El Espejo de Plata


Enero 29


Querido Diario:

            Lissa quedó fascinada con los resultados del spa. Charló muchísimo con mi papá, también, cosa que no dejó de sorprenderme. Definitivamente se lo guardó en el bolsillo y se aseguró la bienvenida perpetua a mi casa. Ahora tocaba ir a la suya, algo que a Lissa le daba mucha vergüenza.
            El barrio en el que vivía la familia Giommini era de los más antiguos de Buenos Aires. Hubo que utilizar el transporte público del reino mortal para llegar, lo que nos tomó varias horas.
- Es un poco peligroso, Marijazmín. Si no andamos con cuidado llevando encima tantos paquetes, nos los pueden robar…
- Entiendo… mirá – dije mientras revisaba el armario - … estas mochilas tienen un hechizo de ampliación del espacio, combinado con otro de nulidad del peso, son tan chiquititas, que la podemos esconder bajo los abrigos.
- Está bueno eso… ¡Son muy lindas!
- Las hace Gloomie en sus ratos libres.
- ¡Con razón! Los elfos, para el trabajo manual, son insuperables.
- Lo mismo decía mi Nona Nilda.
- Salgamos… - nos dirigimos en el auto de la familia a la terminal de onmibus, en una hora y media estuvi­mos en la estación de Retiro… truco de aceleración mediante.
- Ahora tenemos que tomar ese otro colectivo, ¿tenés tarjeta?
- La de crédito mágica sirve para todo.
- Genial. – subimos y recorrimos la ciudad hablando de todo un poco, bromeando y riéndonos de todo - ¡Ya casi llegamos!... ¡La próxima es nuestra parada! – nos bajamos del colectivo y caminamos unas pocas cuadras. El edificio en el que estaba el departamento donde vivía Lissa, al menos debía tener cien años.
- Es hermoso, con una buena restauración de fachada, embellecería el barrio y le daría status.
- Eso dijo una vez un arquitecto para el que trabajó mi mamá.
- ¡Ah, ¿sí?! ¿Era secretaria?
- No… empleada doméstica…
- ¿Habiendo tantas posibilidades?
- Una madre soltera, es una madre soltera, acá y en el reino mágico.
- ¡No te puedo creer!
- Kalina y yo, somos hijas de distinto padre. El de Kalina es desconocido, mamá fue violada por un mago oscuro a los doce años, una época en la que práctica­mente se obligaba a las mujeres a concebir para mul­tiplicar la raza. Se trataba de un pasante universi­tario, por lo poco que pudo saber mamá, ya que reco­nocerlo físicamente fue imposible, porque estaba enmascarado. El mío fue el gran amor de mi mamá… pero fue ella misma la que decidió abandonarlo, el día que, cansada de ciertas actitudes sospechosas, le puso suero de la verdad en su taza de café y descu­brió  que tenía otra familia paralela.
- ¡Qué mal!
- Pasá, que hace frío.
- ¡Gracias! – la habitación era amplia y estaba algo en desorden. Olía a humedad. Los muebles del comedor eran originales y tenían varias reparaciones bastante mal hechas. No había electricidad, las arañas del techo tenían velas. La cocina se veía a lo lejos, al final del pasillo, era oscura y algo grasienta. A un costado, se encontraban tres puertas: la habitación de la madre de Lissa, el cuarto de baño y el dormito­rio de ambas hermanas.
- Ponete cómoda, ¿querés un té?
- ¡Dale! Preparalo mientras pienso en cómo arreglar un poco la casa.
- Bueno… - mi amiga se dirigió a la cocina, de la que volvió en pocos minutos con una gran bandeja.
- ¿Porcelana china?
- Uno de los pocos regalos de mi papá que conservamos en casa.
- Eso veo… ¡Hmm! ¡Qué ricas masas!
- De la panadería de al lado. La dueña me adora. Casi te diría que me crié con ella. Es un amor. Gracias a ella nunca pasamos hambre.
- Buena gente,
- De lo mejor.
- Permitime tu varita.
- ¿Qué vas a hacer?
- Solucionar todos los problemas edilicios de tu casa y a lo mejor del edificio completo.
- ¿El conjuro para restaurar?
- Hice una copia…
- ¿Funcionará igual?
- Sí, incluso mejor. Porque en tu familia no hay semimortales.
- ¡Eso es verdad!
- ¿Las alacenas tienen de todo?
- Sí, a mi mamá le pagaron ayer y la llenó.
- Perfecto, llevame a los cimientos de la casa.
- Están en el sótano.
- Entonces va a ser todo súper discreto. – las dos bajamos una derruida escalera de madera y pasamos una puerta sin cerrojo.
- Puede haber ratas, no te asustes.
- No hay problema… es un cuadrado perfecto…
- Vivía gente espiritista, antes de que nos mudára­mos.
- Eso lo explica todo… vamos a ubicar tu varita en posición vertical y lo único que tendrás que hacer, será leer el pergamino en voz alta. – con cierto temor, Lissa obedeció. Al principio no sucedió nada obvio, pero enseguida empezó a desaparecer la sucie­dad del piso.
- ¡Fantástico!
- Como somos dos, parece que todo va a ir el doble de rápido. Vamos para arriba a abrir los paquetes.
- ¡Sí! – regresamos al comedor y lo encontramos impe­cable - ¡Mamá se va a poner muy contenta cuando lle­gue y vea todo de punta en blanco!
- Con luz, gas natural, agua corriente y teléfono.
- ¿Cómo?
- Mi Notebook está comunicada con el Banco del Reino Mágico y otros sitios relacionados en los que traba­jan muchos magos. Como primera medida, deberíamos abrir una cuenta para tus ahorros.
- Lo dejo en tus manos.
- Tomará unos cinco minutos crear tu caja de ahorro estudiantil. – abrí mi laptop y me conecté a Internet - ¡Ya! Apoyá la varita en el lector, para regis­trarla… ¡Eso!... ¡Listo! Te acaban de tomar los datos y de transferir el dinero de tu beca… Ahora vamos a activar los servicios básicos del reino mortal… y a pedir tu primera tarjeta de crédito… ¡Concedida… y entregada! – el plástico salió atravesando la pantalla.
- ¡Wow!... ¡Gracias, Marijazmín!
- Por nada. Saquemos la ropa que te regalé, antes de que se arrugue.
- ¡Cierto! Me había olvidado. – estuvimos ocupadas con eso un buen rato. A la hora de la cena, llegó la madre de Lissa de su trabajo.
- ¡Hija, ya llegué!
- ¡Hola, ma!
- ¿Cómo te fue?
- Bien. Invité una amiga a cenar… Marijazmín… te presento a mi mamá.
- Hola.
- ¡Hola!... ¡Lissa habla mucho y muy bien de vos!
- ¡No sabés, mamá! ¡Arregló toda la casa con un solo conjuro y ahora no nos va a faltar nada!
- ¡Hhh!... ¡Asombroso!
- ¡Tenemos luz, agua, gas, todo! Dejó los muebles como nuevos y no tenemos que gastar un centavo demás.
- ¡Gracias, corazón!... ¿Cómo vamos a devolverte el favor?
- ¡Ni se les ocurra!
- De a poco vamos a ir trayendo cosas nuevas… - agregó Lissa - ¡Ahora se puede!
- Tu amiga es muy generosa, hija… - susurró la señora Giommini, con lágrimas en los ojos.
- Tanto como te lo había dicho…
- Bueno, bueno… ¡pongámonos  a preparar la cena, que mañana hay que salir temprano para el colegio! – cerré la conversación y así fue como terminamos ese fin de semana.

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