LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS


Febrero 20




Querido Diario:


               Los informes de los combates en territorio mágico cada vez me gustan menos. Pero mis tropas, a pesar de su poderío y fuerza numérica, y las pociones alimentarias de Nona Nilda, que necesitan semanas para surtir el efecto deseado, aún no están listas, aunque los tiempos se han acelerado al máximo.
               El Primer Ministro de Gobierno Mágico me ha pedido una audiencia urgente. Se la daré en cuanto tenga lugar para recibirlo.
               La casa del reino mortal ya tiene la planta baja terminada, con lo cual, su parte mágica puede ya trabajar las veinticuatro horas, sin asustar a nadie. Recién termino de instalar mi laboratorio en el sótano.
               Me siento mucho más relajada ahora que mi casa está en condiciones de ser habitada, aunque extraño mi dormitorio en la casa de Azul. Será que todo es más grande y estaba demasiado acostumbrada a los espacios reducidos. Me traje todo de casa, hasta el armario de Nona Nilda. Dejé el invernadero en su lugar de origen y papá prometió cuidarlo de mis cuñadas.
               Hablando de papá, anoche lo llamé y le pregunté si en su nuevo edificio había algún piso disponible como para usarlo de estudio y llevar allí a mis compañeros de la universidad mágica. Me dijo que tenía todo vendido menos el pent house, ya que casi todos los posibles compradores tenían problemas con la altura y pánico a los accidentes con los ascensores. Le dije que sólo necesitaba una llave con una cerradura, cuando me habló de que no estaba terminado del todo y me las regaló. Mañana me voy a ocupar de eso. Siendo Veela, no tengo problemas de vértigo. La que sí solía tenerlos era Vanessa, por eso no quiso asistir a la segunda prueba de iniciación en el C. E. M. el jurado me esperaba directamente en la cima de la montaña.
               Esta vez decidí usar uno de los encantamientos de transformación del primero año con el profesor Cliff.
               En uno de sus libros élficos descubrí además, varios secretos del bosque que me fueron muy útiles. Uno de ellos era ese hechizo sumado a la intervención de los de los elfos de la montaña, expertos arquitectos y escultores.
- ¡ELFOS NATURA! – llamé.
- ¿Quién nos despierta con tanta dulzura? – respondió una criatura extremadamente bella, que parecía estar hecha de mármol.
- Veela Principalis. – respondía a mi vez.
- ¡Oh! ¿En qué podemos servirla, Alteza?!
- Debo llegar a la cumbre, sin herir mis pies…
- Diga las palabras…
- ¡Peldaños en la roca! – una extensa escalera se comenzó a labrar en la ladera a medida que yo caminaba en ella. Desde luego, yo podría oír los rítmicos golpes de cinceles y martillos que repicaban por debajo de la superficie en las manos de los elfos.
             Tardé cerca de una hora en subir, me llevé una botella de agua mineral que, por supuesto, mantenía su temperatura y se rellenaba cuando era necesario.
- ¡Cada vez me quedan menos dudas acerca de la autenticidad de esta bruja como Veela! – reconoció la presidenta – Tenés el cincuenta por ciento de la admisión… y tu uniforme. – me entregó el chaleco del color del club con las guardas e insignias de la casa Lynch.
- ¡Gracias!
- Cuando se inicie tu cuarto año en el colegio, nos veremos para la tercera prueba. ¡Espero que para entonces, hayas aprendido a nadar!
- ¡Graciosa! – lo bueno del cambio en el atuendo fue que los pasantes dejaron de acosarme. Sin embargo las molestias iban a cambiar de locación.

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