El Espejo de Plata
VII – Marijazmín y Gloomie
Enero 10
Querido Diario:
Creo que no ha existido en el
reino mágico un elfo doméstico mejor tratado y valorado que Gloomie. Mi
valiente Gloomie. Terminó su entrenamiento pocos días entes de que llegara a
mis manos la carta del colegio. Lo primero que hizo fue presentarme sus
credenciales mágicas y ponerse a trabajar. Ese día comí como una reina. Y
Gloomie estaba emocionado y ansioso, no dejó de lado el más mínimo detalle,
todo lo hizo maravillosamente bien.
Como resulta obvio, a papá y a mamá
jamás les gustó la idea de que yo conservara un ser mágico en casa y menos aún,
que cumpliera las funciones de un servicio doméstico. Cuando se dieron
cuenta de que no era un juguete, poco faltó para que lo quisieran quemar en una
hoguera, pero como me rebelé amenazando con hacer volar la casa y dejar a la familia
en condiciones de extrema pobreza y mendicidad, poco a poco lo fueron pensando
mejor y finalmente me dejaron a su cargo casi por completo, excepto a la hora
de enviarme a la escuela, eso no cambió en absoluto, la ropa de marca, pero de
mal gusto y las ridículas trenzas siguieron en su lugar.
Una noche, el chofer se llevó a mamá y papá
a una fiesta muy importante, en medio de la peor tormenta. La casa quedó vacía,
sólo estábamos Gloomie y yo. Afuera, las calles se habían inundado y los
truenos eran ensordecedores.
-
¡G-g-gloomie! ¡Me dan miedo los relámpagos!
-
No debe asustarse, señorita Kapatelis… sólo es una tormenta. Cuando usted
crezca y se desarrolle, podrá controlar los elementos de la naturaleza y ya no
le temerá a nada.
-
¿Estás seguro?
-
¡Por supuesto, señorita Kapatelis! Usted llegará a ser una maga muy poderosa.
-
¡Siempre tan optimista!
-
Ahora, acuéstese, Gloomie estará a su lado esta noche.
-
Gracias, Gloomie.
-
Gloomie la arropará bien y cerrará las ventanas. – esa noche fue terrible. No
podía pegar un ojo. Y me sentía horriblemente abandonada, dejada de lado. Mi
problema no era la tormenta, sino el miedo a quedarme sola.
-
Gloomie…
-
¿Sí, señorita Kapatelis?
-
¿Podrías dormir conmigo?
-
No es correcto, señorita Kapatelis, soy sólo un esclavo.
-
Sólo sentate sobre mi almohada, y tomá mi mano mientras duermo. ¡Por favor!
-
Está bien. – y así Gloomie rompió una de las reglas básicas de su
condición de servidumbre: se dejó elevar a un nivel superior al de un mago
menor de edad.
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