LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS
IV – El juicio
Marzo 4
Querido Diario:
Gloomie está dejando la nueva
casa hecha un primor. Le encanta decorar. Siempre está cambiando alguna cosa de
lugar, poniendo flores aquí, pintando allá, trayendo adornos élficos, casi
diría que es un hobby.
Hoy, a primera hora de la mañana,
oficialmente, me terminé de mudar. Al mediodía llega el resto de mi familia
para la fiesta inaugural. Y eso no es todo. El Ministro de Asuntos Domésticos
Mágicos me obsequió a Topace, una elfa doméstica, para que me sirva como ama de
llaves. Gloomie la recibió muy feliz, al parecer ya se conocían, hace un rato
me lo confirmó. Fue su compañera detención, cuando fue juzgado por mal
desempeño de sus deberes con los amos. Algo que suena ridículo en alguien como
él, pero lo cierto es que la culpa fue totalmente mía, al haberle dado pie a
Vanessa para cumplir con su tan anunciada “venganza”.
Aquél mensaje que Brisa trajera a nuestro
sitio de veraneo me estropeó las vacaciones. Lo complicó todo, y
fundamentalmente, me hizo temer por mi querido elfo. La misiva era una orden de
apercibimiento para mí y para él, como ya dije antes, por mal desempeño. No lo
podía creer. No debía ser así. Se llevarían a Gloomie castigado y lo someterían
a juicio por mi culpa.
Nona Nilda me lo había advertido:
le estaba dando a un esclavo un lugar que no le correspondía. Gloomie no podía
seguir durmiendo en mi cuarto por las noches, como cuando yo era una niña. Ya
había crecido. Estaba en la mitad de mi educación como bruja. Era tiempo de
hacer un cambio, de comenzar a desprenderme de él. Pero me negaba y tuve que
hacerlo por las malas. Recuerdo que lloré todo ese día y ni siquiera podía
bailar. Lissa me llamó indignadísima, quería contratar un abogado para que me
devolvieran a Gloomie.
- “¡No te puedo
creer!”
- Pero es así,
Lis, se lo llevaron. Mañana tengo que declarar.
- “Igual se
sabe que tu caso es especial.”
- Les importa
muy poco. Tratan a los elfos domésticos como basura. En casa de los Riccardi,
tenés el ejemplo más claro con el pobre Viktor. A mí me llama todo el tiempo
“Alteza” y Giampaolo lo ningunea tanto, que ese detalle tan peligroso para mí,
ni siquiera lo notó jamás y siguió dejando que mandaran a los pasantes de
Omega, cuando ese dato le podría haber significado un importante ascenso en la
secta. No les interesa. Son material de descarte para todos esos brujos del
ministerio. Ahora tienen una buena excusa para ejercer su superioridad.
-“En eso tenés
razón. Te prometo que lo vamos a sacar de ahí. Yo lo llamo a Ian para que
testifique.”
- ¡Gracias,
gorda!
- “Por nada. Y
tranquila, me encargo de todo.”
- Bueno, te
tengo que dejar. Me espera otra audición para entrar en el Colón.
- “Suerte.” –
corté la comunicación por varita, y de pésima gana, me dirigí con mi madre al
famoso estudio. Allí lo que para mamá era un sueño dorado, para mí era una
pesadilla.
- Estuvimos
viendo el video de tu performance y estamos más que satisfechos. Te sobran las
condiciones para ser prima ballerina en cualquier cuerpo de danzas. Acá te dejo
el formulario de solicitud, aprobado, quédate con el original y sacale una
fotocopia.
- Listo.
- Ahora bien.
Vamos a otra cosa. Si te quedás con lo del Colón, lo cual me parece perfecto,
vas a ser una más del montón. Pero estoy seguro de que das para muchísimo más. Con
esfuerzo y ganas te puedo llevar a la cima. Serías la Prima Donna más joven de
la historia en llegar al Bolshoi o al American… o de dónde te quieran
contratar. El precio es… sacrificio y dedicación. Horas de entrenamiento y
ensayo, cuidados, preparación, planes alimentarios, lo que sea útil para
mantener tu estado físico, vigilando tu desarrollo. ¿Qué edad tenés,
Marijazmín?
- Trece.
- Hmm… vamos a
incluir una ginecóloga para adolescentes…
- Ok.
- Estos son tus
horarios… - me tendió una ficha.
- ¡Ajá!...
Aeróbicos por la mañana… clases por la tarde… estudios coreográficos por la
noche… ¿Todo el año?... ¿Y el colegio?... tengo que empezar la secundaria, no
quiero dejar de estudiar.
- En la vida no
se puede tener todo, querida, pensalo… - me levanté con tanta amargura, que
hasta mi mamá se asustó. Eran demasiadas cosas juntas. Y desde luego veía todo
lo que implicaba. Detrás de ese acuerdo para convertirme en “estrella”, estaba
bien clara la intención de obligarme a dejar el colegio de magos.
Camino a casa, no pronuncié
una sola palabra y subí luego a mi cuarto sin saludar a nadie. No me detuve ni a
pensar en lo que estaba por hacer. Pasé por el espejo y aparecí en el interior
del Palacio de Gobierno Mágico.
Todo me daba vueltas en la cabeza, no pensaba solamente en
mis estudios, me angustiaba todavía más tener que dejar a los niños del
proyecto solidario. Recién en ese momento caí en la cuenta de lo egoísta que
era mi madre, nada le importaba, salvo ella misma y su prestigio. Mi mundo se
estaba desmoronando y no era mucho lo que yo podía hacer para evitarlo.
Estaba a punto de
deprimirme, cuando una bandeja de plata se me acercó volando. Sobre ella, había
una carta de Ian.
“Hola, Princesa:
Lissa me comunicó lo que está
sucediendo con Gloomie y de inmediato quise prestar toda la ayuda posible. Pero
como estoy imposibilitado para ausentarme de casa por encontrarme bajo juez de
minoridad mágica junto con Marcelino, y mamá está ocupada con el abogado, te
adjunto mi declaración testimonial, escrita de mi puño y letra con tinta de la
Verdad.
Por favor, no pierdas la
calma, estoy convencido de que Gloomie y vos son inocentes y de que quienes
deberían ser enjuiciados son tus padres.
Un abrazo.
Ian”
Con la misiva entre mis manos,
pasé a la sala de espera del despacho de Primer Ministro de Gobierno Mágico. La
secretaria me interrogó.
- ¿Nombre?
- Marijazmín
Kapatelis Prince-Lynch.
- ¿Asunto?
- Consulta de
urgencia. Educación Mágica elemental en riesgo.
- ¿Argumento?
- Semimortales
sobrecargando mis actividades en su reino.
- Perfecto.
Tome asiento, por favor, se la llamará por su apellido.
- Gracias. – me
acomodé en un sillón de piel de Tigre Blanco, tratando de conservar la calma.
Miré los cuadros de las paredes y me encontré, de pronto, con los pícaros ojos
de mi Nono Yorgo.
- ¡Sabía que tu instinto te traería hasta aquí!
- ¡Nonito! – me
quebré por completo.
- ¡No, Princesa, no llores!
- ¡Estoy desesperada!
- Eso veo. Le acabo de pedir a Nilda que le avise al
señor Krammer de tu llegada. Te recibirá de inmediato.
- ¡Te lo
agradezco mucho! – detrás de mí, resonó la voz del funcionario.
- Adelante,
señorita Kapatelis. – secándome las lágrimas, entré a la oficina - ¿Se
encuentra usted bien? La noto angustiada.
- Le aseguro
que no me he sentido así, desde la muerte de mi Nona Nilda.
- Ha de ser
realmente grave el motivo. Escucho.
- Los motivos.
Son dos. El menos grave es que mis padres están intentando hacer que abandone
mis estudios mágicos.
- ¡Por Merlín!
- El otro
motivo es que Gloomie ha sido encarcelado.
- ¡Cielo Santo!
- Básicamente,
mi madre pretende convertirme en una estrella de la danza clásica a nivel
mundial.
- Y esa
disciplina, con todo lo que conlleva, ocupará por completo tu tiempo.
- Equivale a
esclavizarme…
- … con el fin
de que mantengas la holgura familiar y olvides el reino mágico.
- Exacto.
- Sin duda
alguna, tienes un grupo familiar problemático. Pero no comprendo lo de tu elfo.
Jamás he visto que se desempeñe mal.
- Para ser muy
honesta, es mi culpa.
- Explícate
mejor.
- Todo comenzó
una noche de tormenta, en la que yo estaba muy asustada por los truenos. Le
ordené a Gloomie que se quedara conmigo hasta que me durmiera, sosteniendo mi
mano… desde entonces, duerme conmigo.
- Oh… tomó el
lugar de tus padres. Eso es preocupante… ¿Cuándo debes presentarte?
- En unos
minutos más.
- Bien… Iré
contigo, si no te molesta…
- ¡Me sentiré
honrada!
- Mientras
tanto, veré si podemos solucionar tu problema con los entrenamientos y el
colegio de magia…
- ¿Hay algún
modo de modificar el tiempo?
- Lo hay, pero
requiere de mucho papeleo… Ese tipo de procedimientos es muy usado por magos
oscuros. Los riesgos de que te detecten y te hagan prisionera, si es que
conocen el método correcto, son demasiado altos, Marijazmín.
- Lo imagino…
El Arco Seleccionador… ¿Se puede trasladar? Allí se detiene el tiempo para las
Veelas…
- ¡Hay una
solución mejor! ¡Acabo de recordarlo!... ¡Tiene que estar por aquí! – el Primer
Ministro se había puesto de pie, y estaba buscando un ejemplar de la
biblioteca, que estaba a la derecha del escritorio. Finalmente, lo encontró -
¡Este es! “Las Transgresiones”, de tu bisabuela, por cierto.
- ¡Debí
suponerlo!
- Leelo con
detenimiento… Y retirá del banco el bastón Kapatelis.
- De acuerdo.
- Espero
haberte sido útil, pequeña. Haces mucho por el reino mágico, es bueno poder
retribuirte, al menos, una mínima parte.
- Sólo hago lo
que me gusta. Bueno, es hora de ir al sector judicial, a ver si podemos sacar a
Gloomie de las dificultades en las que lo metí.
- ¡Vamos de
salida! – del brazo del mismísimo Primer Ministro del Gobierno Mágico, me
dirigí al juzgado. El lugar estaba repleto, lo cual me resultaba muy
sospechoso. Hasta Lissa lo diría. Y acertaría.
- Demasiada
gente, para un caso tan sencillo, ¿no cree?
- Es lo que iba
a comentar. – con eso ya éramos dos los que pensábamos igual. Sólo me tomó un
minuto descubrir qué era lo que sucedía que me resultaba dolorosamente
familiar: Vanessa Shaw estaba sentada entre el público, y uno de los miembros
del jurado era su madre… sin ninguna duda, se estaba tomando la revancha por el
incidente del baile del C.E.M., lo que significaba rebajarse a un nivel de
degradación mágica en verdad patético, nada nuevo para ella, que era una
arrastrada crónica, claro.
- ¡Ay, no! –
suspiré.
- ¿Algún problema?
- He caído en
una trampa escolar… - dije al Primer Ministro, señalando a Vanessa.
- Esa familia
siempre ha sido un dolor de cabeza para el colegio de magia. Las mujeres de ese
linaje de medio pelo sólo tienen un objetivo: conseguir marido.
- ¡Ni que lo
diga, señor Krammer!
- Ya van a
comenzar… - el juez, un funcionario enviado por el pueblo élfico, llamó al
estrado a la propia Vanessa, lo cual ya tenía un muy mal aspecto.
- Señorita
Shaw… usted fue quien proporcionó la información acerca del mal desempeño del
elfo doméstico aquí presente.
- Sí, señor
fiscal.
- ¿De dónde la
obtuvo?
- Escuché una
conversación entre su ama y uno de los retratos del colegio.
- ¿Cuál de
ellos?
- Nilda Lynch.
- ¡Vaca
mentirosa y de mala leche!
- ¡Tranquila,
Marijazmín! Como dicen los mortales, “La mentira tiene patas cortas”.
- ¡El único
retrato fuera de la Casa Lynch, medianamente accesible, está en su oficina,
señor Krammer y nadie podría ni asomarse a verlo sin una cita previa por una
causa justificada.
- El fiscal ya
lo sabe, hija.
- Bien… - el
fiscal continuó - ¿qué fue exactamente lo que usted escuchó?
- La señora
Lynch le advertía que su elfo doméstico tendría serios problemas, si seguía con
esa conducta.
- ¿Cuál
conducta?
- Tomar el
lugar de un mago humano adulto.
- ¿De modo que
usted asegura que el acusado asumió las funciones de un mago?
- Así es.
- ¿Conoce usted
al mencionado elfo?
- Sí, señor.
- ¿Cómo
describiría usted su servicio?
- Como el de
cualquier esclavo, aunque excepcionalmente dedicado a su ama. Casi diría que
obsesivo.
- Por
curiosidad… ¿en dónde se encontraba usted en el momento en el que escuchó esa
conversación?
- Eh… yo… iba…
al baño que está junto a la oficina de la rectoría… estaba mal del estómago… me
lavaba la boca cuando ellas se pusieron a hablar… apoyé la oreja en la pared…
- ¿Sabe usted
que las cuatro paredes del despacho del rector están hechizadas, para que
ningún estudiante pueda enterarse de lo que ocurre puertas adentro, y que el
dormitorio veélico del colegio goza del mismo privilegio?
- No, señor
Fiscal…
- No más
preguntas, señor juez.
- El siguiente
testigo… - llamó el juez. La carta de Ian salió volando desde mi bolsillo y se
ubicó en el estrado.
- “Ian
Fabrizzio Riccardi, estudiante de quinto año del colegio Sparkle para
Hechiceros y Brujas. Hijo de Alexia Giommini y Giampaolo Riccardi. Tres Cuartos
mago Humano un cuarto criatura del mar. Juro decir la verdad, toda la verdad,
nada más que la verdad. Conocí al elfo doméstico de nombre Gloomie, hijo de
Sasha y Greysie, ambos propiedad de la familia Lynch, el día de mi ingreso al
colegio, asimismo, conocí a su ama, la señorita Marijazmín Kapatelis
Prince-Lynch, en el arriba mencionado centro educativo, y he estado en su
domicilio del reino mortal y visto por mí mismo el impecable desempeño del
servicio doméstico mágico. La acusación de Suplantación de mago adulto no tiene
sustentación en tanto y en cuanto la señorita Kapatelis es hija y nieta de semi
mortales, a quienes se debería enjuiciar por trato negligente a hacia una Veela
menor de edad. Me consta que sus progenitores no se hacen cargo de sus
necesidades mágicas básicas y que ella sustenta la riqueza de su familia con la
reserva bancaria de su propia herencia veélica; única razón por la cual le ha
sido permitido conservar criaturas mágicas en su poder. Durante los años de
curso escolar, he conocido su historia de vida y las razones por las que se
aferró al cariño y la lealtad de su Elfo Doméstico.”
- ¡Revisen el
documento! ¡Es una falsedad! – exclamó Vanessa - ¡Magia de Veelas!
- ¡Silencio en
la sala! – ordenó el Juez – La testigo debería saber, a esta altura de sus
estudios mágicos, que ningún documento falso permanece indemne en manos de una
Veela. La carta del señorito Riccardi está escrita con tinta de la Verdad, es
por eso que podemos escuchar la voz del testigo. Si no tiene nada más que
agregar, le sugiero que no vuelva a interrumpir o la desalojaremos de la sala.
– Vanessa se retiró del lugar, no sin antes dirigirle una mirada furiosa a su
madre.
- ¡Te voy a
destruir! ¡Ian me pertenece! – susurró al pasar a mi lado.
- Siguiente
testigo: Señorita Marijazmín Kapatelis Prince-Lynch. – me acerqué al banquillo,
presté juramento y me sometí al interrogatorio.
- ¿Cómo llega
el acusado a ser de su propiedad?
- Por contacto
sanguíneo al nacer. Consta en el legajo de la Academia Élfica. Atendía a su
madre durante el parto.
- ¿Qué edad
tenía usted?
- Siete años.
- ¿Cuándo tomó
posesión del esclavo?
- Al regresar
del entierro de Greysie, Sasha me lo entregó.
- Se lo acusa
de mal desempeño de sus deberes como esclavo, de tomar el lugar de un mago
adulto, y de manipular varitas. ¿Responde usted por él?
- Es mi culpa.
De pequeña, me asustaba cuando mis padres me dejaban sola en casa. Y me
aterraba cuando había tormentas. Una de esas noches, en las que, sin
importarles en absoluto lo que me pasara, mis familiares se iban a sus fiestas
o simplemente a jugar al casino, se produjo una tormenta en la que por muy poco
no se inundó la casa. Yo no podía dormir, y Gloomie estaba preocupado por mí.
Me contuvo, me arropó en la cama, y permaneció todo lo cerca que su condición
de sirviente le permitía… yo le pedí que se quedara sobre mi almohada y tomara
mi mano… lo siguió haciendo todas las noches… Gloomie… Gloomie no es un
esclavo… Gloomie es mi amigo, mi compañero… ciertamente, reemplazó a mis padres
en muchas oportunidades, pero era su deber. Le debo mi sobrevida, tanto como se
la debo a mi bisabuela. Espero que el jurado sepa entender que mi vida estuvo
en juego muchas veces, y que fue un esclavo quien intervino en el momento
oportuno, para evitar una tragedia o para enseñarme a salir adelante, en las
peores dificultades. Gloomie se inmolaría por mí, y al igual que sus padres, no
sabe vivir sin su ama. ¿Cuántos de los aquí presentes querrían tener un amigo así?
Un amigo capaz de hacer lo imposible por ayudarte, por conseguir que alcances
tus metas, por impedir que las injusticias y las trampas de tus compañeros
tengan éxito, por buscar la forma de solucionar tus problemas, por compartir
tus miedos tus inseguridades… como en la última prueba para ingresar al C.E.M… La
levitación siempre fue mi especialidad, pero a la hora de combinarla con el
vuelo acrobático, se me dificulta mucho, si quiero evitar mi natural
metamorfosis a mi ave genética. Gloomie intentó ayudarme a salir del paso.
Preparó mi dormitorio veélico con aromas relajantes, velas y me dio un masaje
con emplastos secretos élficos, pero sobre todas las cosas, me hizo redescubrir
el placer de la libertad al volar… y en cuanto a manipular varitas… es sencillamente
ridículo. Lo más cerca que estuvo de las mías, ha sido para remplazar la antena
del router y así pude tener Internet mágica. Y ni siquiera tuvo contacto
directo, ya que utilizó guantes de seda egipcia. Gloomie no es ambicioso, ni
egoísta yo lo crié, y sé qué valores se le han inculcado… es un Lynch. Parte de
mi familia. – guardé silencio. El fiscal no hizo más preguntas y el jurado
dictó su sentencia unánime.
- El gran
jurado del Reino Mágico resuelve: ante la acusación de mal desempeño del deber
de esclavo, declarar al elfo doméstico de nombre Gloomie, inocente. Ante la
acusación de usurpación del lugar de un mago adulto, declarar al procesado,
inocente. Y finalmente, ante el cargo por manipulación de varitas, declarar al
reo inocente y ordenar su inmediata libertad y restitución de sus funciones.
- ¡Gloomie! –
corrí a su encuentro, a la vista de todos. Lo abracé y me lo llevé de ese
horrible lugar - ¡Mi Gloomie!... ¡Tenía tanto miedo de perderte!
- ¡Gloomie
escuchó las palabras bonitas de la señorita Kapatelis y está muy feliz de
volver a casa!
- ¡Quiero que
celebremos esto! ¡Tengamos una fiesta en tu casa! ¡Con las cosas que más te
gusten y los invitados que vos quieras!
- A Gloomie le
agrada la idea.
- ¡Manos a la
obra! – fue la última fiesta, antes de iniciar el quinto año del colegio de
magia.
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