El Espejo de Plata
X – La brujita sin varita
Enero 17
Querido Diario:
Casi todo el primer año de la escuela
de magia me resultó bastante aburrido. Si bien aprendí muchísimas más cosas que
las que me había enseñado la bisabuela, esas mismas cosas, a excepción del
vuelo en escoba, llegaron recién en la segunda mitad del curso lectivo. En
conclusión, el primer cuatrimestre fue casi frustrante. Me daban mucha más
tarea que al resto, porque la magia del lugar sabía que podía con todo eso.
Los profesores estaban
maravillados, incluso el director, muy a pesar de saber de mis cualidades
gracias al retrato de Nona Nilda…
Otra cosa que se sumaba a mi aburrimiento
y frustración era el maltrato por envidia de mis compañeras, que se manifestaba
a través de bromas muy desagradables y siempre venían del mismo lado: la casa
Shroeder…
Recuerdo esa primera mala pasada,
como si acabaran de jugármela. Era viernes a mediodía. Las tablas de evaluación
estaban listas, y como siempre, mi nombre ocupaba el primer lugar.
- ¡Qué, no vas a parar nunca
de llamar la atención! – era la frase más común entre los estudiantes. Me
mordía la lengua para no responder una por una las estupideces que escuchaba.
Pero muchas veces las bromas se pagaban. Como ya venía acostumbrada del colegio
de los mortales a la archiconocida zancadilla, antes de que sucediera, era
capaz de hacer levitar a la persona que fuera, casi a nivel del techo, y por lo
general, la dejaba ahí hasta que confesaba delante de alguna autoridad escolar.
Por supuesto, yo también era castigada por esas “venganzas”, excepto cuando se
trataba de magia involuntaria, como ese día.
Acababa de controlar las tablas, y
me dirigía sola al patio grande para la clase de vuelo. Varias chicas me venían
molestando todo el camino, y yo trataba de ignorarlas. Todo sucedió muy rápido,
tanto, que Lissa tuvo que describirme la escena y sus consecuencias, una vez
que me recuperé, porque en el momento no me di cuenta de nada, sólo cerré los
ojos cuando la sustancia pegajosa y tibia cayó sobre la tonsura de mi cabeza…
el centro de mi poder como Veela, el sitio de donde, sobre el final de mi vida,
tal como lo hizo mi Nona Nilda, deberé extraer el cabello primordial, para que
mi descendencia herede mi magia.
Apreté los párpados y traté de no
gritar, luego todo se descontroló por completo: las chimeneas estallaron, se
desataron una tormenta de tierra y un remolino en el lago junto al castillo y
un vendaval se llevó carruajes, caballos y pegasos, a varios kilómetros de
distancia.
El Primer Ministro Mágico se
presentó al instante y pidió que me llevaran ante su presencia. Lógicamente, me
demoré un poco, hasta que entre tres profesores lograron quitarme de la ropa,
cara, manos y cabello, la totalidad de la sangre de dragón que traía pegada, y
luego ellos mismos, más varios testigos, me acompañaron. Obviamente, el Primer
Ministro Mágico convocó también al rector Mc Cleod y ambos se reunieron en el
despacho del mismo.
- La alumna Marijazmín
Kapatelis Prince-Lynch, y todos los
testigos solicitados. – anunció la aldaba.
- ¡Adelante! – respondió
Sigfrid. Uno por uno, ingresamos al temido despacho y quedamos en una peculiar
formación de diamante: por delante de mí, tenía a la izquierda, al mismísimo
rector Mc Cleod, a su derecha y a la misma altura, se ubicó la profesora
Fletcher, todavía limpiando sus uñas con toques de varita. A mi lado izquierdo,
el profesor Cliff, a mi derecha, la maestra de Vuelo Acrobático y Levitación,
Gloria Liu. Detrás de mí, estaba Lissa y junto a ella, otros dos testigos que
no esperaba: Ian Riccardi, de la Casa Kapatelis, y la enfermera Layla Bennett.
- Buenas tardes. – saludó el
Primer Ministro – Se me han notificado una serie de delicados disturbios en su
institución, Rector Mc Cleod. Aparentemente, provocados por la imprudencia en
el uso inexperto de la varita de una de sus estudiantes.
- Podría describirse de ese
modo, - comenzó a decir el director – en una primera impresión, tomada
demasiado a la ligera. En realidad, la imprudencia fue de más de un estudiante,
lo que, a todas luces, complica aún más la situación. Este lamentable incidente
ha sido provocado por una forma de acoso, que los escolares mortales suelen
llamar “Bullying”. He reunido a los testigos presenciales del hecho, y a la
joven que perdió el control de sus poderes… Señorita Kapatelis, un paso hacia
el escritorio… si es que se siente en condiciones, claro. – caminé como en
sueños, mis reacciones eran muy lentas.
- Se ve usted muy agotada,
jovencita… tome asiento.
- Gracias…
- Este pergamino es su legajo
escolar… veamos… ¿Bisnieta de Nilda Lynch?
- Así es…
- El informe médico
especifica que eres una joven Veela… ¡Oh! Bien… he de hacer algunas preguntas a
los testigos… ¿Puede alguien responder si esta señorita usó sus poderes de
manera voluntaria y con su varita? – Lissa levantó su mano de inmediato - ¿Su
nombre, niña?
- Lissa Giommini, primer año de
la Casa Lynch.
- Muy bien, señorita
Giommini, la escucho.
- Marijazmín debía esperarme
en la escalera que da al patio grande, para ir juntas a la clase de Vuelo, pero
yo me demoré unos minutos más de lo previsto. Llegué corriendo desde los
invernaderos y vi cuando ella perdió el control… y no la culpo… yo me habría
desmayado del asco, si me pasara lo mismo.
- ¿A qué se refiere?
- Varias estudiantes de la
casa Shroeder hicieron levitar un recipiente lleno de sangre de dragón y lo
soltaron sobre la cabeza de Marijazmín… y luego todo se volvió un caos. Pero en
ningún momento ella sacó su varita… de hecho, como en vuelo no la usamos, no la
llevaba encima.
- Quiere usted decir que el
fenómeno climático fue consecuencia de una suerte de shock o ataque de nervios…
- Eso fue lo que dijo la
enfermera, una vez que logró hacerla volver en sí… - comentó la profesora
Fletcher.
- ¿La señorita Kapatelis perdió
la conciencia en ese momento? – preguntó el Primer Ministro a la señora Bennett
- Se desmaterializó por
completo durante unos segundos, señor. Y luego cayó al suelo, en una especie de
coma mágico… según mis libros acerca de las Veelas y otros seres mágicos, este
tipo de fenómenos producen una maduración traumática de los poderes a
desarrollar… en términos sencillos, a la señorita Kapatelis la han forzado crecer.
- ¿Forzado? ¿Cómo así?
- Bueno… según otros testigos
presenciales, la alumna estaba siendo molestada por esas compañeras en el
momento en el que se produjo el incidente. – la enfermera se hizo a un lado y
dejó hablar a Ian.
- Si me permite, señor Primer
Ministro…
- ¿Caballero?
- Riccardi, Ian Fabrizzio.
- Adelante, continúe.
- Gracias. Me encontraba
conversando con el profesor Cliff, cuando vi pasar a un grupo de segundo de la
casa Shroeder. Hacían el barullo de costumbre. Se dedican a molestar a
estudiantes poco aventajados o que no pertenecen a su club… casi por lo
general, alumnos de primer año.
- ¿Vio usted a la señorita
Kapatelis en medio del disturbio?
- Todos la vimos. Kapatelis
es la mejor estudiante de primer año. Es muy popular, por eso no me extrañó que
se ensañaran con ella.
- Cruel en verdad, continúe,
por favor.
- El profesor Cliff siguió al
grupo con la mirada y cuando las agresiones subieron de tono, sacó su varita y
caminó tras las alumnas.
- ¿Usted lo acompañó o
permaneció en su lugar?
- Corrí detrás del profesor,
por si necesitaba ayuda. Una vez que las chicas alcanzaron la puerta, una de
ellas sacó la botella de sangre de dragón y la hizo estallar sobre la cabeza de
Marijazmín…
- Bien… entonces… la alumna
Kapatelis estaba siendo acosada y agredida sin motivo aparente y se le gastó
una broma de pésimo gusto… ¿Alguien vio el hecho un poco más de cerca? –
preguntó el director.
- Sí, señor Krammer. –
respondió la profesora Fletcher – Me encontraba vigilando el acceso al patio.
De hecho, debido a la cercanía con la alumna perjudicada, me vi salpicada con
restos de sangre de dragón en mis prendas de vestir.
- ¿Podría detallar?
- Desde luego. La botella con
la mencionada sustancia estalló exactamente sobre la tonsura de la señorita
Kapatelis… su centro neurálgico y fuente de sus poderes. La primera gota debió
caer sobre su cabello primordial, sólo así se explica semejante reacción de los
cuatro elementos de la naturaleza. Todo eso sumado al estado de nervios,
producto de las agresiones de parte de las otras estudiantes de cursos
superiores.
- Comprendo. Señora Bennett,
¿cree usted que la señorita Kapatelis necesite algún tipo de tratamiento
especial?
- Simple prevención.
Recomendaría un chequeo.
- ¿Puede usted hacerse cargo?
- Sólo estoy autorizada a
enviar una lechuza al hospital general con las órdenes. La alumna ni siquiera
tiene un médico mágico de cabecera…
- ¡Oh! ¡¿Cómo es posible?!
¿Así de negligente ha sido una familia de tan alto linaje?
- Recuerde usted que la niña
se ha criado entre semimortales, señor Primer Ministro.
- Comprendo… Bien, profesor
Cliff, ¿se ha castigado o al menos llamado la atención a las agresoras de la
señorita Kapatelis?
- Las tres están aguardando
en mi despacho, señor Primer Ministro, ¿desea usted que envíe por ellas?
- ¡Desde luego! Aunque
preferiría hablar con ellas en forma privada. Los estudiantes ya pueden
reincorporarse a sus clases. Señora Bennett, lleve a la señorita Kapatelis a
descansar y manténgame al tanto sobre su estado de salud. Quiero todos los
partes médicos en mi escritorio cada mañana.
- Sí, señor Primer Ministro.
– la enfermera me llevó a mi cuarto y se quedó conmigo hasta que llegó la respuesta
de los médicos: vendrían Veelas personalmente a realizar el chequeo.
Esa misma tarde, me enteré de que
las tres chicas de Shroeder estuvieron muy cerca de ser expulsadas.
- … y dijo el director que el
castigo quedaba pendiente. – me contaba Lissa.
- O sea que si vuelven a
molestarme y las descubren…
- Si se vuelve a producir un
incidente similar.
- Ajá.
- Tienen órdenes del Primer
Ministro para expulsarlas, si tenés otro ataque por su culpa.
- Entiendo.
- ¿Te sentís mejor?
- Bastante. Pero sigo muy
mareada.
- ¿Tus poderes volvieron a la
normalidad?
- No del todo. Según las
sanadoras, algo faltó en esa manifestación de las fuerzas de la naturaleza.
- Eso significa que quedaste
incompleta o cosa por el estilo, ¿no?
- Algo así… Pero por más que
lo pienso y lo pienso, no consigo dilucidarlo y me quema las neuronas.
- Dos cabezas piensan mejor
que una… veamos… El vendaval fue la presencia del elemento AIRE… El remolino
en el lago…
- ¡Eso es! ¡Los elementos!...
El AGUA, la tormenta de tierra, lo propio, y el estallido de las chimeneas, el
FUEGO.
- Se manifestaron los cuatro…
no comprendo… - Lissa estaba muy intrigada.
- ¡Estoy pensando!... Déjame
ver… lo explicó la profesora Fletcher, pero yo estaba demasiado mareada para
entenderlo… el lago, la tierra, el viento…tal vez… lo que quedó incompleto fue
el fuego…
- Pero… ¿y las chimeneas?
- Hubo intervención de magia
ajena… sólo potencié las explosiones, no las creé…
- ¡Es verdad!
- Bueno… no tenemos un volcán
lo bastante grande y activo cerca… la médica dijo que prefiere que este ciclo
se complete de forma natural, sin mediar provocación.
- Conociéndolas a esas tres,
¡ni soñaría con eso!
- ¡Yo tampoco! – se sintió el
golpe de una puerta en el pasillo. Y luego se oyó la voz del Ministro Krammer.
- ¿Señorita Kapatelis?
- ¡Adelante, señor Krammer!
- Me da mucho gusto ver que
ya se siente mejor.
- ¡A mí también!
- Lo imagino. He recibido su
último parte médico. Y me tomé el atrevimiento de retirar uno de sus tesoros
familiares, que según creo, será el remedio para concluir su ciclo de
crecimiento… - el Primer Ministro Mágico dejó ver una caja de asbesto y plata.
- Es… ¿el huevo de fénix?
- Y las joyas de la Vida… por
el momento sólo podrá usar una, tendrá que escoger.
- A ver… el anillo… la
pulsera… el colgante… los aros… la tiara… ¡Apareció el cetro!
- Por eso mismo lo traje
todo. Me fue informado por los directivos del banco.
- Entiendo. Colapsó el
sistema de seguridad.
- Así es.
- ¿Qué debo hacer?
- En palabras simples… ¡empollar
el huevo!
- ¡¿Es una broma?!
- Desde luego que no… Abra el
guardapelo de su bisabuela, ella la guiará.
- ¡Debí pensarlo antes! –
extraje la joya - ¡Buenos días, Nona Nilda!
- ¡Buenos días, hijita!... ¡Oh!... ¿Qué ha sucedido?... ¿No te
habrán echado sangre de dragón en la tonsura, verdad?
- Lamentablemente así fue,
Nonita…
- ¡Oh! Y estamos demasiado lejos de cualquier volcán activo…
- Eso me temo, señora Lynch…
- suspiró el Primer Ministro.
- Hay que pensar en algo…
- El señor Krammer trajo las
Joyas de la Vida, porque se liberó el cetro. Y también trajo el huevo de Fénix.
- Muy bien… Para no precipitar las cosas, te recomiendo que uses
el pequeño brazalete de la Vida. Te quitará el mareo por unos días.
- Sí, Nona… ¡Hhhh! ¡Tenés
razón! ¡Gracias! Ya me siento bien.
- Ahora toma el huevo del ave de fuego y acércalo a la piedra,
con todo y nido.
- ¡Ya! – el nido fue
absorbido de inmediato por el cristal,
dándole la apariencia de rubí.
- Bien, bien, bien… a partir de ahora, cada vez que alguna
compañera te haga sentir molesta o furiosa, descargarás esa energía en la joya.
Así, a su debido tiempo, el Fénix madurará dentro del cascarón.
- Comprendo. No creo que
tarde mucho. ¡Las Shroeder son un fastidio!
- Será todo cuando deba ser…
- ¡Gracias, Nona Nilda!
- ¡Ha sido un placer
saludarla, señora Lynch!
- Pequeña, sería conveniente que le entregaras el retrato de tu
mesa de luz, así estaremos comunicados.
- Aquí lo tiene, señor
Ministro.
- ¡Excelente!
- Bien, Marijazmín, ya puedes volver a tus clases, no te vayas a
retrasar.
- ¡De inmediato, Nona Nilda!
- Las acompaño, señoritas,
¡el aula espera! – escoltadas ni más ni menos que por el Primer Ministro de
Magia, retornamos a las aulas.
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