El Espejo de Plata
Febrero 1
Querido Diario:
- ¡Qué preciosas! – exclamó Lissa mientras me las colocaba.
- Me encantaron.
- ¿Quién te las regaló?
- Ian.
- ¿Qué?
- ¡Shh! ¡Bajá la voz!
- ¿Te das cuenta de lo que eso significa?
- Por eso quiero que cierres la boca.
- ¡Pero contame! ¡Me muero por saber!
- No es más que un gesto de gratitud. Le estoy pasando las tareas, Sigfrid me pidió que lo hiciera.
- Y a cambio, Riccardi te manda regalos…
- Una atención… el que me preocupa es Gloomie, se agota demasiado.
- ¡Pobrecito!
- Menos mal que sólo es hasta el viernes…
- Yo te diría que…
-¿Qué?
- No te muestres con las cosas que te regale Ian… me trae mala espina… es un tipo muy codiciado.
- Eso ya lo sabemos. ¿Pero qué tienen que ver los regalos? Nadie tiene por qué saber de dónde vienen.
- El coral… es la marca de las Sirenas…
- Por la vinculación genética…
- ¡Exacto!
- ¡Hmmm!
- Ahorrate dolores de cabeza, amiga, haceme caso…
- Puede que tengas razón… ¿Sabés algo más de los Riccardi?
- Mi mamá cursaba en el mismo año que el padre de Ian.
- ¡Ajá!
- Dice que le gustaba mucho el poder y era bastante asquerosito.
- Le tiene bronca a tu mamá, ¿no?
- ¡Y con razón!
- ¡Ah, ¿sí?!
- Sí… mi vieja trabajó en su casa… y descubrió que no son millonarios y que están hasta el cuello de deudas.
- ¡No te puedo creer!
- ¡Creelo!
- Sin embargo no lo hacen notar…
- Están en quiebra desde que nació Ian…
- Increíble…
- ¿Te pone triste?
- Entiendo por lo que debe estar pasando.
- ¿Le darías a él el conjuro restaurador?
- No sería mala idea… aunque creo que ya lo tiene… la ropa que lleva está siempre tan nueva como la mía.
- No sé… mamá dijo que vio muchas cosas en esa casa, cosas oscuras… ilegales… ¡por lo que más quieras, tené cuidado!
- Por ahora no tengo nada en contra de su familia, salvo esta actitud idiota de hacer que se atrase por perder una competencia.
- ¡Sí, la verdad! Un despropósito. ¿Vamos a almorzar?
- ¡Dale! – fuimos al comedor - ¡Gloomie no está! Esperame, voy a la cocina. – me deslicé por detrás de la mesa principal y fui a buscar a mi elfo - ¡Gloomie!... ¡Gloomie!
- ¡Señorita Kapatelis! ¡Gloomie lo lamenta!... ¡Gloomie se quedó dormido!
- ¿Estás bien?
- Gloomie sólo está cansado…
- ¿Seguro? Me tenés preocupada, Gloomie… No te veo bien… yo le voy a preguntar a Nona Nilda, a lo mejor se puede hacer algo…
- Es por la mala magia de esa familia, señorita Kapatelis…
- Te entiendo. Quedate descansando hasta la noche, ¿sí?
- Sí, señorita Kapatelis, Gloomie será obediente. – volví a la mesa sin dejar de sentirme angustiada.
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