LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS
Febrero 26
Querido Diario:
Llevo varios días sin dormir,
trabajando en el plan para derrotar a la secta. Necesitamos muchos espejos
veélicos y mantener el contacto directo con todas la ciudades involucradas en
el conflicto. La idea básica está lista, sólo hay que reproducirla en cada
palacio veélico dispuesto a la lucha. Ahí es donde está el trabajo más difícil.
Difícil, como intentar dañar la piel de una Veela…
La noche del baile, Ian me
recogió con puntualidad y pasó a saludar a mis padres. En realidad, sólo a mi
papá y a una de mis cuñadas, que se quedó petrificada con la presencia de él. Y
no la culpo. Ian estaba más guapo que nunca: llevaba su traje de etiqueta azul
oscuro de corte Mao, camisa celeste sin corbata, zapatos de charol negros, y
llevaba en la mano una capa negra de terciopelo con bordados de oro.
- Buenas
noches, señor Kapatelis. Vine a llevar a su hija al baile de Iniciación del
Club Estelar de Magia, que brinda el colegio. Sé que Marijazmín está bajo
promesa de no hacer fiestas ni ir a bailar en ausencia de su madre, pero se
trata de una tradición centenaria que acompaña a una competencia para
pertenecer a la “elite”… y en honor a la verdad, no veo a nadie que se merezca
ese lugar más que su hermosa Marijazmín…
- Hmm… en ese
caso, aunque no apruebo la enseñanza que se le da a tu hija, yo la dejaría ir.
Ya que se destaca en lo que hace, quiere decir que se esfuerza, ¿no? – mi
cuñada, aparte de fanática religiosa, era contradictoriamente superficial.
- Es lo que
corresponde… aunque todavía es muy chica para esas cosas…
- Pero… es la
campeona y la costumbre establece que debe abrir la gala…
- Bien… la
llamaré… - papá activó el intercomunicador - ¿Hija?
- “¿Sí, papá?”
- Te vinieron a
buscar para ir al baile del colegio.
- “Todavía no
estoy lista, servile algo, que ya bajo.” – respondí y trabé el intercomunicador
para seguir escuchando.
- Seguro
esperaba el permiso para empezar a arreglarse… - comentó mi cuñada.
- Marijazmín es
muy obediente, tanto en el colegio como en su casa. La esperaré.
- Parece que la
domaron en esa escuela. Le sacaron la rebeldía…
- Mi hija nunca
fue rebelde, siempre cuidó los intereses de la familia. Tu marido tiene un
sueldo y un buen pasar, gracias a ella, no lo olvides… - la charla siguió.
Arriba, junto con Lissa, yo
terminaba de arreglarme.
- ¡El peinado
te quedó sensacional! ¡Y el vestido es un primor! ¡Esos tonos de azul te quedan
fantásticos!
- ¡Estoy lista!
Ahora, escuchame bien. Voy a dejar el espejo habilitado para que sigas mis
movimientos y por si llego a necesitar cualquier cosa…
- Entiendo…
- Bien. Pasá a
tu casa, que yo ya bajo.
- ¡Suerte! –
nos abrazamos y nos despedimos. Gloomie abrió la puerta y caminó delante de mí,
arrojando pétalos de rosa en la escalera. La mujer de mi hermano prefirió irse
antes que desmayarse. Los hombres de la casa, en cambio, no salían de su
asombro. Alexis se secó una lágrima. Papá se tuvo que sentar… Y finalmente Ian
caminó hasta el pie de la escalera y me ofreció su brazo. Más repuesto, mi
hermano nos sacó fotos antes de que saliéramos.
- ¡Está
creciendo tan rápido! – suspiró papá.
- ¡Es una
mujercita!... ¡Y mamá no está para verla así!
- ¡En fin! –
fue lo último que escuché antes de que la puerta se cerrara.
El viaje fue corto y sin
problemas. Aunque repleto de miradas. Y sonrisas… y amagues… ¡Qué ganas tenía
de besarlo! Había que buscar un tema de conversación antes de que nos
empezáramos a incomodar…
- ¿Está listo el
barco?
- Ya casi… El
vestido y los zapatos ya se compraron y las invitaciones se enviaron esta
mañana…
- Quedarían las
fotos exteriores.
- Podríamos
hacerlas en Suiza… o algún otro lugar con nieve.
- ¡Estás
hermosa!... ¡Te lo tenía que decir!... No se me olvida aquél beso en la
biblioteca.
- A mí,
tampoco… pero la decisión de romper con Vanessa es tuya, no mía… Y no quiero
estar en el medio, como una rompe parejas. No es lo que soy.
- En cualquier
caso, la que se metió fue ella…
- Tiene lógica…
- Si me decís
que sí, que querés estar conmigo, ¡yo la pateo esta misma noche! ¡Rompo el
contrato de noviazgo!
- Vos sabés que
yo siempre estoy. Y que la vida es larga… Prometeme algo.
- ¡Lo que
quieras!
- Vas a tomar
clases con Fletcher para aprender a resistir los efectos de los hechizos de
amor hechos con Artes Oscuras.
- ¿Te parece?
- No es
solamente por mí. Por vos mismo… y por la salud de Marcelino. Su problema se
descubrió debido a eso. Tu hermanito fue el primero en detectar las trampas que
tu novia está haciendo para retenerte… pensalo bien… ¿cuándo te sentiste
atraído por ella, sin estar tomando un té, un café o invitado a comer en su
casa?- Ian se detuvo a pensar unos instantes antes de responder.
- Nunca… -
antes de mover los labios, empezó a palidecer.
- Se cae de
puro maduro. No me cabe duda de que es sumamente descarada. Hizo lo que muchas
no se atrevieron.
- Vos también…
ya llegamos.
- Y Vanessa
está esperándote en la puerta… y corre hacia vos, así que mejor bajo primero y
le cierro la boca.
- ¡Por favor! –
antes de estas palabras, ya la rubia oxigenada estaba protestando a diestra y
siniestra.
- ¡Ya era hora
de que llegaras! ¡Te estuve esperando en casa como una idiota, arreglada para
el baile! ¡Y con todo el mundo mirando y riéndose! ¡Le tuve que pedir a mi papá
que me traiga! ¡Y encima llegás tarde! ¡Marijazmín está al caer!
- ¡Ya llegué!
¡Buenas noches! – dije abriendo la puerta de la limousine – Y no grites, por
favor, que acá ninguno es sordo… ¡Ah, gracias! ¡Sabía que me faltaba algo! –
Ian me alcanzó el chal que había quedado de su lado del asiento.
- ¡Pe-pero se
suponía que vendrías al baile conmigo, no con ella!
- ¡Al que
madruga, Dios lo ayuda, corazón! Mi invitación la recibió primero… ¡qué pena
que te guste tanto dormir! Tal vez para Noche de Brujas, te regale un buen
reloj despertador, cosa de que no vaya a ocurrirte lo mismo en el próximo
baile. Y no me extraña para nada que tus vecinos se hayan reído de vos… ¡Todos
sabían de esto, excepto la Casa Shroeder!... ¿Vamos Ian?
- Vamos, que
vas a tomar frío con la espalda descubierta…
- ¡Para evitar
eso, te tengo a vos, bombón! – lo tomé a Ian de ambas manos, para abrigarme con
su cuerpo y entrar al salón. Vanessa se quedó gritando incoherencias y
rompiendo los tacones de sus costosos zapatos contra los adoquines.
- ¡Esto no se
va a quedar así! – por una puerta lateral, fue en busca de sus amigas. Más
tarde sabría de ella.
El gran salón comedor había sido
transformado en una mezcla rara entre biblioteca y casa de muñecas: la
decoración era de distintos tonos de rosa y rojo con el escudo del CEM sobre la
mesa principal. La pista de baile, además de luces audiorítmicas, tenía un
surtidor de polvo de estrellas en cada extremo. Había también una orquesta
clásica que hasta la medianoche amenizaría las charlas y ejecutaría el primer
vals, luego de los cual sería transformada en una banda de rock.
Pero ciertamente, más que todo lo que estaba
primorosamente organizado, las caras de sorpresa y admiración de toda la
concurrencia eran algo digno de destacar. Ya en la antesala, varias mandíbulas
cayeron al piso. Las otras aspirantes dejaron oír sus comentarios.
- ¡Wow! ¡Qué
hermosa pareja! – exclamó Lydia Summers, al vernos aparecer de la mano.
- Pero… ¿Ian
Riccardi no sale con Vanessa Shaw? – preguntaba Jacinta Kluster, rascándose la
cabeza.
- ¡Qué importa!
¡Están divinos los dos!
- Si te
escucha, te cuelga…
- La verdad, -
intervino Amelie Braganza, de la Casa Kapatelis – a mí me importa bastante poco
lo que piensen ustedes dos, no me dejo manipular por nadie, siempre dije que
Shaw era una roba novios. Lo de esta noche, se lo merece.
- ¡Gracias,
chicas!
- Pero… no me
queda claro… ¿vos no estás más con Vanessa o aceptaste la invitación porque
Marijazmín es la campeona? – insistió Jacinta.
- El noviazgo
con Vanessa siempre fue por conveniencia. Está muy mal arreglado por mis
padres, a pesar de todas mis protestas. Pero a quien yo quiero y voy a querer
siempre es a Marijazmín. – la respuesta de Ian, aunque fue terminante, no me
satisfizo del todo. Así que aporté lo mío.
- Ian tiene el
lazo de una promesa Veélica… Haga lo que haga, Vanessa nunca lo va a tener del
todo. Un juramento de amor verdadero es la magia más poderosa que existe. En
tres palabras: IAN ES MÍO.
- ¡Y estoy
feliz de serlo! – suspiró él abrazándome con fuerza. La fanfarrea de bienvenida
estaba sonando. Nos ubicamos en formación para hacer el ingreso. Y allí hubo
más bocas abiertas.
- ¡Querida! –
exclamó Alexia - ¡No sabía que habías invitado a mi hijo!
- ¡Quisimos
sorprenderte, ma!
- ¡Y vaya si lo
hicieron!... ¿Qué pasó con Vanessa?
- ¡Se quedó
haciendo berrinche por ahí, como de costumbre! – contesté buscando, al mismo
tiempo, alguna señal de la presencia de mi rival. La localicé en un rincón,
cuchicheando con un grupo de cómplices.
- ¿Y están
saliendo, chicos? – preguntó la madre de Ian.
- Eso nos
encantaría, mamá. Pero hay que romper el contrato. Y todavía no le dije nada a
papá.
- Se va a
enterar más rápido de lo que te imaginás… De cualquier manera, hoy dedíquense a
disfrutar el momento, del resto, yo me hago cargo.
- Gracias… -
los tres nos sentamos a tomar algo. De forma preventiva, liberé a Nixie.
- Es muy
hermoso tu fénix. No se ve muy seguido ese plumaje.
- Eso me
dijeron.
- La verdad es
que yo nunca antes había visto uno, salvo en pinturas. Son criaturas sabias y
discretas. ¿Tenés algún motivo en especial para exhibirlo así? – preguntó
Alexia.
- Sí, la
venganza de Vanessa y sus amigas…
- ¡Buen punto!
- Nixie se va a
encargar de defendernos de cualquier hechizo. Miren: ¡ya empezamos! – señalé a
las tres “víctimas” de sendos rebotes de diferentes encantamientos: Acné de
letras, calvicie y “antibusto firme”.
- ¡Já, já, já,
já! – Ian se descostillaba de risa - ¡No puedo creer lo que están
intentando!... ¿Qué pretenden? ¿Afearte?
- ¡Así parece!
– comenté tratando de no reírme demasiado. Era todo muy patético, muy de
manotón de ahogado. Estaba estropeando mi noche y terminarían echándola del
lugar de seguir insistiendo. Y siguió insistiendo…
- Marijazmín…
¿vamos al tocador a refrescarnos un poco? ¡Ya se va a abrir el baile y vos
tenés que estar perfecta! – Alexia me tomó de la mano y me condujo al toilette.
Dejé a Nixie con Ian y llamé a Gloomie, quien de inmediato se presentó.
- ¿Algún
retoque, señorita Kapatelis?
- Un poco de agua
de rosas… y el maquillaje.
- Enseguida. –
en ese mismo instante, ingresó Vanessa y sin mirar a nadie, se dedicó a
peinarse. Gloomie hizo un gesto de evidente desagrado cuando la vio, pero
siguió con su trabajo.
- ¿Dónde habré
dejado mi polvera? – Alexia revolvía su cartera y comenzaba a ponerse nerviosa
- ¡Nunca está en su lugar cuando la necesito! ¡Debe tener vida propia!
- ¿Le sirve
esta? – preguntó de repente Vanessa, con su set de maquillaje en la mano.
- No, gracias,
soy alérgica, todo mi “make up” es veélico, no tolero otra cosa, por ser mitad
sirena.
- Bueno… A lo
mejor a Marijazmín le viene bien, no veo que haya traído el suyo… - se me
acercó y levantó el cisne cerca de mi cara.
- ¡No se atreva
a ponerle las manos encima a mi ama, sucia bruja oscura! – la reacción de mi
elfo doméstico era de esperarse. Pero también siempre acertada: la polvera
estalló contra el piso… y lo derritió como si fuera de manteca puesta al fuego.
- ¡Hiedra
venenosa sudafricana y colágeno mágico extra fuerte!... ¡No reparás en gastos
cuando tenés a alguien entre ceja y ceja! – puesta en pie, la enfrenté y ella
comenzó a retroceder hasta chocar su espalda contra la pared – No quiero
estropear la fiesta del resto de las chicas que no tienen nada que ver con
nuestro “problema personal y privado”. Así que, por favor, ¡desaparecé de mi
vista, antes de que me arrepienta por no haberte roto la cara de una patada en
tu hermosa nariz operada! – Vanessa corrió fuera del tocador de damas, del
salón, de la fiesta, y del edificio, jurando vengarse de Gloomie. Hasta la
tercera prueba, nadie supo nada de ella.
No sabíamos cuánto iba a durar
ese momento feliz, querido Diario, pero era nuestro y de nadie más. Nuestro
primer vals entre luces de neón y polvo de estrellas. Ese que jamás se olvida,
ese, que le daría sentido a cada día de nuestras vidas. Por supuesto, fue la
comidilla del fin de semana, pero nos importaba bastante poco. Nixie volaba
feliz, por primera vez desde su nacimiento y eso era una buena señal del
destino.
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