LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS
Marzo 11
Querido Diario:
Son días de pesadilla. La secta
se hace más y más fuerte y está esclavizando a mortales en países de bajos
recursos. Se multiplican como ratas. Siento que todo el esfuerzo de años ha
sido en vano.
De algún modo, se nos están
adelantando, eso es más que obvio, y tengo mis sospechas, pero necesito
pruebas. Hay un talón de Aquiles en nuestra forma de proceder. El otro bando se
multiplica, probablemente, superando métodos científicos del reino mortal.
Estamos hablando de clonación fusionada con magia oscura. En resumidas cuentas,
están fabricando magos en serie. Por eso mismo, buscamos proteger a las niñas y
adolescentes como prioridad uno.
Y para mi ejército, aún no es el
momento de atacar, no estamos listas para enfrentarnos a tanta gente. Hace
tiempo que nos superan en número. Tal como me superaban en número y estupideces
en el colegio de Chile.
Papá estuvo de acuerdo con
inscribirme y aún más, cuando supo que mi coeficiente era el más alto de la
promoción a la que ingresaba.
Lamentablemente, no todo era
felicidad. Ya lo había vislumbrado al recorrer las fotos del instituto. Entre
las estudiantes, se encontraba una vieja enemiga y conocida rival de la escuela
primaria, cuyos padres se habían mudado a Valparaíso, por motivos laborales.
Lo bueno de contar con Internet
Mágica, en este caso, fue que pude tener acceso a los legajos de todas las
alumnas, por tal motivo, a la hora de enfrentarme ni más ni menos que con
Valeriana Asencio, “la señorita zancadillas”, ya sabía a qué atenerme.
Sin dudas, con quien tuve mucho
cuidado fue con Gloomie. Si bien esta vez no lo llevaría a las aulas conmigo,
debía dejarlo en el dormitorio y aun así,
sería el blanco de muchas burlas.
Antes del primer día de clases,
hablé por el espejo con mi tía Ivanka.
- Realmente me
complace recibirte en mi Intituto, Marijazmín.
- El placer es
mío, tía.
- ¿Cómo van tus
estudios mágicos?
- Quinto año de
Sparkle.
- ¡Notable!
- Así dicen.
- ¿Cómo es que
tus padres te están enviando tan lejos a formarte entre mortales?
- En pocas
palabras: soy un completo estorbo en casa.
- ¿Cómo es eso?
- Semi mortales
resentidos… y avaros.
- ¡Oh!
- Quieren que
deje la magia y me dedique a la danza y al estudio…
- ¡Típico!
- Y en lugar de
frustrarme, decidí adelantarme a sus movimientos.
- Bien hecho.
- Lo sé.
- Tu plan de
estudios va a ser tan adelantado como lo fue el de tu escuela primaria.
- Un
cuatrimestre por curso.
- Exacto. Con
la excepción del quinto año, que va a incluir tu ingreso a la universidad que
elijas.
- Me sobrará
tiempo para todo, incluso para darte una mano con los chiquitos rescatados y
los magos que se detecten. Puedo ser tu contacto directo con el Profesor Mc Cleod.
- ¡Fantástico!
- ¿Hay alguna
página con los informes?
- Te envío todo
ya mismo, incluso tus horarios.
- Gracias.
- Vuelvo a mis
tareas.
- Que te vaya
bien. – ya más tranquila, porque toda esa situación me crispaba los nervios,
bajé al comedor.
- ¿Todo bien,
Marijazmín?
- Va queriendo,
Lissa, va queriendo…
- ¿Qué nueva
locura planean tus padres?
- Me mandan a
hacer la secundaria en Chile… como si eso me representara una traba para seguir
estudiando acá…
- ¡Son ingenuos
en serio!
- Se obligan a
ser ignorantes. Se autoengañan y encima de eso, me subestiman.
- ¡Qué feo!
- Sí, pero hay
cosas todavía más feas…
- Tus nuevos
viejos compañeros, los vi temprano en la bola de cristal.
- ¡No voy a
tener paz!
- ¡Tranquila!
Ahora sos más grande y más inteligente que ellos.
- Eso lo tengo
claro… ¿Entramos a Transformaciones?
- ¡Uy, si!
- ¿Qué onda
con…?
- Mucho diálogo
mental. Se sorprendió de que lo pudiera hacer. Le dije que no era la única.
- ¡Ahh! Eso
está bueno, no les pueden prohibir pensar. Y como por lo general consideran
todo tipo de actividad telepática como de nivel semi mortal, casi nadie le da
importancia.
- Ese es el
punto…
- ¿Pero te dice
lo que le pasa con vos?
- Le da miedo
todavía.
- Me imagino.
Ahí entra. – la clase de ese día se nos hizo cortísima. Cuando me quise
acordar, ya tenía que ir a danza.
El profesor se lamentó mucho
cuando le expliqué la decisión de mis padres. Pero le pareció importante que no
dejara de bailar y que tuviera otro maestro en Chile. Quedamos comunicados y
más de una vez, tomé clases con él durante las vacaciones. De todas las
intentonas de mi familia por hacerme dejar Sparkle saqué cosas positivas. El
profe de danzas fue un ejemplo claro. Y una de las cosas que mis nuevas
compañeras jamás creyeron.
El primer día de clases en Chile
fue… ¿cómo describirlo?... entre dinámico y medio bizarro… además de lleno de
burlas e ironías. Caminaba sola por la vereda, sin poder evitar renovar las
lajas del paredón y blanquear el arco enorme de la entrada, cuando por el lado
opuesto de la manzana del colegio aparecieron ellas, sudando glamour, entre
cabellos teñidos, perfumes importados y uñas esculpidas.
- ¡Pero miren
quién está acá! ¡La peluda! ¡La que desapareció a los seis meses de empezar
primer grado!
- Buen día,
primero que nada… Segundo, para tu mejor información, no desaparecí, pasé de
año antes que vos.
- ¿Y ahora
estás en primero de secundaria? ¿Qué pasó? ¿Repetiste?
- Un poco de
burocracia, otro poco de haberme dedicado mucho a la danza clásica. Pero no te
angusties, ni me extrañes tanto. No te mueras de ansiedad. Con vos me veo el
año que viene, cuando te alcance y te pase. ¡Nada nuevo bajo el sol!
- Eso lo
veremos…
- ¡Por
supuesto! – las miradas de ambas echaban chispas.
- ¡Ja!...
Aprendiste a peinarte… ¿Sabrás vestirte? El uniforme te salva, pero quisiera
verte en la calle… o en el baile de apertura de la temporada de Equitación. Es
en un mes. Vamos a ver si alguien te invita. Cosa que dudo bastante, porque no
conocés a nadie.
- ¡Ah, no te
preocupes! Para mí no hay cosa más sencilla que ser el alma de una fiesta,
querida. Permiso, ya llegó la directora y con ella está mi profesora. – me
estaba dirigiendo al aula, cuando Valeriana, que iba en la dirección opuesta,
me dio un empujón.
- ¡Ay, perdón!
¡No me di cuenta!
- Sí, claro…
Los años no te hicieron madurar, sólo buscar mejores métodos y diferentes
excusas, ahora cambiaste la zancadilla por la bravuconada… igual, ya te vas a
caer del caballo… ¡Literal y peyorativamente! Quiero suponer que no se te
olvida lo de tu pierna fracturada… ¡No, no, ya veo que no, estás leyendo a
Stephen King! – la cara de Valeriana se transfiguró sin magia. Muda como una
lápida, se retiró a estudiar. Y aún no había empezado oficialmente la jornada.
El predio de la institución
parecía no tener límites. Obviamente debido a un hechizo de ampliación sólo
perceptible a los ojos de un mago o una bruja. El aula que me correspondía esa
mañana era la de matemática y hacia allí me dirigí. Quedaba en la planta baja a
la derecha del edificio central, cruzando el soleado patio pulcramente barrido
y adornado con macetas y canteros.
Una de las cosas que le llamó la
atención de mí al cuerpo docente, fue que yo nunca llevara libros a las aulas.
Para algunas de las monjas que tenían carácter fuerte y conservador, eso
generaba conflictos.
- Kapatelis… -
la hermana Celmira se había acercado a mi pupitre, buscando a quién reprender -
¿usted no piensa hacer el trabajo práctico? ¿Dónde está su libro? ¿No leyó en
el instructivo de ingreso que ya lo tenía que tener comprado?
- Ya terminé,
hermana. – le entregué tres hojas de carpeta, protegidas por un folio de
acetato.
- ¿Tan rápido?
- Hice un curso
de verano de lectura veloz. Muy útil.
- ¡Notable! O
sea que, debo entender, usted ya se sabe de memoria todos los libros de primer
año, de todas las materias.
- Sí, hermana.
Dicen que es típico de las personas con alto coeficiente intelectual.
- Así debería
ser… Ya le corrijo… a ver… ajá… sí, sí… muy bien… es buena con la matemática…
hmmm… sí, bien. – la docente recorría los papeles una y otra y otra vez,
tratando de encontrar el más mínimo error. Se fue a sentar a su escritorio y
desde allí siguió hablando – Está aprobado. Vamos a la práctica oral. – la monja sacó otras tres hojas de un cajón
de su izquierda y me las entregó – Resuelva estos problemas del libro de ingreso
a la universidad en el pizarrón.
- Sí, hermana.
– llené la gran pizarra de ecuaciones y teoremas, sin siquiera detenerme a
cambiar la tiza. Claro está, la misma se renovaba por sí sola, debido a la
magia restauradora.
- Bien… Puede
tomar asiento… Y por favor, aunque se los sepa como el Padrenuestro, ¡traiga
los libros a mi clase o su puntaje final se verá afectado!
- Sí, hermana.
– con fastidio, volví a mi asiento.
El recreo, al principio, era aburrido. Al
tratarse de un colegio de señoritas, no había un buen panorama para tomarme un
desquite “de origen hormonal”. Buscar en qué distraerme fue todo un reto. No
podía pasarme todo el tiempo en la biblioteca, en algún momento, los libros se
terminarían, y cuando yo me aburro, ¡soy terrible! Necesito estar haciendo algo
o mi magia se acumula… Muchas veces he necesitado una descarga en algo. En lo
que fuera…
- ¡Hola,
peludita! ¿Se te perdió el peine? – Valeriana se estaba buscando problemas en
el baño de la planta baja.
- A mí, no…
pero a vos, parece que sí se te perdió… ¡la falda! – y dicha prenda desapareció
de su lugar…
-
¡Ahhhhhhhhhhh! – el grito se escuchó en todo el patio. Hasta la hermana
celadora vino al baño.
- ¡¿Qué está
pasando aquí?!... ¡¿Qué son esos gritos?!... ¡Señorita Asencio!... ¡¿Pero qué
se ha creído que es esto?! ¡¿Un burdel?!... ¡Ya mismo se adecenta y se presenta
en la oficina de la señora rectora! – y allá fue Valeriana, a vérselas con tía
Ivanka… Quien por la tarde me llamó para
que le diera explicaciones.
- ¡Marijazmín!
¿Primer día de clases y ya estás usando la magia para hacer travesuras?
- No lo pude
evitar… Valeriana no es una desconocida para mí…
- Hablame de
eso, por favor.
- Fuimos a la
misma escuela en Buenos Aires… y desde allí tenemos una rivalidad… encarnizada.
- ¡Ajá!
- Ella era la
que siempre hacia que mi magia involuntaria saliera a la luz, me parece que
sigue igual…
- Eso veo…
- Lo más grave
que “le hice” fue una fractura en una
pierna…
- Hmmm… eres
poderosa
- Gracias.
- Trata de
evitar este tipo de episodios, ¡por graciosos que se vean! Y por mucho que se
lo merezca.
- Lo intento… ¡palabra!
- Yo creo que
te vendría bien alguna actividad para los recreos, que te aleje de los conflictos.
- Tiene que ser
algo que ella no pueda hacer…
- Vamos a ver
su ficha… hace gimnasia… equitación… natación.
- ¿Patín?
- Podría ser… la
cancha de básquet se puede lustrar un poco más…
- Bien. En el
próximo recreo, ¡a patinar!
- ¡Gracias,
tía!
- Por nada. – Y
así zafé de una sanción.
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