullosa de cada una de ellas. Ya casi estamos listas para la acción, sólo nos resta esperar. Mientras tanto, nos mantenemos en forma con los hospitales móviles. Por cierto, están repartidos en todas las zonas en guerra del mundo y ya hay escuelas primarias y secundarias. Hace ya cuatro años que las primeras hechiceras y brujos se comenzaron a admitir en Sparkle y otros colegios similares.
               El primer informe acerca del hallazgo de brujos en zonas de riesgo fue difícil de entregar. Especialmente porque había que eludir a los pasantes que estaban en la secretaría, junto al despacho del director. Así que, luego de muchas vueltas, decidí bajar la guardia y recurrir a Ian, aún a riesgo de tener que provocar una escena de celos.
-¡Princesa! ¿En qué puedo servirte?
- Dejá los piropos para tus sueños. Esto es serio, necesito un favor.
- Escucho.
- Tengo que pasarle un informe a Sigfrid sin que los pasantes lo intercepten.
- Dejalo en mis manos… ¡Ah! Mi mamá está con contracciones.
- ¡Oh!
- El médico dijo que no pasa de esta noche.
- Cualquier cosa que necesites, ¡avisame! Irina y Elektra están de franco.
- ¿Perdón? – Vanessa, como de costumbre, llegó en un pésimo momento - ¿Pensabas tener una “fiestita” con Veelas?
- No. Hablábamos de mi mamá. Hace un rato, entró en trabajo de parto. Las primas de Marijazmín son sanadoras… Ahora, si no se molestan, tengo cosas que hacer. Vane, te veo a la noche. Marijazmín, estate atenta a la varita. Es probable que mamá te llame directamente a vos.
- ¡Listo! – me fui al aula, y Vanessa se quedó con la palabra en la boca.
              El hermanito de Ian nació esa misma noche, tal como lo pronosticaron los médicos. Lo llamaron Marcelino Giullio, pesó más de cuatro kilos y fue un bebé extremadamente hermoso. Lamentablemente no lo pude ver hasta el fin de semana.
- ¡Hola, Marijazmín!
- ¿Cómo está, señora Riccardi?
- ¡Gorda! Pero muy feliz…
- Me alegro.
- Vení, pasá a ver al bebé.
- Gracias… ¡es una belleza!
- ¡Sanito!
- Eso veo.
- Un encanto, tu prima Elektra.
- Es buena en lo suyo.
- ¡Ya lo creo! ¡No me dolió nada!
- Se está despertando…
- Levantalo con confianza, no es para nada llorón.
- A ver… ¡hola, Marcelino! ¡Mucho gusto!
- Me comentó Ian que sos aspirante al C.E.M.
- Es verdad.
- ¿Te dieron fecha de iniciación?
- Estoy esperando el llamado. Ya deberían haberlo hecho.
- Raro… te averiguo ya mismo. – la señora Riccardi me dejó sola con el bebé y regresó a los poco minutos con un trozo de pergamino en la mano.
- ¿Novedades?
- Invitación a ex miembros. Tradicional cuando ingresa una Veela.
- No tenía idea.
- Me parece que hay alguien interesado en que te rechacen.
- ¿Por qué?
- El evento es en una semana, lo adelantaron y las pruebas son imposibles hasta para vos… te tienen una envidia impresionante, muñeca… y la razón es una sola: Vanessa se da cuenta de que le gustás a mi hijo… sino, no estarían tratando de expulsarte antes de haber ingresado siquiera.
- Eso es muy fuerte…
- ¿Vas  renunciar?
- Una Veela no renuncia ante nada.
- ¡Me gusta esa actitud!
- Gracias… ¿Cuáles van a ser las pruebas?
- Son cuatro misiones basadas en los elementos de la naturaleza.
- Estoy familiarizada con eso.
- Bien. Te leo: Prueba A: Atravesar el cráter de un volcán en actividad.
- ¡Están locas!
- Eso dije yo.
- ¿Qué sigue?
- Prueba B: Escalar una montaña sin arneses.
- ¡Ah, bueno!
- Prueba C: Atravesar el lago que rodea el colegio, caminando.
- ¿Por arriba o por abajo?
- Por el lecho del lago.
- ¡Hmmm!
- Prueba D: Levitar hasta romper el récord del rector McCleod.
- Se oye todo muy difícil…
- ¿Crees que realmente sean imposibles?
- Creo que no hay nada imposible.
- Si te parece bien, te doy una mano… entr/e nosotras… a mí “esa chica” no me gusta para mi hijo, así que va a ser nuestro secreto.
- ¡Me halaga, señora Riccardi!
- Las madres sabemos bastante más de lo que la mayoría de los magos suponen. Si la memoria no me falla, están utilizando el libro fundacional para elaborar las misiones de iniciación, lo cual quiere decir, que ya fueron hechas por una bruja, al menos una vez… y sólo conozco a alguien que pudo haberlo testificado… vamos a hablar con tu ancestro, a ver qué nos aconseja.
- Me parece bien. – las dos, con el bebé riendo en brazos de su madre, fuimos al comedor.
                El Nono Yorgo dijo que las lecciones que necesitaba para pasar las dos primeras pruebas estaban en los libros de Nona Nilda, quien dicho sea de paso, fue jueza del C.E.M. en el primer año como docente en Sparkle, un dato, que fue debidamente obviado por el personal directivo actual. Las otras dos eran cosa de los jefes de las Casas, hacia allí debía apuntar.
                Al lunes siguiente, fui a consultar al profesor Cliff.
- ¡Hmmm! ¡Es algo complicado hasta para usted, señorita Kapatelis! En especial con la notoria dificultad que presenta usted para dominar sus nervios bajo presión…
- Pero cree que es posible.
- Es usted extremadamente hábil, cierto. La prueba de levitación requiere de mucha concentración y de proponerse una meta.
- El récord del profesor McCleod…
- Le sugiero que lo consulte, no se negará.
- Bien. En cuanto a lo del lecho del lago…
- Tiene dos opciones, Alta Magia avanzada o Mimetización avanzada también. Debe ser agua en el agua…
- Así como fuego en el fuego y roca en la montaña.
- Tiene muy claro el concepto. Eso ayuda.
- ¿Algún libro que me pueda recomendar?
- ¡Déjeme ver! – el docente revisó entre varios de sus pergaminos – Esta es una autorización para retirar libros élficos… Preséntela en el despacho de los bibliotecarios.
- ¡Muchísimas gracias, profesor Cliff!
- Por nada. No pase por alto la cercanía de los exámenes.
- ¡De ninguna manera! – salí del aula de Mimetismo y Transformaciones y en el dormitorio le conté todo a Lissa. Obviamente, lo único que le interesó fue lo que me dijo Alexia acerca de Ian.
- O sea, que para ella todo esto es una contradicción con un solo objetivo.
- Alejarme de Ian a como dé lugar.
- Todo muy retorcido… él no te quiere por pertenecer a tal o cual club…
- Pero tiene lógica, si te ponés a verlo desde el punto de vista de Vanessa: ella me quiere tener vigilada las veinticuatro horas, aún a riesgo de descuidar su relación con Ian. ¿Qué mejor que una “sociedad” integrada exclusivamente por chicas?
- ¿Y al mismo tiempo, trata de sacarte de todo tipo de competencia, permitiendo que sus superiores hagan lo imposible por rechazarte… antes de que vos les puedas mover el piso a ellas por no cubrir los requisitos que te impusieron, ya que se ven venir que tarde o temprano vas a notar eso?
- Lo cual implica una necesidad imperiosa de mantenerse todavía más pegada a mí…
- No entiendo…
- Si el Club Estelar de Magia me niega la iniciación, la única forma de entrar es con una madrina que haya sido miembro.
- O que aún lo sea…
- Lo que le sumaría un punto muy poderoso…
- ¿Cuál?
- Yo quedaría en deuda con ella, después de eso… deuda que se cancelaría, no metiéndome con su novio.
- ¡Ah, pero es una arrastrada!
- ¿Te sorprende?
- No…
- Está con Ian por interés, desde el principio. Y no porque la estén obligando los padres: le gusta la guita. Hace las cosas que hace, sin un mínimo de sentimiento.
- Tiene una billetera vacía dentro del pecho, del lado izquierdo.
- ¡Sin dudas!
- ¿Cómo vas con las pruebas?
- Avanzando. Entre mis nonos, mis primas, y la madre de Ian, se puede decir que tengo casi todo cocinado.
- ¡Pará, pará, pará, pará! ¡¿Cómo es eso?!
- Si no hubiera sido por ella, yo estaría todavía esperando a que me llamen del club.
- ¡Ah, bueno!
- Me va a acompañar a la ceremonia. Está invitada.
- ¿Te amadrina?
- Si se lo pido, sí…
- ¡Pagaría por ver la cara de Shaw, cuando te vea llegar del brazo de su propia “suegra”!
- Va a estar para un retrato al óleo…
- ¡Como mínimo! Realmente se toman esto como algo personal…
- Gorda, a ver si te queda claro y dejás fluir tus dones adivinatorios de una buena vez: Alexia Riccardi no quiere a Vanessa Shaw ni a nadie de su familia, ni remotamente relacionado con la suya.
- ¡Ah!... Hmmm… Esto va a estar bueno, y para eso no necesito ver el futuro en la borra del café.
- Bueno, ocúpate de mis clases de hoy. Yo voy a tomarme la mañana para estar concentrada con Nixie.
- ¡Listo! – ni bien Lissa dio vuelta la esquina del comedor, un pasante me detuvo.
- ¿Quién es Nixie y por qué tiene que estar concentrado con usted en horas de clase? ¿En qué lugar, a qué hora y bajo qué excusa?
- Cosas de mujeres… si sabe lo que esa contraseña significa… - el brujo oscuro se apartó y yo seguí mi camino. El detalle de la contraseña lo encontré en la Internet Mágica, buscando alguna conexión entre el C.E.M. y Omega 66. En un principio era la rama femenina de la secta, pero luego, cuando los Primeros Ministros adoptaron una conducta machista en todos los aspectos de sus gestiones, el C.E.M. se limitó a la secundaria de Magia y su único contacto fue la hermandad Omega. De modo que mi pertenencia al club era un excelente escudo contra la persecución de la que estaba siendo víctima, porque muchas de las actuales integrantes son descendientes directas de miembros de Omega66 y del C.E.M., al menos en tercera generación, totalmente desvinculadas de la magia oscura, pero se las respeta como si lo estuvieran, en honor a sus ancestros.
               Mi fénix me llevó al corazón de un volcán, a través del espejo Veélico. Ahí estuvimos cerca de cuatro horas que me parecieron cuatro segundos. Sin embargo, de acuerdo con la opinión de la Nona Nilda, fue más que suficiente para pasar la primera prueba.

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