LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS


Febrero 24




Querido Diario:


              Los informes de mis espías son más que satisfactorios, nadie sospecha de ellas y para nada me extraña. Fue muy sabia la decisión de ocultar el renacimiento del pueblo veélico, teniendo en cuenta la naturaleza brutal de esa clase de magos oscuros. Más del cincuenta por ciento de ellos es analfabeto o semi analfabeto. Aprendieron por imitación y su teoría fue enseñada en forma oral. Nada saben de la mayoría de las criaturas mágicas. Gran punto a nuestro favor.
             También he pedido un reporte acerca de la población escolar actual de Sparkle y las dimensiones exactas del castillo. Ya tengo un plan y espero que sea exitoso. Tan exitoso como mi popularidad en la secundaria, más allá de mi ingreso al C.E.M.
            Necesité la colaboración de la profesora Fletcher para pasar la tercera prueba. Esquivando sobres voladores, me dirigí, en un recreo, a la sala de descanso de los docentes.
- Buenos días, profesora Fletcher.
- Buenos días, Marijazmín. ¿Necesitás algo?
- Perfeccionar un hechizo para buceo.
- ¡La prueba del agua! Ya han venido a pedirme ayuda, pero sin tener idea de lo que en realidad quieren, de modo que las he rechazado.
- Bueno… yo había pensado en una burbuja de oxígeno que me permita deslizarme corriendo de una orilla a la otra.
- Tendrá que ser resistente a la superficie del lecho y a los peces con espinas en las escamas.
- Lo tenía previsto. La abuela de Ian Riccardi era sirena y sus familiares aún se contactan con la señora Alexia, de modo que la fauna marina no será un problema grave.
- ¡Excelente! Toma nota de tu peso, tu altura, tu velocidad al correr, tu ritmo cardíaco y así veremos la cantidad de oxígeno que consumirás. Eso nos dará una idea del tamaño y demás dimensiones de la burbuja.
- Entendido… ¿Necesitaré algo del invernadero de mi bisabuela?
- ¡Aquí hay una lista de lo que debes buscar!
- ¡Gracias! Lo tendré todo esta misma tarde… incluyendo las algas arcoíris.
- ¡Sabía que podía esperar eso de vos, Marijazmín! ¡Ahora, a clase!
- ¡Ya mismo! ¡Y muchas, muchísimas gracias! – corrí a salón que me correspondía. Pasado el mediodía, regresé a casa para ir al invernadero en busca del material que necesitaba y de la caja duplicadora. Luego me senté al escritorio para diseñar más panfletos de los que ya había hecho y a pegarlos en todas las pizarras del colegio. Ya se habían inscripto al menos cien chicos para trabajar en los buses. Eso era y es lo bueno de ser Veela: a nada me pueden decir que no. Y realmente cumplen con lo que se les pide. Me han agilizado muchísimo el trabajo. Lo que implicaba un poco más de tiempo libre, que yo aprovechaba para preparar las pruebas, estudiar y poner en práctica todo lo que aprendía de los cuadernos de hechizos de mis ancestros.
              Esa tarde, bajo la excusa de pre cocinar los ingredientes de la pasta de la burbuja de oxígeno, me reuní con Lissa, quien necesitaba desahogarse en forma urgente.
- ¡Menos mal que te hiciste unos minutos! – mi amiga tenía los ojos llenos de lágrimas.
- ¡Sí, sí! Ponete cómoda… te escucho… ¡desembuchá!
- ¡Hhh! Si no lo estoy ya… voy a estar en problemas… en más de un aspecto… Marijazmín… estoy enamorada del profesor Cliff… - susurró y estalló en lágrimas.
- ¡Amiga! – la abracé. Nos quedamos en silencio pensando en el futuro de esa relación, en el caso de que se diera, y en la cantidad de palos en la rueda que nos iban a poner. Para Lissa era el fin del mundo… no sabía si decirle lo que ya conocía del asunto o no. Finalmente, con los ojos enrojecidos, siguió hablando.
- Me felicitó por mi trabajo de hoy… le regalé el muñeco para su colección personal… ¡Amiga, estoy muy asustada!
- No quisiera estar en tus zapatos… ¿sucedió algo que yo deba saber?
- Cuando nos despedimos… su mano rozó la mía…
- ¡Hhhh! ¡Qué romántico!
- ¡Ojalá hubiese sido todo!... ¡hhh!
- Debí suponer que había algo más… ¡Gloomie!
- ¿Señorita Kapatelis?
- Traele a Lissa una taza grande de té de hierbas tranquilizantes.
- ¿Lo acompaño con galletas élficas? Son las favoritas de la señorita Giommini…
- ¡Desde luego! – el elfo se dio a la tarea – Contame bien… ¿pasó algo fuera de lo normal en ese momento?
- ¡Todo!... ¿Vos te acordás de que los sanadores me dijeron que desarrollaría facultades para las artes adivinatorias?
- Como si me lo acabaras de contar…
- Bueno… Al contacto de la mano del profesor Cliff… todo desapareció a mi alrededor… fue como si hubiese estado rodeada por cuatro o cinco espejos veélicos… en cada uno se podían ver diferentes escenas del futuro de ambos… y del resto del mundo… ¡Algunas cosas eran terribles!... ¡Y todo, todo estaba sucediendo al mismo tiempo!... ¡Era exasperante!
- ¿Cuánto duró la visión?
- ¡No tengo idea! ¡A mí me parecieron horas!... pero no creo que hayan sido más de un par de segundos… él no se dio cuenta de nada…
-¡Asombroso!
- Para mí es espantoso… ¡No me gusta!... ¡No quiero saber lo que sucederá sin que pueda evitarlo! ¡Todo será una pesadilla! ¡No podré mirar espejos, ¿me vas entendiendo?! ¡No quiero nada de eso! – no había manera de consolar a Lissa. Gloomie le sirvió el té. Ella lo tomó sin dejar de llorar.
- Deberías tomarte las cosas con más calma.
- Lo intento… Quiero ser una bruja normal, sin nada que tenga que ver con pasar los límites hacia la magia oscura…
-¡Ajá!... Lissa… escuchame bien… sos una excelente persona. Nunca, pero nunca, vas a cambiar eso. Además, según mi Nona Nilda, eso de que si se tienen poderes adivinatorios, también se tiene tendencia a la mala magia es un mito. El hecho de que ningún Kapatelis se haya pasado al lado oscuro y de que seas alérgica a los elementos prohibidos, lo prueba. – Lissa me miró y sintió alivio - ¿Ves? ¡Te habías ahogado en una cucharita de té!
- No sé…
- ¿Eso era todo lo que te daba miedo?
- Sí.
- Entonces… lo que te pasa con el profe, no te asusta, ¿o sí?
- ¡Lo del profe es otra cosa!... A lo sumo me tendré que fumar alguna escena de celos de la tutora, pero más allá de eso… nada… y… ¡prometeme que vas a cerrar la boca!
- ¡Siempre!
- Se le escapó algo que me hizo entender que el sentimiento es mutuo…
- ¡Wow!... Pero no me extraña.
- ¿Vos sabías algo?
- Más o menos… bueno sí, sabía. Pero cuando lo supe… creo que ni él se había dado cuenta.
- No entiendo…
- Les pasa mucho a los hombres… los de afuera ven el sentimiento, antes de que el… protagonista lo admita…
- ¡Ajá!... ¡Es tan lindo!... Todo un caballero…
- ¿Te dijo algo?
- Cuando vio que entendí sus silencios elocuentes, sólo me sonrió… y prometió que mi trabajo ocuparía un sitio destacado en su colección personal.
- Muy adecuado… ¿Estás mejor?
- Bastante.
- ¿Querés ir de compras? Necesitamos pergaminos, tintas, purpurinas mágicas y otros materiales de dibujo.
- ¡Las invitaciones! ¡Me olvidé por completo!
- ¡Exacto! Gloomie se va a encargar del diseño.
- ¿Tarjetas élficas?
- ¡Sí, sí!
- Y falta el vestido…
- … Y los zapatos. Hay que tener todo listo con tiempo.
- ¿Vamos en el descanso de vuelo y Alquimia? En cuarenta y cinco minutos volvemos…
- Perfecto. – Lissa terminó su segunda taza de té y las galletas que le amasó Gloomie y con el estómago más cargado de lo aconsejable, las dos nos dirigimos a la pista de acrobacias en escoba.

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