LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS

VIII – “Magia Mortal”


Marzo 15


Querido Diario:

               Se casó el último de mis hermanos: Nicolás. Dudo que ese matrimonio se prolongue por mucho tiempo, ya que él siempre fue muy mujeriego. La “afortunada” es una aristócrata que vive en San isidro y compró un edificio completo de departamentos para mudarse en pleno centro de Buenos Aires.
               Mis cuñadas no se caracterizan por saber de términos medios: o son fanáticas religiosas, o ateas, o lo que es todavía peor, supersticiosas al extremo.
- ¡Ay, no! – exclamó Felícitas, el primer día que Nico la trajo a casa - ¡No me acuerdo si entré con el pie derecho o el izquierdo! – y ese fue nada más que el principio. Evidentemente, Valeriana no era la única de esa especie…
              Por la mañana siguiente de aquél día, Gloomie apareció en mi dormitorio, cargado de cosas extrañas: amuletos, restos de velas y porta sahumerios.
- ¡Buenos días, señorita Kapatelis!
- Buenos días, Gloomie… ¿Qué es todo esto?
- Gloomie se tomó la libertad de hacer una limpieza élfica completa en el establo… Estas cosas estaban debajo de los jergones de paja…
- ¡Hmmm!... Parece que Valeriana se volvió adepta a las “Artes Mágicas” de invención mortal.
- Resulta evidente, amita.
- Llevate todo al cráter del volcán activo más cercano que encuentres.
- Enseguida, amita.
- Gracias. Te espero en Sparkle a la hora acostumbrada.
- De acuerdo, señorita Kapatelis. – Gloomie desapareció y yo atravesé el espejo.
- Ya era hora de que llegaras, Marijazmín. Ian está desesperado por hablar con vos.
- ¿Y por qué no me llamó por varita?
- Se la confiscó el juzgado, por el juicio de divorcio de los padres, para evitar incidentes. Viene de la casa de Giampaolo.
- Entiendo, no pueden arriesgarse a que su padre se la robe para cualquier cosa fuera de la ley.
- Te está esperando en el aula de Biología Mágica.
- ¡Corramos! – en segundos, nos encontramos con él.
- ¡Princesa! – me abrazó.
- ¿Cómo estás?
- Con demasiadas cosas en la cabeza…
- Y muchas ganas de escapar de tu “novia contratada”…
- La mataría, si pudiera…
- Bueno, calmate… ¿Me buscás los informes de las escuelas móviles?
- Sí…
- ¿Cómo van los hospitalitos?
- Necesitan vacunas de descubrimiento reciente…
- Llamemos a Irina en el almuerzo… ¿Harías algo entretenido?
- ¡Obvio!
- Te explico… tengo una compañera en el colegio del reino mortal, que necesita una lección… y es muy supersticiosa.
- Me gusta la idea.
- Ok. Nos vemos en la biblioteca, tengo un plan. Ahora, juntá los libros, que ya llega el profesor McCleod… - y una nueva travesura en equipo comenzó a gestarse.
              Entre varias pilas de pesados ejemplares, comencé a explicar mi idea.
- Se trata de una típica cheta, que se cree superior al resto del mundo.
- Una versión mortal de Vanessa.
- ¡Tal cual! El otro protagonista es uno de los cuidadores de caballos. Descubrí la situación analizando los videos de las cámaras de seguridad. Se llama Uriel Craveri Vicuña-Seoane, un chico de condición humilde, y feo, muy feo. Valeriana le hace la vida imposible…
- ¿Y está perdidamente enamorado de ella?
- Exacto. Ese es uno de los aspectos de la situación. Es otro es el tema de la superstición y el hábito de Valeriana de consultar adivinos.
- ¡Ajá!
- Por lo que estuve leyendo en su casilla de correo electrónico, parece que un curandero brasileño le dijo que yo le estoy “haciendo un daño”.
- ¿Qué? – los dos me miraron sin entender una sola palabra.
- Que la estoy hechizando y por eso todas sus cosas van de mal en peor.
- ¡Ah!... Igual, a mí me suena muy peligroso, Marijazmín. El Primer Ministro de Gobierno es el que se ocupa de esa clase de gente, porque está capacitado para eso, nosotros somos estudiantes.
- Tranquilos, todo está bajo control. El tipo lo que busca es sacarle plata a como dé lugar.
- ¿Cómo sabés?
- Le escribí yo, y me salió con lo mismo. Y encima, me describió, paso a paso, lo que él mismo le hizo comprar a Valeriana para “contrarrestar” lo que supuestamente yo le hice.
- ¡Qué tonterías!
- ¿Ves? Le hace falta un buen escarmiento.
- ¡Ya lo creo! – comentó Lissa, con brillito en los ojos.
- Yo pensé en lo siguiente: en menos de un mes, se abre la temporada de equitación, con un baile a todo lujo.
- ¿Querés que vaya con vos?
- NO.
- ¿NO?
- Quiero que le alquiles un caballo… y la invites al baile…
- No entiendo… ¿con quién vas a ir vos?
- Voy a bailar con el más feo.
- Voy entendiendo… - interrumpió Lissa – Vamos a darle demasiado de todo, ¿no?
- En cierto modo, sí. El resto va a venir por parte de mis primas.
- ¡Esto se pone lindo!
- ¡Sí, sí!
- ¿Cuándo empezamos?
- En cuanto Valeriana se reincorpore a clases.
- ¿Qué le pasó?
- Su caballo la tiró de la montura.
- ¡Uh!
- Ella lo maltrataba de todas las formas que te puedas imaginar, así que se puede decir que se lo buscó… acá tenés fotos…
- Es bonita.
- ¡Y creída!
- ¿Ese es el caballo?
- Sí.
- Un animal de bajo peso…
- Lo mata de hambre.
- ¡No te puedo creer!
- Es casi inhumana… Una máquina de inventar caprichos.
- ¡Ajá!
- Te quiero impecable y con sonrisa matadora permanente.
- ¡Para vos, siempre, princesa!
- Y esas amabilidades, guardalas para Valeriana.
- ¡Uff!
- Es temporal. Tranquilo. Tengo todo pensado.
- ¡Eso es, precisamente, lo que no me deja tranquilo!
- ¡Ji,jí! – seguimos diagramando el plan, que incluía una hembra de pegaso de color negro llamada Tabatha y el Spa de mis primas veelas capaz de transformar un sapo en príncipe.
            Por supuesto, cuando la Asencio finalmente se reincorporó, puso el grito en el cielo, ni bien se enteró de que tenía un mes de suspensión en equitación y que Fantoche estaba en mi caballeriza.
- ¡Pero quién se cree que es, esa! ¡Primero me tira del caballo y ahora me lo roba!
- No te robé nada, corazón. – le respondí – Tuve que hacerme cargo de todo lo que vos dejaste en un estado calamitoso. ¿Por qué no decís a grito pelado que a ese pobre animalito nunca lo cepillabas, no le dabas de comer, no le pedías veterinario y además de todo esto lo castigabas por nada? ¿Por qué no publicás en tus redes sociales, que estás perdiendo torneos, con un caballo de bajo peso, enfermizo y frágil? De todo eso, yo me estoy ocupando. Fantoche tiene para un mes y medio de reposo, hubo que medicarlo y hasta desinfectarle llagas de latigazos. ¡No te robé nada, miserable! Rescaté lo poco que quedaba de un ejemplar excelente, por el que el colegio pagó una fortuna. Permiso, ¡le toca un antibiótico! – la aparté de un empujón y fui a buscar el botiquín - ¡Y mantené tu trasero lejos de mi establo, porque te vigilan las cámaras, que ya te trajeron bastantes problemas!
              Valeriana acababa de perder el primer round. Necesitaba desquitarse con alguien. Y era obvio que el pobre cuidador iba a ser la víctima consuetudinaria. Sin embargo, esa vez, lo salvó la campana y el anuncio del baile de apertura de la temporada de equitación. En toda la semana, no se habló de otra cosa. Era el momento de que Ian entrara en acción.
- Tenés que saber bien cómo está estructurado el colegio, para que puedas encontrar todos los espejos veélicos y poder escaparte a tiempo. – le recomendé.
- Correcto.
- Repasemos: al entrar por el frente, el más cercano es el de la oficina de la rectora. A la izquierda tenés otro dentro de la cancha de básquet, en el ascensor del medio.
- ¿El campo de deportes?
- Detrás del edificio principal, ahí tenés dos más: uno en el fondo del natatorio y otro en mi caballeriza.
- OK.
- Y el último, por si se atreve a llevarte a los dormitorios, en el cuartito de baño de mi cubículo.
- Perfecto.
- Básicamente, lo que va a suceder es lo siguiente: todas las chicas van a querer estar con vos desde el momento en que tía Ivanka te presente, lo cual va a despertar la obsesión de Valeriana por tener lo que las otras quieren, antes de que ellas lo logren.
- O sea, que nada va a pasar por ningún tipo de sentimiento.
- ¡Ajá!... una vez que le hagas creer que captaste su atención, le vas a ofrecer a Tábatha para las competencias. Por supuesto, ella no va a aceptar a una persona tan negativa.
- Ahí es donde se va a volver dependiente de mi ayuda con el entrenamiento.
- Primero con vos, después con Uriel.
- ¿Qué hay de la suspensión?
- Corre en cuanto a los animales que son propiedad del colegio, no tiene ningún efecto con los alquilados.
- Con el entrenamiento pasa lo mismo, ¿no?
- Claro.
- Vamos a necesitar un aras…
- Lo fabricamos.
- ¿Cómo?
- Con esto… - dije extrayendo una cerradura de uno de mis bolsillos – Es de mi tía. Nunca tiene tiempo para ponerse a construir. Así que lo vamos a hacer por ella.
- Pero… ¿Cómo lo vamos a disimular?
- Con diez días de niebla élfica…
- ¡Inteligente!
- Empecemos ya mismo. Irina y Elektra nos esperan a medianoche en el centro del terreno que compró mi tía.
- ¡Perfecto!
- Quedate detrás del espejo hasta que te llame. Voy a mi cursada.
- Que tengas buen día.
- ¡Gracias! – salí de mi caballeriza y corrí al aula.
              En el primer recreo, me dediqué a vigilar a Valeriana. Desde luego, andaba en busca de Uriel para molestarlo.
- ¡Escuchame, pedazo de incompetente! ¡Quiero un caballo para este fin de semana, cosa de poder entrenar con tiempo!
- Va a ser difícil. Todos los aras están completos hasta el fin de la temporada de equitación. Usted ya debería saberlo, señorita Asencio.
- ¡No me interesa! Traelos de Argentina, si es necesario. ¡Pero quiero un caballo para ganar el torneo de este año, ¿escuchaste bien?! ¡Ahora sacá tu cara de infeliz del alcance de mi vista! ¡Das asco, deberías bañarte y usar desodorante! ¡Apestoso! – haciendo volar a propósito la falda de su uniforme, dejando que el pobre chico memorizara hasta el último detalle del encaje de Bruselas de su ropa interior, Valeriana se retiró. Era demasiado evidente que le encantaba provocarlo. Y Uriel moría de amor por ella, a pesar de todo. Lo cual era muy injusto, claro… y contradictorio… no me cerraba. Hasta que se me ocurrió una idea esclarecedora.
- ¡Nixie!
- ¡Marijazmín!
- Esa relación enfermiza entre Valeriana y Uriel… ¿no es extraña?
- ¡Hmmm!... volaré cerca unos minutos… o… no hace falta… hay un verdadero galán detrás de esa desprolijidad… y Valeriana está enamorada… ¡lo huelo!
- Entonces, ¡les daremos una mano!
- ¡Con gran placer!
- Me voy a acercar… tengo una excusa. – mi fénix volvió a su lugar y yo caminé hacia las caballerizas en las que Uriel estaba cerrando una planilla de vacunación y otros medicamentos – Buenas tardes.
- Señorita Kapatelis, ¡qué bueno verla! Excelente trabajo está haciendo usted con Fantoche.
- Gracias… Me pareció que esa chica Asencio estaba discutiendo con usted.
- Algo así… Es una estudiante exigente y una jinete brillante.
- Malcriada y caprichosa, agregaría yo, pero no estaría siendo del todo objetiva. ¿Sobre qué discutían?
- Necesita un caballo de alquiler para este fin de semana, lo que podría calificarse como una misión imposible…
- No me angustiaría tanto, si fuera usted. Esta noche llega un amigo de mi familia, dueño de uno de los mejores aras de la República Argentina. Va a traer consigo algún que otro ejemplar que quizás podría interesarle.
- ¡Me estaría salvando la vida!
- Ésta es su tarjeta, podrá contactarlo a partir de mañana por la mañana.
- ¡Mil gracias!
- ¡Por nada! – volví a los dormitorios, desde donde me comuniqué con Ian, para avisarle que ya todo estaba oficialmente puesto en marcha, y con Lissa, para pedirle otro favor.
- ¿Cómo estás, Marijazmín?
- ¿La verdad? ¡Extrañando ir de compras con vos!
- ¡Ay, yo también!
- Ando con antojo de cosas innecesarias para las brujas… ¡Pero llenas de glamour!
- ¿Por ejemplo?
- ¡Hmmm!... Lo que me vendría muy bien sería tener teléfono celular, para disimular el tema de la varita… sería un buen camuflaje. En cualquier momento me van a empezar a perseguir y a querer meterse en mi cubículo a revisar lo que no les importa.
- Sensato de tu parte.
- Eso pensé. ¿Nos vemos en media hora por el espejo?
- Estoy en la oficina de papá en la torre Krystal Baires.
- Voy para allá, tengo la tarde libre y pocas ganas de ir a Danzas.
- ¡Perfecto!
- Me cambio y vamos. – me metí en el baño, mudé de ropa y salí por el espejo veélico.
- Pensé que ibas a tardar más. – comentó Lissa, mientras recorríamos los pasillos.
- Los mortales viven acelerados acá y en Chile.
- ¡Cierto!
- ¿Caminamos?
- ¡Dale! – bajamos por el ascensor y salimos al centro de la ciudad - ¿Qué bueno que nos adherimos a los planes de estudio y pasantías en el mundo mortal.
- Sí, nos hace las cosas más fáciles esto de cursar semana por medio.
- ¿Cómo vas?
- A toda velocidad, quiero hacer las cosas en la mitad del tiempo.
- ¿Para?
- Así les doy el gusto a mis viejos de hacer un par de temporadas de Ballet profesional.
- ¿Siguen con eso?
- Y no van a parar hasta salir en los diarios…
- Son terribles…
- La terrible es mi vieja. Necesita llamar la atención… y no hay manera de ponerle límites, ni de explicarle que cuanto más expuesta esté, más riesgo corro de que los magos oscuros me den alcance.
- Eso mismo te iba a decir… Es muy arriesgado.
- Ya veré cómo revertir eso… Ahí hay una buena tienda de telefonía… ¿Elegimos?
- ¡Elijamos! – esa fue la primera compra que intentamos hacer. Digo “Intentamos”, porque con los celulares nos pasó algo muy gracioso: olvidamos desactivar el hechizo restaurador… ¡Y nos fuimos de la tienda sin pagarlos! Nos quedamos con los más avanzados y costosos, pero como la que recibió las cajas fue Lissa, al ser ella de familia sin antecedentes de nacimientos de semimortales en todo su linaje, el encantamiento de restauración actuó de inmediato, de modo que cuando la cajera registró la compra, no encontró el modelo en stock, porque todavía ni siquiera había sido lanzado a la venta en su país de origen, el código de barras no indicaba ningún precio,  por lo que hasta el gerente de la compañía de comunicaciones móviles llegó a la conclusión de que no debíamos gastar un centavo por un producto que ellos mismos no nos estaban vendiendo. Seguimos nuestro paseo y le comenté el plan que tenía con Ian.
- Me parece fantástico que le des su merecido con clase a esa abusona.
- No es mala, necesita que la quieran de verdad, no que paguen terapias costosas para que algún extraño les diga a sus padres que la infancia de su hija fue una reverenda porquería.
- ¿Te parece?
- Eso es lo que hacen los mortales.
- Creo que nunca lo voy a entender.
- Por eso vas a ir a la universidad… Por cierto, ¿cómo vas en tu secundario?
- Con muchos exámenes.
- Estás como yo.
- Sí, casi. Papá está moviendo contactos para conseguirme una beca.
- ¡Genial!
- Debe ser que me ve un poco más normal que vos…
- Es porque no quiere perderse nada de lo que quede de las vidas de ambas. Tiene debilidad por vos, se perdió toda tu infancia y parte de tu adolescencia.
- Me imagino lo que le duele no haberme visto crecer.
- Siente que le falta algo… lo mismo le pasa a Valeriana, pero todavía no lo descubre. Vamos a algún bar, así te muestro al chico al que hay que hacerle un cambio de look en forma urgente. – nos acomodamos y sacamos los teléfonos. Como teníamos las varitas en los bolsos de mano y actuaban como módems inalámbricos, nos conectamos a la Internet Mágica. – Ahí te paso el video de las cámaras de seguridad.
- Me llegó… ¡Tenés razón, pobre chico! ¡Hay que hacer algo cuanto antes para evitar que muera soltero!
- ¿Sugerencias?
- A simple vista, no tiene fea ropa, sólo está mal combinada.
- Eso me dije yo.
- ¿No lleva traje de montar?
- Parece que en el colegio, no hay talle para varones.
- Deberíamos mandarle uno.
- Sí, sí.
- Y ese sweater rojo le quedaría mejor con una camisa blanca abajo, en lugar de una verde con cuadros blancos.
- Yo diría que sí.
- ¿No se anima a ponerse vaqueros?
- Es un nene de mamá en todo sentido. Y de mamá modista. Le hace hasta las medias y la ropa interior.
- Buscá una excusa para conocerla, hay que intervenir y solucionar ese problema de raíz.
- Eso es pan comido, le encargo mi vestido para el baile y listo.
- Me parece bien.
- Así voy a organizar ese desastre.
- También deberíamos tratarle la piel. Y cambiarle el corte de pelo. – Lissa se había vuelto una especialista en informática desde que le di acceso a la red mágica, por eso cada cosa que sugería la realizaba en el momento y al detalle – Quedaría más o menos… así. – me mostró la foto trucada.
- ¡Wow! ¡Qué diferencia! Nixie tenía razón… Valeriana se está perdiendo a su príncipe azul.
- Lo va a descubrir, pero tenemos que movernos.
- ¿Vamos para Chile?
- Te acompaño por lo del vestido y me vuelvo. Me esperan los balances.
- Listo. – por el espejo, llegamos al colegio y salimos por la puerta principal hacia el pueblo.

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