LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS

Marzo 14


Querido Diario:

               Entre otras cosas, estuve ayudando a papá con el embrollo de los sistemas de seguridad en casa, en la empresa, y en los dos edificios de departamentos de la familia. Le compré todo el circuito cerrado de tv, en el mismo lugar en el que la tía Ivanka había conseguido el suyo para el colegio…  
               Previendo el berrinche inevitable de Valeriana, esa tarde, me fui a hacer la tarea al sótano, en donde estaba el corazón del sistema de seguridad. Así renové la tecnología del colegio. Nadie tendría de qué quejarse después de eso: otro de los efectos del conjuro de restauración es que actúa de acuerdo con el comportamiento de la bruja, y yo estaba adelantando tareas y trabajos prácticos de los dos colegios, por ende, la reparación se adelantó y el sistema avanzó al menos diez años su nivel tecnológico: todas las cámaras de seguridad no solamente disminuyeron notablemente su tamaño, sino que además se cuadruplicaron, y las pantallas del circuito instaladas a mi alrededor se limitaron a siete, tres plasmas del tamaño de las paredes y cuatro en el escritorio, de treinta y dos pulgadas cada una. Al final de la jornada, me reuní con mi tía Ivanka.
- He consultado a los veterinarios, y estuvieron de acuerdo con la decisión que tomé. – dijo ella – Fantoche se quedará a tu cargo de ahora en adelante.
- ¡Me encanta la idea!
- Lo imaginé… no sé qué habrás hecho, pero me parece fantástico el cambio.
- Lo necesario. Demos una recorrida.
- Por supuesto.
- Hay cámaras perimetrales… en la entrada principal, hay cuatro direccionales y esto se repite en el patio central, en las canchas, la sala de danzas, el natatorio, y el sector hípico. En los baños, vestuarios, aulas y dormitorios hay individuales.
- No ha quedado un milímetro de este lugar que no se pueda registrar.
- Así es.
- ¿Por qué las cuatro cámaras de la entrada principal están en el mismo lugar?
- Tienen sensores de movimiento y son de alta definición… hay otro grupo en el patio central, eso controla los accesos a los tres edificios principales.
- ¡Ajá!
- El sótano está irreconocible.
- Quisiera verlo…
- Vamos para allá.
- ¡Wow!
- ¡Je, Jé!
- ¡Impresionante!
- Cada cuerpo del colegio tiene su pantalla principal, si te ponés en el centro de la sala, vas a tener toda la sensación de estar parada en el medio del patio central…
- ¡Notable!
- Los monitores se van subdividiendo, en la medida en la que las cámaras se van activando. Los que están en el escritorio corresponden al campo de deportes, el sector de equitación, y el natatorio. Finalmente, en el escritorio propiamente dicho, tenés instalado un programa de GPS que te indica en qué sector del colegio puede haber algún disturbio.
- Pero tendría que pasar mucho tiempo aquí, mientras el personal de maestranza no esté capacitado para manejar el sistema… y ya sabés que las monjas muy amigas de la tecnología no son.
- Mientras tengas Internet Mágica, eso no es problema. El programa se te activa en forma de Pop-up en cuanto se detecta cualquier movimiento extraño. Hacés un click y tenés la imagen en tu máquina.
- ¡Extraordinario!
- Como verás, la tecnología es lo más parecido a la magia que los mortales hayan podido crear.
- ¡Eso veo!
- Bueno, me voy a los dormitorios a cenar y a mirar los programas de segundo y tercero.
- Me parece muy bien. – nos despedimos y yo subí por la escalera exterior, al primer piso.
              Cada interna tenía y tiene asignado su lugar en los dormitorios al ingresar al instituto y allí dormía, estudiaba y se alimentaba desde el inicio de la cursada, hasta su egreso como bachiller.
              Las habitaciones, como casi todos los ambientes, estaban ampliadas mágicamente, se dividían en una suerte de cubículos individuales, diez para las estudiantes, uno para la hermana bedel. Hasta el día de hoy, cada piso consta de seis cuartos, a los que se accede por el ascensor o la escalera de emergencias. Al entrar en cualquiera de ellos, el primer cubículo es el que pertenece a la hermana bedel, y frente a éste, los otros diez, cada uno rotulado con el nombre, apellido y curso de su correspondiente interna. Las divisiones no tienen puertas, en su lugar hay unas cortinas de terciopelo azul, y lo primero que ve la estudiante es una cama con somier, muy cómoda. Junto a esta, una mesa de luz con un micro sistema de audio sin parlantes, pero con un juego de auriculares. Empotrado en la pared, a la izquierda de la cama, se encuentra el guardarropa. Al abrirlo, se puede deslizar una tabla que hace las veces de desayunador y escritorio. Junto a la cama, un pequeño cuarto de baño y en la pared opuesta a la misma, cuelga un televisor inteligente de treinta y dos pulgadas. Como verás, querido Diario, a nadie le falta la más mínima comodidad. Claro está, que como las chicas mortales nunca ven más allá de sus propias narices, jamás se preguntan cómo es que entra todo eso en un espacio tan reducido.
         Cuando llegué, la cocinera ya estaba repartiendo las viandas a mis compañeras. Corrí a mi cubículo, deslicé el desayunador, me quité los zapatos y me senté en la cama.
- Marijazmín, te perdiste la merienda, pero te guardé tu café con leche, por si lo querés tomar mientras estudiás.
- ¡Gracias, Matilde! ¿Qué hay de cenar?
- Ensalada mixta, carne asada con papas a la española, budín de pan, alguna fruta y pancito recién horneado. Jugo natural de frutas para acompañar todo.
- ¡No van a quedar ni las migas! – la señora continuó su camino y yo encendí la tele. Casi enseguida, apareció Gloomie.
- Buenas noches, señorita Kapatelis.
- ¡Hola, Gloomie!
- Se la ve cansada, amita.
- Lo estoy…
- ¿Un masaje?
- ¡Desde luego!
- ¡De inmediato!
- Gloomie, quiero que por las noches vayas a las caballerizas y te dediques a curar a Fantoche con todos tus conocimientos veterinarios, y que cada mañana, me presentes un informe completo.
- Sí, señorita Kapatelis. – Gloomie terminó de atenderme y salió a cumplir mis órdenes. Mientras tanto, yo abría mi laptop y me comunicaba con Lissa.
- ¡Marijazmín! ¿Cómo estás?
- Haciendo justicia.
- Nada nuevo.
- ¡Ajá!... Voy a necesitar que le consultes algo al profesor Cliff.
- Lo que sea.
- Quiero que le pidas información acerca de los cuidados mágicos de los caballos, en especial, las fracturas en las patas.
- Bueno, le digo que te envíe todo a tu casilla mágica de correo electrónico.
- ¡Perfecto!
- ¿Venís a clases?
- Duermo acá y uso el espejo.
- Hablá con el director, porque hay una excepción para los estudiantes que cursan educación media y superior en el reino mortal.
- Buenísimo…
- ¿Te esperamos a desayunar?
- Llego sobre la hora de la primera clase.
- ¡Ok!

- ¡Que descanses! – cerré la conversación y me puse a investigar el legajo y las charlas de Valeriana - ¡vamos a ver!... (¡Lo que faltaba!... Le está enviando correos electrónicos a diferentes adivinos… haría bien en comprobar si están registrados en el Ministerio de Gobierno Mágico y si pasaron por Sparkle o algún otro colegio de magos… ¡Ajá!... Lo que sospechaba… está siendo estafada… Gloomie y yo nos vamos a divertir muchísimo…) Hmmm… ¡Me voy a dormir! – apagué todo, deslicé el desayunador, y me tapé con las cobijas hasta la cabeza.

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