LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS


III – El Reino Mortal: Otra vez vacaciones en casa



Febrero 21




Querido Diario:



               Heredar mis propias llaves de un departamento, es heredar la parte Kapatelis de mi propio reino. Desde luego la idea de la cerradura estaba escrita en el libro de hechizos del Nono Yorgo.
               Llegué al edificio en mi auto y abrí la puerta con la tarjeta de crédito. Ni bien ingresé, en el ascensor se adicionó un botón en la parte alta del tablero con la leyenda “PH”.
               Llegué hasta lo alto del edificio y tal como lo sospechara desde un principio, aún era una terraza. Había mucho para hacer y era hora de comenzar.
               Le di dos toques de varita a la cerradura para que levitara hasta ponerse a la altura de una puerta normal… y una “puerta normal” fue lo que apareció de la nada. Luego todo fue sencillo y espontáneo, me recordó a mi infancia. Me descolgué el bolso y se materializó un perchero, me saqué los zapatos y antes de sentarme, ya tenía un hermoso sillón de dos cuerpos con almohadones de terciopelo negro y rojo. Así, toda la decoración: el comedor, la cocina, el cuarto de baño, mi dormitorio, la biblioteca, y la sala de reuniones con acceso al reino mágico desde un espejo de plata o la chimenea dimensional, una modernidad que Nona Nilda jamás permitió debido a la obstinación de su carácter conservador.
              No hay nada como ser independiente, Gloomie trabaja tranquilo, las aves de correo ya no están amenazadas y sobre todo, soy la jefa de la casa: ni mi madre, ni mis cuñadas se atreven a decir ni “mu”, todo lo diametralmente opuesto a aquél verano previo a mi cuarto año en Sparkle…
              Mamá cayó en la cuenta de que yo hacía dos años que usaba soutien y tenía más y mejor busto que ella y de que mi cabello volvía con aroma a peluquería más seguido de lo que ella misma se permitía. El resultado fue una obvia competencia entre madre e hija, que se notaba desde lejos.
- ¡Ah! ¡Llegaste! ¡Cambiate de ropa! – me ordenó mamá antes de que yo terminara de bajar la escalera.
- ¡Ya me cambié!
- Mangas largas, un vaquero ancho, zapatillas cerradas, ¡pelo atado!
- ¡Hace calor!
- ¡No interesa!
- ¡Es verano!
- ¡Así, no salís! ¡Te ponés un vestido suelto!... ¡Y largo!... ¡sin escote! – de pésima gana, subí nuevamente a obedecer. Cuando bajé al comedor, mamá estaba en minifalda negra, top de animal print, apenas atado en la espalda por un lazo y sandalias de quince centímetros de tacón, rojas con una plataforma enorme. Nada de eso era adecuado para su edad, claro. Conté hasta diez para no gritar y busqué una revista para tener algo con qué distraerme. En eso, llegó papá y se sorprendió con el panorama que contempló.
- ¡Ah, Marijazmín! ¿No te sacaste el uniforme?
- No, pa. Es un vestido que mamá considera adecuado a mi edad y a la época del año.
- ¡Ajá!... ¡Dejame verte!... Te hace falta ropa nueva… - papá sacó su tarjeta de crédito y su identificación. Después tomó la revista que yo estaba hojeando – Comprate uno de estos enteritos cortos que se usan, un traje de baño, zapatos de verano… y ropa interior nueva. Lo que más te guste de las casas de moda.
- ¡Gracias!
- ¿No termina de llegar y ya la mandás de shopping? ¡Después mi hermano dice que es una malcriada y tiene toda la razón del mundo! – interrumpió mamá.
- ¡No irás a permitir que salga vestida de monja con treinta y tres grados a la sombra!
- Tampoco va a salir hecha una loquita, ¡no tiene trece años!
- Vos menos que ella, ¡hace rato que pasaste los cincuenta!
- ¿Quién lo nota, con mi figura?
- ¿A tu hija no le está pasando lo mismo? ¿Se está poniendo linda y no te gusta la competencia? ¡Por favor, Nereida, ubicate! ¡Sos adulta y tenés una hija adolescente! ¡Hola! ¡La “teenager” es ella, no vos! – no seguí escuchando, pero por una vez en la vida, papá se puso los pantalones.
              Compré todo lo que me dijo con su tarjeta, y después me fui un rato al reino mágico. Allí no hace tanto calor en verano, pero nadie se priva de las golosinas élficas: helados, tortas, postres, chocolates, caramelos, algodones de azúcar… ¡Todo delicioso y nada engorda ni provoca caries!
             La ropa de verano es sensacional, liviana, simple, colorida, y alegre. Los zapatos nunca duelen y ese año se habían puesto de moda las mariposas en las sandalias. ¡Quedaban espectaculares!
             Las Fiestas las pasamos los tres solos, pero el verano iba a ser largo… ¡y en casa! Varios de mis hermanos esperaban familia y no nos podíamos mover hasta los respectivos partos…

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Espejo de Plata

El Espejo de Plata

El Espejo de Plata