LAS CINCO ESCOBAS Y LAS AMIGAS HERMANAS
Marzo 12
Querido diario:
Mi nivel de stress causado por
esta guerra inútil está haciendo estragos con mi salud: vivo contracturada y
con dolor de cabeza. Irina y Elektra me sugirieron que vuelva a practicar algún
deporte o algo que me ayude a despejarme, al menos mientras la tregua se siga
prolongando. Quizás retorne a la danza a nivel profesional aunque el comienzo
de las clases en las dos universidades esté a la vuelta de la esquina. De todos
modos, algo tengo que hacer para relajarme… en la escuela chilena, me encantaba
hacer equitación y cuidar a los caballos. El primer año, descubrí que podía
hablar con los animales. Tía Ivanka me aseguró eso era normal en una veela de
estirpe real.
- ¡Era tiempo
de que lo desarrollaras! ¡Ya me estaba preocupando! – Exclamó cuando le fui a
contar.
- ¡Ufff! ¡Qué
alivio! ¡Creí que me estaba volviendo loca!
- ¡Nada que
ver! Es lo más común en una veela Lynch. Tu bisabuela lo podía hacer pero en la
casa detestaban a los animales.
- Entiendo.
- ¿Ya te
asignaron casillero en el campo de deportes?
- No.
- Dejame ver…-
consultó la computadora – Tiene que quedar alguno desocupado… ¡sí!...acá hay
uno libre… y la lave – continuó mientras revisaba los cajones de su escritorio
- ¡Es esta! Una advertencia: el conjuro de restauración se duplica al contacto
con una bruja, por si no lo notaste. Sé discreta.
- Lo
intentaré.- con el llavero en el bolsillo, salí de la oficina de la rectora.
Una de las cosas que me explicó
tía Ivanka, era que los arreglos mágicos en el instituto demoraban desde una
semana hasta tres meses, dependiendo de la gravedad del daño que se le infringiera
a los objetos, en el caso de mis pertenencias, todo eso se reducía a la mitad. Para
cuando llegué a los vestuarios del campo de deportes, la diminuta llavecita de
bronce se había transformado en una moderna tarjeta magnética con mi nombre y
el número de mi casillero.
- ¡Wow! – Y por
si eso fuera poco, como soy bruja y además Veela, automáticamente se adaptó a mis necesidades:
tamaño aumentado mágicamente y espejo veélico en el lado interno de la puerta. Desde
luego, tuve que agregar toallas, jabón, y otros elementos de higiene, palos de
Hockey, patines, ropa deportiva, etc. Estaba terminando de acondicionarlo todo,
cuando Valeriana y sus amigas llegaron para seguir molestándome
“deportivamente”.
- ¡Ah, bueno!
¡Casillero nuevo! – protestó - ¡Parece que algunas tienen coronita en este
colegio!... ¡Mirá, se abre con tarjeta magnética!... Parece que tu familia paga
la cuota en tiempo y forma… ¡con razón pasás todos los exámenes! ¿Cuánto te
cobra cada profesor por aprobarte?
- Nada. Pero la
que va a pagar caro las pavadas que habla acá, ¡va a hacer otra! ¡Permiso!
¡Tengo clases! – me retiré bastante alterada, tratando de contener mis
reacciones.
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