El Espejo de Plata


Febrero 9 


Querido Diario:

               Esta semana se me está haciendo de goma. Sólo faltan cinco días para mi mayoría de edad en el reino mágico. Estoy tan ansiosa como cuando recibí la carta del colegio. Por cierto, estoy ha­ciendo trámites para las dos universidades.
               Desde que comenzamos el trabajo solida­rio y descubrimos las trampas de Giampaolo Riccardi, la secta oscura a la que pertenecen tomó seis países: Argentina, México, España, Inglaterra, Alemania y Japón. Ha sido muy poco lo que se pudo hacer. Pero todo va a cambiar, una vez que yo tenga el permiso para entrar en acción. No podrán derrotar a mi linaje y mucho menos un puñado de magos oscuros regenteados por un anciano loco de remate… En fin…
              Lissa tuvo el inventario de las medici­nas y los insumos, antes del primer examen final de ese año. Los torneos no estuvieron demasiado mal para el colegio. Ganamos en tres categorías: Vuelo Acrobá­tico en Escobas, Esgrima y Uso del Bastón. Ian ganó las tres medallas de Oro, como era de esperar, y se volvió el héroe de la Casa Kapatelis… y de las chicas de Shroeder. El pobrecito se veía venir otro verano esquivando pociones de amor.
              Pasé el último fin de semana, antes de recibir los resultados de los exámenes, en la casa de Lissa, preparando el inicio de nuestra misión solida­ria e investigando los negocios sucios del papá de Ian.
- ¡Uff!... Se acerca el día “D”. – suspiró Lissa.
- En eso pienso yo también. Aunque me preocupa más lo otro.
- ¿El retrato te dio alguna indicación específica?
- Me contó que cuando ella era chica, existía una secta de magos oscuros, de la que uno de sus hermanos era miembro, y cuando lo descubrieron, lo deshereda­ron, y ella quedó después como jefa de la familia. El grupo se expandió por todo el reino mágico y llegó a tener tanta fuerza, que derrocó al Imperio Veélico y Laureen no pudo subir al trono. Una vez que se logró eso, sobrevino la época de la Inquisición Española. Y muchos cayeron bajo el hacha del Santo Oficio. Por fortuna, se trató de la gran mayoría de los cabecillas de la secta. Los sobrevivientes se dispersaron y abandonaron las malas artes.
- O sea… que vos… ¿sos una princesa?
- Y… sí…
- ¡Wow!
- Bueno, acá lo importante es saber si el papá de Ian está involucrado en ese grupo, que por lo que se sabe, sobre vivió hasta hoy y puede estar levantándose en busca del dominio de la humanidad.
- Me dejaste fría… - susurró Lissa, dejándose caer en un sillón junto a su cama.
- No es para menos… Tiene que haber algo en Internet.
- Te ayudo a buscar… mi notebook está en el ropero.
- ¡Dale!
- Vos en el reino mortal, yo en el mágico.
- Perfecto… - encendimos nuestras computadoras. Al cabo de cinco minutos, se vieron resultados positivos en el mundo mágico.
-¡Eureka! – exclamó Lissa.
- ¿Qué onda, Lis?
- Mirá… “Omega 66” – leyó – Una empresa híbrido… fíjate en los nombres del staff… - con horror, empecé a descubrir gente conocida.
- El Veedor de Minoridad del Ministerio… y el padre de Ian… ¿Hay fotos?
- No. “Página en construcción”.
- Muy mala excusa… típica de gente que no maneja la tecnología mágica moderna, algo extraño en el poder, pero demasiado habitual en magos oscurantistas ortodo­xos… Al menos ya tenemos algo… voy a buscar por ese nombre, a ver si está en las máquinas de los mortales… ¡Bingo!... Hay un montón de datos. Es una red de místicos y adivinadores… debe tener algún hechizo para captar mortales. Y en ese caso, lo mejor es aplicar un antivirus…
- ¿Te parece que va a ser suficiente?
- Me lo pasó el Primer Ministro, lo está aplicando en el sistema del Gobierno Mágico y el Banco.
- Entonces, al menos, es confiable.
- Sí…
- Y ya captó y borró dieciocho archivos maliciosos.
- ¡Vuela!
- Sisí… ¿terminaron con el bus de Ian?
- Va a estar camuflado para mañana a primera hora.
- Ok.
- Mis primas nos esperan en el punto de reunión a las dos de la tarde. Ian se nos une por el lado contrario del primer centro de atención.
- Entendido.
- Bueno. Me voy a casa… ¡Necesito dormir!
- ¡Somos dos! – una vez que estuve en mi cuarto y Gloomie me preparó el baño. Mientras esperaba a que me llamaran a cenar, consulté al Nono Yorgo.
- ¡Princesita! ¡Extrañaba tus visitas!
- ¡Yo también!
- ¿Cómo van las cosas?
- Cada día se complican más…
- Los retratos del colegio estuvieron reunidos conmigo esta tarde. Los noté preocupados.
- Omega 66…
- Y el fin de este mundo como se lo conoce…
- ¿Para tanto es?
- Son capaces de todo. Pero se los puede vencer, mi chiquita. Y es hora de que te instruya en secretos de la familia Kapatelis…
- ¿Tendremos tiempo, con todo lo que hay que hacer?
- Eres una Veela, sabes cómo ahorrar tiempo.
- Especialmente para estudiar.
- Levanta el lienzo con cuidado.
- Sí… ¡Wow!
- Mi libro de hechizos… llévatelo y pon todo en prác­tica. Una vez al día, bastará.
- ¡Gracias, Nono!
- ¡Me gusta cómo suena esa palabra!
- ¡Jajá! ¡Cómo te quiero! – juraría que la pintura se secó un lagrimón cuando me di vuelta para irme.

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