El Espejo de Plata


Enero 18


 Querido Diario:

             Los días y las bromas pesadas siguieron pasando. Afortunadamente, el huevo de Fénix me mantenía bajo control. Sin embargo, me preguntaba de qué manera continuaría esta historia, una vez que eclosionara.
             Y el día llegó. Por supuesto, no de otra manera que no fuera una broma por parte de las estu­diantes de cursos superiores. Esta vez, con un hechizo de atracción magnética, en mitad de la clase, se llevaron mi varita y la escondieron, por lo tanto, no pude salir a buscarla de inmediato. En consecuencia, todos los ejercicios que el profesor pedía, tuve que hacerlos… sin varita. Me agoté terriblemente, porque la varita, aunque me resultara incómoda, me ahorraba gran cantidad de desgaste físico.
               El docente tomó nota de todo, para elevar un informe al Ministerio de Gobierno Mágico. Se podría decir, que en lugar de ponerme en ridículo, me catapultaron a la fama.
               En la siguiente hora de clase, se presentó en el aula un delegado ministerial que debía atestiguar que yo realmente estuviera haciendo magia sin varita. Al final de la jornada, llegó una lechuza con una solicitud para retirarme del colegio y trasla­darme al edificio del Ministerio de Gobierno Mágico. La cosa era seria.
               El señor Krammer me recibió en su despacho, junto a varios magos integrantes del tribunal superior, que se mostraron interesados en mi caso.
               Mis nervios y mi cansancio estaban acelerando el proceso de crecimiento del pichón de Fénix dentro del huevo. Antes de comenzar la entre­vista, notifiqué que eso estaba sucediendo, de modo que decidió no pedirme ningún tipo de demostración, pero permitió que el resto de los magos hiciera las pregun­tas.
- Señorita Kapatelis, - comenzó una señora de edad madura, regordeta y de grande ojos azules - ¿desde cuándo sabe usted que es bruja?
- Siempre lo supe. Mi bisabuela pasó conmigo sus últimos años de vida y me enseñó muchas cosas que me fueron útiles en su ausencia.
- ¿Es cierto que ingresaste a Sparkle sabiendo ya manejar la varita mágica? – preguntó un brujo anciano de aspecto severo.
- Sí, señor. Aprendí  copiando cada movimiento de mi bisabuela.
- ¿Cómo es posible que puedas hacer magia sin utilizar ningún canal de dirección, sólo los dedos de tus manos?
- Soy Veela de raza pura. Los genes han permanecido recesivos por tres generaciones. Mi padre era portador del mismo gen que, como ustedes  saben sólo es domi­nante en las mujeres. En mi familia somos ocho hijos, siete varones y yo.
- Comprendo. Sin embargo, el control casi perfecto de su energía es lo que nos llama la atención. De hecho, nos resulta increíble. ¿Cómo se presentaron las prime­ras manifestaciones?
- Lo primero que desarrollé fue el habla y luego la voluntad. Por eso es que tengo tanta práctica. La larga enfermedad de mi Nona Nilda hizo el resto.
- Señor Primer Ministro, - preguntó la primera bruja - ¿cree usted que por tratarse de un cuerpo humano, esta niña actúa en sí misma como una varita mágica?
- No lo había pensado de ese modo, pero podría ser… y si los libros de Historia no me fallan, este tipo de fenómenos se da cada treinta siglos…
- Una varita humana… cuyo núcleo es…
- Mi cabello…
- ¡Brillante! – suspiró el Primer Ministro - ¿Cómo se siente?
- Un poco mejor, gracias… pero mi Fénix ya está por nacer.
- ¿Necesitas privacidad?
- Al contrario. Quisiera registrarlo como mascota. Toda Veela de linaje noble adopta una criatura mágica. Eso me dijo mi bisabuela…
- Lo recuerdo… Adelante… el proceso es totalmente instintivo.
- Bien. – al principio pensé que todo sucedería si me quitaba el brazalete, pero no fue así. Nona Nilda, desde su retrato, me ayudó un poco.
- Concéntrate… eres fuego… sólo fuego… la vida del pequeño Fénix depende de ti, su elemento… - cerré los ojos, y con la punta del dedo índice, extraje el huevo y lo sostuve con ambas manos por un instante. El cascarón comenzaba a romperse. Desde mis pies hasta mi cabeza, instantáneamente me transformé en una llama. El pequeño Fénix me atravesó el pecho y me hizo levitar a un metro del suelo… y el edificio completo del Ministe­rio se “incendió” durante un minuto.
             El pichón era extremadamente pequeño. Tan pequeño que cabía dentro de la llama de una vela, y despedía un delicioso aroma, mezcla alternada incienso, rosas y frutillas.
- Ya pasó todo… - suspiré. La secretaria del Primer Ministro se acercó a atenderme y me dio un farol para el ave.
- ¿Se encuentra bien? – preguntó mientras me ayudaba a acomodarme en una silla.
- Los dos estamos bien, gracias… Nona Nilda, ¿qué hago para alimentar al Fénix?
- Mientras tenga una llama, no le hará falta otra cosa.
- Perfecto…
- En cuanto a tu magia involuntaria… no veo otra solución que no sean los maestros de espiritualidad.
- Deberían acompañarme de tiempo completo… No sé qué será peor…
- Al menos inténtalo, pequeña.
- Sólo por vos, Nona… Sólo por vos.
- Te contendré desde aquí, Marijazmín. Si algo sucede, me ocuparé personalmente. – Nona Nilda cumplió su promesa, aunque tuvo que admitir que las chicas Shroeder no le temían a una pintura al óleo. Al menos lo mantuvo a Sigfrid al tanto de la conducta de sus estudiantes, lo que le dio ocasión de estar en todos lados casi al mismo tiempo y eso fue el fastidio de más de un alumno travieso.
             Así fue como terminaron las aventuras de ese primer año en la escuela de magia… y de nuevo tuve que regresar a casa.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Espejo de Plata

El Espejo de Plata

El Espejo de Plata