LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS

Marzo 23


Querido Diario:

              La noche del lunes, el alumnado nos ofreció una fiesta de bienvenida a los novatos, en el salón del campus. Toda una puesta a prueba para nuestro “status” venido a menos. Teníamos tres horas para conseguir vestuario y maquillaje, dato que nos facilitó Gloomie, quien se infiltró en las aulas y cafeterías en las que los organizadores se reunían. Por supuesto, pobrecito, estaba indignadísimo, igual que cuando mi mamá decidió hacer mi fiesta de quince. Y para eso revolucionó a los dos reinos al mismo tiempo.
- La época de los salones de fiestas alquilados ya fue, León. Hay que hacer algo diferente. ¡Tenemos que dar la nota! – decía mamá, mientras tomábamos el té.
- La casa se puede acondicionar con algunas luces en el parque, unos gazebos, podemos poner una piscina y que los invitados traigan traje de baño.
- ¡Buena opción! Marijazmín, ¿te podés encargar?
- Necesito pedir un permiso o comprar el hechizo con autorización de un mayor.
- ¡Firmo lo que sea!
- Perfecto Mando a Brisa a encargar el formulario para completar la casa.
- ¿Completar la casa? – preguntaron mis padres al unísono.
- ¿No sabían? ¡Esta Nona y su secretismo! Aunque, conociendo al tío Waldemar, la verdad que le doy la razón. Hay una cláusula de la ley del Reino Mágico en lo que hace a la raza veélica, especialmente a la familia imperial en el exilio, nuestra familia, que nos concede ciertos privilegios de “alcurnia”.
- ¿Por ejemplo? – preguntó mamá, abriendo mucho los ojos.
- El tamaño del terreno que nos corresponde, las dimensiones interiores de la casa, los ambientes que se pueden ampliar con magia, las piscinas con agua pura que jamás se ensucia ni contamina y los lagos con fauna incluída.
- ¿Peces de colores? – preguntó papá, ilusionado.
- Eso, además de cisnes y algún que otro “bichito”.
- ¿Qué clase de “bichito”?
- Gente del agua. Sirenas y tritones. Es opcional, pero son buenos guardianes…
- Pero… ¿qué aspecto tienen?
- Acá hay un retrato de Nona Nilda cuando era joven. – dije, mostrando una pintura en la pared derecha del comedor.
- ¿Esa era la abuela? – preguntó mamá.
- Sí. Era preciosa, ¿no?
- Se parece a vos… y mucho. – suspiró papá.
- En un  par de años, voy a ser igual. Pero lo que a ustedes les preocupaba era el aspecto físico de las criaturas acuáticas mágicas.
- Son llamativos… la gente puede hablar…
- Eso se soluciona con una estructura de piedra en el centro, a la que se puedan subir y pasar por elementos de una fuente. Simulan piel de mármol.
- ¡Nos pondrían el status por las nubes! – exclamó mamá.
- Vamos a correr más riesgos con el tema de la inseguridad. – insistió papá y con razón – Mucha ostentación.
- Tenemos seis meses para ir haciendo todo.
- ¿Vas a invitar a ese chico que sale con vos? – preguntó mamá.
- ¿Ian?
- Sí.
- Es la idea, a lo mejor viene con la madre y el hermanito.
- ¡Excelente! ¡Al fin se van a conocer las familias! – mamá casi bailaba en una pata.
              Ese receso invernal venía muy agitado. Hice trámites para adoptar criaturas mágicas y comprar un buen hechizo de seguridad.
- Ni bien se pronuncia el encantamiento, - explicaba el vendedor con mucha seriedad – ninguna persona ajena a la vivienda podrá ingresar sin hacer sonar el timbre o tener una copia de las llaves. Es totalmente silencioso, basado en el pánico generalizado. La magia detecta las intenciones de las personas y les provoca el peor de los miedos.
- ¿Por ejemplo?
- Si el ladrón tiene fobia a las arañas, eso será lo que verá en lugar de los tesoros de la casa. Observe este video captado por las cámaras de seguridad del gobierno del Reino mortal. – el encargado de la tienda encendió un televisor que estaba sobre el mostrador -  Esta gente intentó usurpar la casa de una familia de magos. La policía fue alertada y se quedó en la esquina de enfrente de la propiedad, viendo el poderío del armamento de los ocupas. En cuestión de un  minuto y medio, los niños de la familia saltaron por una ventana y buscaron a la policía, porque decían que los perseguía “el hombre de la bolsa”. Como a la media hora, la hija mayor hace lo mismo y, como se puede apreciar, se fue desnudando en la medida que corría, gritando que su cuerpo estaba cubierto de cucarachas.
- Me quedó claro. – respondí - ¿Qué pasa si el ladrón forma parte de la familia, por ejemplo, un semi mortal?
- ¡Hmmm! Eso ya requiere de mayores recursos… ¡déjeme ver!... – de entre varios pergaminos apilados en un estante, tomó el único que se veía de color rojo - ¡Sabía que aún me quedaba uno!...
- ¿Carmesí?
- Fuego contra traidores, ¡un clásico! De invención familiar, nuestro orgullo.
- Suena a magia ilegal…
- ¡En absoluto! Vea usted la rúbrica final…
- ¿Yorgo Kapatelis?
- Sorprendente, ¿verdad?
- ¡Ni que lo diga! ¿En qué consiste?
- Las manos de quién sustrajo bienes con malas intenciones se comienzan a cubrir de ampollas, como si las hubiera puesto al fuego. El efecto del conjuro sólo se detiene devolviendo lo que se robó. De lo contrario, el cuerpo continuará consumiéndose hasta que la persona muera.
- Cruel…
- Y efectivo. Piénselo. Tenga en cuenta la cantidad de cosas que puede hacer y dejar de hacer. – el vendedor se retiró unos minutos para buscar plumas y tintero. Me dejó meditando. El tío Waldemar, durante mi ausencia, había intentado sustraer valores de la mansión. Y había logrado malvender unos cuantos que reaparecieron en el banco del reino mágico, haciendo colapsar el sistema de seguridad. Y como la mercancía vendida se había esfumado, ahora mi tío se encontraba bajo amenaza…
- (Lo lamento, tío, pero es hora de que escarmientes…)
- ¿Ya se decidió, señorita?
- Sí. Llevo el sistema completo.
- Perfecto. Aquí le traje el resto de los contratos que deberá enviar firmados por sus padres.
- Vamos a ver… Ampliación de ambientes… lago mágico… piscina incontaminable… camuflage mágico… sistema de alarma compartido…
- Sí, sí. Con la policía del reino mortal.
- ¡Desde luego! Me lo imaginaba.
- ¿Sabía usted que ya existe una academia mágica de policía para colaborar con el reino mortal?
- ¡No tenía idea! ¡Es fantástico!
- ¡Ya lo creo! – me llevé los documentos y volví acompañada de Gloomie y cargada de paquetes con cosas que mamá había pedido para embellecer el parque… Me parecieron muy ostentosas pero no quise entrar en conflictos: fundamentalmente me pidió flores y plantas muy vistosas para adornar los gazebos y los canteros que rodearían la piscina, como lo dejó a mi gusto, llevé orquídeas de todos los colores que pude encontrar.
               Terminar la casa de mi Nona Nilda me producía una emoción muy grande. Era algo que ella hubiese merecido en vida, pero que para que sus hijos y nietos aprendieran a ganarse el pan con dignidad, decidió postergar. Ahora, con la tecnología asociada a la magia, todo era posible, sin que tuviéramos que privarnos de lo que por derecho de nacimiento nos correspondía, o mejor dicho, a mí me correspondía.
                Lo bueno de esto, era que no tenía que malgastar mi hechizo terapéutico diario. Todo lo que había que hacer era, una vez firmados los contratos por papá y mamá, adicionarlos al pergamino de restauración y sellarlos con lacre mágico, que yo ya tenía en casa, entre las posesiones que me había dejado mi Nona Nilda. Eso era todo. Los cambios se verían de a poco. Y como era en verdad bastante raro que vinieran visitas a casa y los muros de la mansión eran altos, nadie se daría cuenta de nada.
                Cada día se veía crecer un árbol nuevo o un metro más del foso alrededor de la casa, ya con agua y peces de colores. Papá se pasaba horas frente a la ventana o en el puentecito del frente de la casa, dándole de comer a los peces y espiando el crecimiento de la sirenita y el tritón bebés.
- No puedo creer que sean tan tiernos. – comentaba – Dan ganas de hacerles upa.
- Eso iba a decirte…
- ¿Pueden tener hijos?
- Sí, claro.
- ¡Hmm!
- No te preocupes, todo tiene su trámite burocrático. Cada criatura mágica que nace se registra, no puede haber ilegales.
- Eso me parece muy sensato.
- Somos una sociedad muy organizada.
- ¡Ya veo! ¿Vas para el colegio?
- Debería. Ya empiezan las clases en los dos.
- ¿La danza?
- ¡Nada mal! Creo que mamá va a quedar muy conforme.
- ¡Menos mal!
- Después les mando los tickets para la función en Moscú.
- ¡Esa es mi princesita! – papá arrojó otro puñado de alimento y me siguió con la mirada, mientras yo volvía a la casa.

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