LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS
Febrero 28
Querido Diario:
Esta es la segunda tregua, en
menos de un mes. Parece que va a ser más prolongada que la anterior, es raro
que se replieguen así. A ninguno le inspira confianza. “Confianza”… Qué palabra
tan difícil de discernir, aceptar y hacer carne en la propia carne. Como cuando
Lissa y yo descubrimos la gran verdad de nuestras vidas.
El primero en notar que algo
sucedía fue Gloomie, y un fin de semana, mientras me servía el desayuno, me lo
comentó.
- Señorita
Kapatelis, Gloomie tiene una inquietud.
- A ver,
Gloomie. Sentate conmigo y contame, ¿qué pasa?
- Es la
pregunta que Gloomie se hace, señorita Kapatelis… Gloomie no sabe qué sucede…
no debería obedecer órdenes de brujos que no sean del clan Kapatelis Lynch…
pero… pero no se resiste a un favor solicitado por la señorita Giommini.
- Tenés razón…
es raro… me parece que le voy a preguntar a nona Nilda… - abrí el relicario -
¿Nonita?
- Marijazmín, ¿qué se te ofrece?
- Tenemos una
duda con respecto a mi amiga Lissa.
- Sabía que llegaría el momento…
- ¿El momento
de qué?
- De revelarte una verdad que te mereces… y que
Lissa también tiene derecho a saber. Llámala, por favor.
- Enseguida. –
tomé mi varita - ¿Lissa?
-“¿Marijazmín?”
-“¿Marijazmín?”
- Sí. Nona
Nilda quiere que nos reunamos en casa. Es importante.
- “Habilitá el
espejo, que me cruzo.”
- ¡Listo!
¡Pasá! – mi amiga ingresó a casa.
- ¿Qué pasó?
- Es un poco largo de explicar… vamos al escritorio
de tu padre.
– respondió Nona Nilda – Yorgo debe estar presente.
- ¡Cada vez
estoy más intrigada! – exclamó Lissa.
- ¡Somos dos! –
abrí la puerta del despacho y apoyó el retrato pequeño de Nona Nilda sobre el
escritorio frente al del Nono Yorgo.
- Estamos
todos. – dijo él – Por lo que veo, llegó el momento de hablar…
- ¿De hablar de
qué? Por favor, me están poniendo nerviosa…
- Tranquila
Lissa… no es una inquisición…
- Lissa…
¿Alguna vez, tu madre te habló de las enfermedades de tu familia materna? –
preguntó Nona Nilda.
- No mucho… por
lo general, finge que no tienen familia y por el lado de la familia… ¡hacen lo
mismo con nosotros!
- Pero, por lo
menos, sabés que tu mamá tiene hermanos…
- Sí. Son dos
hermanas…
- Y tu mamá, al
igual que tu tía, – comenzó a decir el Nono Yorgo – es mitad sirena… y alérgica
a la magia oscura…
- Eso me lo
dijo cuando estuve internada…
- No te aclaró
que su hermana y su padre – continuó Nona Nilda – también lo son… Alexia y
Fiorentino Giommini.
-¡¿Alexia?! –
exclamamos las dos juntas.
- Sí… Alexia
Giommini de Ricardi…
- ¡Dios Mío!...
¡Necesito un té calmante!
- ¡Sírvase,
señorita Giommini! – Gloomie apareció con la bandeja.
- Gracias,
Gloomie… - para calmarse los nervios, como suelo hacerlo yo, le rascó la cabeza
y él se entregó con placer a ese gesto cariñoso, como si se tratara de mí –
Entonces… Ian es mi primo…
- Primera
parte, comprendida. – concluyó Nono Yorgo.
- Lo que no
entendemos, es esto. – señalé a Gloomie y a Lissa.
- Eso ya es más
difícil, hija. Y debes tomarlo con adultez y con confianza, Marijazmín, ya que
tiene que ver con el pasado de la familia Kapatelis Lynch… y con tu padre y los
poderes que no heredó. – Nona Nilda miró a Gloomie y ordenó – Lazo veélico
rosa, pequeño elfo.
- De inmediato,
señora Lynch. – Gloomie obedeció y en el acto, Nixie salió de su escondite.
Fascinadas, lo vimos sobrevolar nuestras cabezas.
- Tres años
antes de que tú nacieras, el matrimonio de tus padres se quebró… León abandonó
la casa familiar y se fue a vivir a uno de los departamentos de la empresa.
- ¡No lo puedo
creer!
- Después de
eso, empleó a la madre de Lissa, para trabajos domésticos… - continuó Nono
Yorgo – Y tuvo una aventura con ella…
- De la que
nací yo… ¡Oh, Dios mío, Marijazmín, eso quiere decir que vos y yo, somos
hermanas! – no sé cómo pasó, pero nos encontramos llorando una en brazos de la
otra. Se hizo un profundo silencio. Hasta que Nona Nilda completó la historia.
- La familia
Kapatelis, siempre se caracterizó por tener adivinas en la rama femenina, una
mujer cada siete varones.
- Ahora todo
cierra…
- Por eso
Gloomie te obedece… llevamos la misma sangre… ¿Cómo puede ser que mamá no me
haya dicho nada? Estuviste en casa, compartimos todo. No hay secretos entre
nosotras…
- Supongo que
debe ser muy complicado para ella… - suspiré, secándome las lágrimas – Pero te
aseguro que voy a hacer lo que sea necesario para que lleves el apellido
Kapatelis.
- No es lo más
importante… lo que de verdad valoro de vos, es que no me rechazaste, al
contrario, te quedaste conmigo…
- ¡Te adoro,
gordita mía! – la abracé muy fuerte y ahí descubrí que papá estaba escuchando
todo detrás de la puerta – Pasá… ya te ví, pa… no te vayas… no te borres de
nuevo… Por favor… - papá entró con la cabeza gacha, mudo por el llanto. Lo tomé
de la mano y até el lazo veélico entre los tres.
- Perdónenme,
hijas… yo nunca supe de la existencia de Lissa… tu madre jamás me reclamó nada…
- Nunca me
quiso hablar del tema… pero… yo soñaba con un papá como vos… y lo de mis
quince… ¡todavía no me lo creo! – nos abrazamos los tres un largo rato. Después
nos pusimos a pensar en cómo decírselo a mi madre y en la reacción de la señora
Giommini.
Mamá puso el grito en el cielo y
por una semana no le dirigió la palabra a papá. Pero de a poco fue aflojando,
especialmente cuando los veían juntos: Lissa se volvió su secretaria personal y
le organizó la empresa de manera impecable. Tanto fue así, que casi de
inmediato empezó a prosperar. Un problema menos.
El siguiente paso fue contarle
todo a la madre de Lissa. Me encargué de acompañarla, por si acaso.
- ¿Mamá?
- Sí, hija,
¿qué pasa?
- Tenemos que
hablar… - la señora Giommini se sentó a la mesa con nosotras.
- Te escucho…
- Encontré a mi
papá… - la madre de Lissa escondió la cara entre las manos.
- ¿Desde cuándo
lo sabés?
- Un par de
semanas… estoy trabajando en su empresa… ¿Por qué nunca me lo dijiste? ¿No
confiás en mí?
- Ya tenía
bastante con haber sido deshonrada en época de guerra y no saber quién era el
padre de mi primera hija, para sumarle a eso, el hecho de haber tenido otra
hija con un semimortal… no quería cargarte con eso…
- Entiendo… ¿Te
enamoraste del señor Kapatelis?
- Fue mi gran
amor… pero sabía que se iba a ir en cualquier momento…
- Y quisiste
quedarte con algo suyo, que no fuera el dinero… por eso me tuviste a mí…
- Sí…
- ¡Qué romántico!
- ¿Te llevás
bien con León?
- Más que bien…
cuando termine el colegio, me quedo trabajando como su secretaria. Me va a
conseguir una beca en la universidad para que pueda estudiar medicina en el
reino mortal.
- ¡Qué bueno!
- ¡Ajá! Pero me
duele que no me lo hayas querido contar…
- ¡Ya lo sé,
hija! – Lissa la tomó de la mano – Espero que algún día me perdones...
- Me va a
costar…
- Tomate tu
tiempo…
- Son muchas
cosas… de un día para otro, tengo nueve hermanos, cuando siempre creí que Kal
era la única…
- ¡Y todo un
ejército de sobrinos, no lo olvides! – agregué, sirviendo el té.
- ¡Cierto! –
roto el hielo, la vida siguió.
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