LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS
Marzo 16
Querido Diario:
Sigo aguantando a mis cuñadas,
mientras en el reino veélico no me necesiten para nada urgente. Y como si algo
me faltara, quisieron venir de visita a mi casa del country: mientras una
bendecía, la otra colgaba una herradura de siete clavos detrás de la puerta… ¡Dosis
extra de paciencia! Al menos opinaron que la decoración era de buen gusto.
- ¡Ay, pero,
¿dónde conseguiste esos sillones de cuero?! ¡Son divinos! ¡Se ven auténticos!
Te habrán costado una fortuna… - preguntó Sarah, acariciándolos, sin atreverse
a sentarse.
- La verdad, no
tengo idea, me los regalaron mis compañeros de facultad.
- ¡Qué
compañeros!
- Sí, ¿viste?
Un amor de gente. Hasta me recomendaron este lugar.
- ¡Es tan
tranquilo! – continuó Felícitas, mi otra cuñada.
- ¡Ideal para
descansar, relajarse y pasarla bien!
- ¡Hermoso
todo, Marijazmín!
- ¡Gracias!
¿Toman algo? ¿Té, café, mate? Hay pan calentito, confituras, ¡lo que gusten!
¿Dulce de leche cordobés?
- ¡Hmmm! ¡Nos
querés hacer engordar!
- Si no te das
los gustos ahora, ¿cuándo? – y así trataba de mantener la paz.
Y otro reto era mantener la paz
en mitad de un emprendimiento descabellado como el que realicé en Chile. El
gran problema: los celos. Ian se ponía insoportable al teléfono.
- “¡No! ¡Ni se te ocurra! ¡No quiero que salgas con
ese tipo, ni con ningún otro!”
- ¡Y yo no
quiero, bajo ningún concepto, que estés más “oficialmente de novio” con Vanessa
Shaw desde hace casi tres años y todavía no tuviste pantalones para romper ese
dichoso contrato, así que estamos a mano. Además sólo será una noche que ni se
va a completar, si todo sale como lo espero.
- “¡De todos modos, no me gusta!”
- Te aguantaste
cosas peores y no hiciste tanto
berrinche…
- “Cierto…”
- Bueno, mañana
te va a llamar Uriel para alquilar a Tabatha.
- “¡Ajá!”
- En un rato,
nos van a avisar los elfos familiares de Gloomie, cuándo trasladarnos. Ya casi
taparon la zona con kilómetros de niebla bien espesa, sólo visible para los
mortales.
- “Te espero en el centro del terreno.”
- Me acaban de
dar el ok. Así que estoy cruzando el espejo en este mismo instante… - lo hice y
nos encontramos.
- ¡Princesa!
- ¡Al fin! – lo
abracé y lo besé - ¡No hay tiempo para halagos! ¡Acá tengo la cerradura!
- Primero
tendríamos que hacer la cerca y la cabaña del casero.
- Y dejar la
construcción camuflada, así trabajamos tranquilos.
- Perfecto.
Después de vos.
- ¡Gracias! –
ubiqué la cerradura y nos pusimos a diseñar el aras. Al mediodía, habíamos
terminado.
Por la tarde, fui a cursar
algunas materias y a presentar trabajos prácticos. Luego, como tenía varias
cátedras libres, crucé a ver el avance de mi vestido.
- Buenas
noches, señora Vicuña-Seoane.
- Buenas
noches, niña Kapatelis. Estaba pensando en usted, la base de su traje está para
probar.
- ¡Excelente!
- Adelante…
- ¡Qué cantidad
de ropa!
- Ajá… la
mayoría es para llevar a la Iglesia. Del otro lado está listo el nuevo
guardarropa para mi hijo.
- Trabaja usted
mucho en la vestimenta de Uriel.
- Es que ya no
está para vestirse como un nene. ¿Sabía que va a ir a la universidad?
- ¡Qué bien!
- Se inscribió
en Medicina, tiene que lucir más formal, sin tanto cuadro, ¿verdad?
- ¡Ya lo creo!
Es ropa muy infantil.
- Además, ha
crecido mucho en pocos meses.
- ¿Sí?
- Bueno, usted
lo conoce hace poco. El cambio es notable… por aquí debe haber una foto…
¡Uff!... entre tanta tela en desorden… ¡Ya!... Mire.
- Se ve muy
diferente… ¿siempre es tan clásico?
- De eso me
ocupo yo. Le divido las mudas de lunes a domingo: calzoncillos, calcetines,
camisetas, sweaters, chaquetas, corbatas, pañuelos y sombreros. Ahora está todo
mezclado, pero en un segundo se arregla… ¿dónde habré dejado ese vestido?...
¡Ah! En el otro cuarto, sobre uno de los maniquíes. Ya lo traigo. – aproveché
la salida de la modista para acomodar las prendas a mi entero gusto, tratando
de disimular el efecto del conjuro restaurador - ¡Aquí estamos! ¡Oh, gracias
por ahorrarme el trabajo! ¡Qué gusto tan exquisito!
- Tengo siete
hermanos mayores… todos ellos, varones…
- ¡Con razón! ¿Se
prueba usted?
- ¡Claro! – la
señora se puso a trabajar.
Una hora más tarde, volvía los
dormitorios a estudiar. Terminé con eso, y me dirigí a los establos, amparada
por la niebla élfica. Fantoche me esperaba ansioso.
- ¡Alteza! ¿Por
qué hay tanta niebla hoy?
- Se está
instalando un mago cerca del colegio, por unos días.
- ¡Oh!
- Y trae a una
chica para competir contigo.
- ¿Una… chica?
- ¡Una chica!
- ¿Buenas
ancas?
- Todo en ella
muy bello.
- ¿Color?
- Picaso.
- ¿Crines?
- Muy largas y
sedosas… una caminada perfecta, sabe hacer el paso español.
- ¡Interesante!...
- Un dato más…
al atravesar las barreras del reino, se vuelve pegaso.
- ¿Cómo es su nombre?
- Tabatha.
- ¿Cuándo la
traen?
- Supongo que
cuando baje la niebla.
- ¡Quiero mis
medicinas! Y que me cepillen a contrapelo para sacarme brillo.
- ¡Sabía que
dirías eso! ¿Cómo están tus cicatrices?
- Casi no se
ven. Tus pequeños enfermeros han hecho maravillas.
- ¿Te estás
alimentando bien?
- Esta mañana,
el veterinario dijo que he recuperado peso, pero que aún no estoy listo para
cargar un humano adulto.
- Nada mal.
¿Quieres dar un paseo?
- Pero si no se
ve nada…
- Sólo
rodearemos el perímetro del colegio, para que ejercites las patas.
- De acuerdo.
- A ver… te
abrimos la gatera… ¡Listo!... ¡Eso es!
- ¡Qué bien se
siente!... ¿Niebla sin humedad?
- Un pequeño
truco…
- Ingenioso.
- Sí, sí.
- ¿Vas a ir al
baile?
- ¡Desde luego!
- ¿Ya te
invitaron?
- Aún no.
- Falta poco.
Los chicos del barrio deberían darse prisa.
- Sería lógico.
- Valeriana no
te va a beneficiar.
- Parece que la
conoces bastante.
- Es lo que los
humanos llaman “envidiosa”.
- Siempre fue
así.
- Si el mago es
amigo tuyo y tiene intenciones de aparearse contigo, ¡aléjalo de ella!
- Agradezco tu
preocupación, Fantoche, pero no le tengo miedo a ninguna roba novios. Además,
tengo el candidato perfecto para ella, se lo pienso dejar servido en bandeja de
plata.
- Espero que
sepas lo que estás haciendo.
- ¡Yo también!
Porque nunca intenté algo así.
- ¡Oh!
- ¿Cómo sientes
el terreno?
- ¡Fantástico!
- Entonces,
vamos a dar estos paseos todos los días a la misma hora.
- ¡Será un
placer!
- Bueno, te
llevo de regreso a las caballerizas y me voy a danzas.
- No llegues
tarde.
- Tomo un
atajo.
- Astuto.
- Nos vemos. –
crucé el espejo y llegué al baño de mi dormitorio, donde me cambié y me arreglé
el pelo, para después salir hacia el edificio de enfrente. En el camino, la vi
a Valeriana, que hablaba por teléfono con Uriel.
- ¿Conseguiste
el caballo?... ¿Ya?... Bueno, mi papá te va a hacer llegar el cheque, para que
se lo des al dueño. Llámalo, ¿sí? Y cuando te lo entreguen, ponelo lo más lejos
posible de la caballeriza de Kapatelis. – en ese momento, me vio – O mejor, no…
mejor ponelo al lado. Así le paso el trapo con un buen pura sangre, que no
tiene ni punto de comparación con ese matungo piojoso que tiene ella… Perfecto.
¿El viernes? Pero el uniforme nuevo de montar me llega el sábado… sí, sí, que
todo sea nuevo y de primera marca, claro… ¡Perfecto! ¡Hasta luego!... ¡oh!
¡Pero miren quién está acá! ¡La matrera! ¿Cómo está ese estúpido animal
sarnoso?
- Para tu
información, no es ni estúpido, ni está sarnoso. Y se recupera rápidamente de
tus castigos. Estará listo para competir después del baile… A propósito, ¿ya
tenés pareja?
- No te
incumbe. Además, yo solamente tengo que esperar a que me inviten y decidir a último
momento con quién ir… ¿vos vas con el cuidador ese que huele a bosta y alfalfa,
no? ¡Todo hace juego con tu pelo! - con
un desplante digno de Marilyn Monroe, la Asencio se fue a la biblioteca. Todo
estaba saliendo como lo tenía previsto.
Terminaba de ducharme, cuando un grupo de
chicas del último año ingresó a los vestidores, armando un revuelo
considerable, la razón ya la imaginaba: Ian había llegado.
- ¡No saben lo
guapo que es!
- … Llevaba a
la directora, ¡del brazo!
- ¡Y dicen que la
saludó con un beso en la mano!
- ¡Qué
romántico!
- ¡Tiene esos
ojazos de príncipe!
- ¡Se ve tan
aristocrático con ese traje de montar! – los suspiros se sucedían. Con la
toalla puesta, fui a buscar mi celular al casillero.
- ¿Ian?
- “¿Princesa? Pensé que estabas en clase.”
- Recién
termino. Salgo de ducharme. ¿Cómo vas?
- “Impresionando hasta a las estatuas.”
- Modesto, el
chico…
- “¡Ja, ja!”
- ¿La llegaste
a ver?
- “¿A Valeriana? Sí. Le destrozó una hebilla para el
pelo y un par de aros a una chica de primer año.”
- Rutina…
Justamente, ahí viene a bañarse. Te dejo, ¡suerte!
- “¡Gracias!”
- ¡Bye! –
apagué mi móvil, lo dejé en el casillero, y comencé a secarme el pelo y a
vestirme. Valeriana llegaba hasta donde yo estaba, cuando accidentalmente, con
un extremo de mi toallón, dejé caer mi teléfono al suelo. Como si lo hubiese
estado esperando, mi compañera pasó y lo aplastó con el palo de hockey.
- ¡Ay, perdón,
no lo ví! ¡Qué pena! ¡Un celu tan caro y moderno! ¡Te vas a tener que comprar
uno nuevo, porque esto no lo cubre la garantía!
- ¡Ya veo! – me
incliné para juntar los pedazos y recibí un violentísimo empujón que me obligó
a caer de lleno dentro del casillero, Valeriana cerró la puerta en mi cara.
- ¡Vaya
accidente, corazón! ¡Sin tu tarjeta, no vas a poder salir!
- ¡Eso lo vamos
a ver! Reite tranquila, que todo se paga.
- ¡Uy, qué
miedo! – el resto de sus cómplices se echó a reír.
- (Bien,
querida Valeriana, ¡te lo buscaste!) – lo que tenía pensado era la solución al
problema del “Bullying”. Saqué mi varita y armé el conjuro para suspender la
restauración mágica – (Para a la justicia honrar, el hechizo de este suelo no
debe continuar.) – con eso bastó. Pero tenía que salir de ahí de alguna manera,
sin quebrantar la ley mágica. Y mi tía Ivanka no podía ignorar la situación por
más tiempo – (REFLEXUS VEELA) – el espejo veélico se materializó al instante –
(¿Tía Ivanka?)
- ¡Marijazmín!
¿Qué ha pasado?
- “Valeriana me encerró en mi casillero de la sala
de danzas. Y me destrozó el celular. Retiré la restauración, para poder
presentar los restos como prueba contra ella.”
- Ya entiendo a
lo que quieres llegar. Voy para allá.
- “Gracias.” – el siguiente llamado fue para Elektra.
- “A tus órdenes, princesa.”
- Te necesito
disfrazada de enfermera en el colegio chileno.
- “Ingresaré por el espejo de tu caballeriza.”
- Perfecto. En
cinco minutos te van a ir a buscar.
- “Allí estaré.”
- Gracias.
- “Por nada.” – mi prima cumplió con su parte y yo permanecí en
el casillero. Tratando de no entumecerme, esperé a mi tía, quien llegó
acompañada por Valeriana y por la niña de primer año, víctima también de las
agresiones de mi rival.
- Ya son dos
quejas similares en su contra, el día de hoy, señorita Asencio. Y una cosa es
una hebilla de diez pesos y otra un celular de mil dólares o más.
- Mis padres no
se van a hacer cargo de algo que no hice…
- Eso lo
veremos… - suavemente, la tía golpeó la puerta de mi casillero - ¿Señorita
Kapatelis, se encuentra bien?
- ¡Muy débil!
¡No puedo respirar!
- Conserve la
calma, por favor… ¿Tiene usted ahí su tarjeta magnética?
- ¡Sí, señora
rectora!
- Pásela por la
ranura superior de la puerta… eso es… - la directora recogió la tarjeta y abrió
el casillero.
- ¡Uff!...
¡Hhhh!... ¡Gracias!...
- Despacio…
respire hondo… bien… señorita López Álzaga, vaya a buscar a la enfermera.
- Sí, señora
rectora. – la niña salió a la carrera.
- ¿Se da cuenta
del riesgo que le hizo correr a su compañera, señorita Asencio? ¿Qué se ha
creído? ¿Que esto es como en las series de televisión? La señorita Kapatelis
pudo haber muerto por asfixia.
- Lo siento…
- No será
suficiente… - en ese momento llegó la enfermera, y sin hablar, me tomó la
presión.
- ¿Todo está
bien? – preguntó Valeriana, asustada.
- La presión
está baja… se podría desmayar en cualquier momento… habrá que trasladarla para
hacer estudios… radiografías, electrocardiograma, análisis… y tal vez para
administrar oxígeno… ¡Urgente! – finalmente “colapsé” en los brazos de la
enfermera, que por supuesto, ninguna de nosotras dijo que era mi prima Elektra…
Por el resto del día, no se supo nada de mí. Aproveché el tiempo para ir al
colegio de magia y adelantar clases. Antes de regresar, hablé con la tía Ivanka
a través de mi varita.
- ¿Cómo va
todo?
- “Mejor de lo que esperabas.”
- ¿En serio?
- “Mandé a llamar a los padres de Valeriana y les
leí tu parte médico, después les mostré las cosas que su hija rompió.”
- Ajá.
- “Te dejaron un cheque para que repongas tu
teléfono.”
- Bien.
- “Y van a iniciar la terapia familiar lo antes
posible.”
- ¡Era hora!
- “Bueno. Vuelve al dormitorio de madrugada y
quédate en cama todo el día.”
- Ocupate de
que Fantoche tenga su paseo diario.
- “Ian se ofreció para eso.”
- ¿Valeriana
mordió el anzuelo?
- “Todavía no, pero no debe faltar mucho. Ya todas
las chicas hablan de él. Menos mal que si no hacen equitación, no se pueden
relacionar con él…”
- ¡Lo mismo
digo!
-“Ya puedes reanudar el hechizo.”
- Ni bien
llegue, lo hago.
- “¿En qué vas a emplear ese cheque?”
- Lo voy a
guardar en mi caja duplicadora. Y lo voy a cobrar cada vez que Valeriana me
haga alguna de las suyas.
- “Bien pensado.” – respondió Ivanka – “Tengo que dejarte, golpean la puerta.”
- No hay
problema, nos estamos viendo.
- “Adiós.” – dejé la varita y cerré los libros.
Comentarios
Publicar un comentario