El Espejo de Plata


Enero 24

 Querido Diario:
             Atravesé el espejo de plata y aparecí en medio de lo que parecía ser el desván de una casa construida no sobre, sino dentro de un árbol.
- ¡Oh! ¡Madre! ¡Mira! Una hermana Veela extranjera ha solicitado hospitalidad después de tantos años. – una mujer madura muy parecida a mí, acompañada de una noble anciana, se asomó a la puerta del pequeño cuarto.
- ¿Estás segura? ¿No es un fantasma? – preguntó la anciana.
- Estoy segura… lleva túnica y cabellera blanca…  -  la bruja más joven se dirigió a mí con una amplia reverencia – Bienvenida a la casa Lynch, es un honor recibirla.
- ¡Gracias!
- ¿De dónde vienes?
- Soy estudiante del colegio Sparkle para Hechiceros y Brujas.
- Entonces, - interrumpió la anciana – debes ser… ¡una Lynch! ¡Como nosotras!
- Así es… Mi nombre es…
- Marijazmín Kapatelis Prince-Lynch… eres bisnieta de mi hermana Nilda. Soy tu tía abuela Melífera Lynch… y ella es mi hija Calisto. Lamento no poder presentarte a mis bisnietas Irina y Elektra, viven en Rusia, con su madre, Melopea y estudian medicina mágica, están en su último año.
- ¡Cielos! No sabía que mi Nona Nilda tuviera más hermanas…
- Bueno… es una triste historia…
- Ahora no tengo tiempo de escucharla, necesito ir a comprar un libro…
- ¡Pero, niña! Siéntate y bebe una taza de té. Somos dueñas de la única librería mágica de Londres. Te puedes llevar lo que sea que necesites. – la hija de la anciana me dejó con la boca abierta. Le entregué el pergamino que contenía el título del texto y la lista con los nombres de los estudiantes que necesi­taban comprarlo - ¡Oh! Mi nuevo libro de Astrología y Altas Artes… aquí tienes.
- ¡Gracias! – inmediatamente saqué mi varita para leerlo.
- ¿Usas varita, siendo Veela? – preguntó la anciana.
- Formalidades. Además, tengo cincuenta por ciento de genes de mago humano.
- La rama Kapatelis… lo recuerdo… necesitarás adap­tarte al uso de la varita de madera.
- Créame que lo intento… estoy demasiado acostumbrada a la de platino de mi Nona Nilda…
- ¿La heredaste?
- Así es.
- ¡Oh! – la anciana se quedó pensando. Su hija re­gresó con la bandeja del té en una mano y levitando una gran caja con la otra.
- Aquí están todos los ejemplares que pediste, pe­queña. Ya envié lechuzas con las cuentas a tus compa­ñeros de clase.
- Perfecto.
- Y pueden hacer sus tareas.
- Y tienen bastante prisa. Las profesoras nos ponen bajo una gran presión últimamente.
- Les están complicando la vida, por culpa de un fracaso sentimental.
- ¡Calisto! – la reprendió la anciana - ¡No seas atrevida!
- Es la verdad, madre. Las estrellas todo lo saben, todo lo dicen y nada callan.
- Contame más, Calisto…
- Tu tutora de Alta Magia intenta conquistar a tu profesor de Transformaciones…
- ¡Nah! ¡No te puedo creer!
- Y, Obviamente, Jonathan lleva años rechazándola. Pero ahora las cosas se han puesto peor y van por más… El profesor Cliff pronto descubrirá a su verdadero amor.
- ¡Ah, bueno!
- Ese es el motivo de los arranques de furia y tareas casi imposibles.
- ¡Que ya no lo serán!... Bueno, el té estuvo deli­cioso, gracias, ya debo irme.
- ¡Regresa cuando gustes!
- Agradezco infinitamente su hospitalidad. – Gloomie y yo regresamos al colegio. Bajamos a los dormitorios y allí dejamos los libros.
- ¡Impresionante, Marijazmín!
- ¡Apúrense con esa tarea!
- ¿Y vos?
- El ejercicio de lectura veloz ya lo hice en el camino… Lo de Astrología… Glommie, necesito el libro de apuntes,
- Gloomie se lo alcanzará de inmediato, señorita Kapatelis.
- ¡Gracias!
- Con esa dedicación al estudio, Riccardi está per­dido… ¡Vamos por más! - mi compañera, con la pluma en la mano, me guiñó un ojo.
- Supongo… al menos, a tiempo con todo junto es impo­sible que llegue.
- ¡Le tenés que ganar!
- Y vos te lo querés ganar…
- Y… yo sola no soy.
- Eso veo… Deberían dejarlo un poco tranquilo…
- ¿Por qué? ¿Te pensás que no le gusta que las minas le estén atrás?
- Una cosa son las minas, y otra muy distinta son las brujas…
- ¿Le gusta tener el control?
- ¡Le gustaría poder caminar por la calle sin que lo persigan sobres voladores, lechuzas, ni calderitos con pociones de amor! -  Gloomie llegó con mi libro y nos fuimos. Estaba bastante enojada cuando llegué a la biblioteca, a tal punto, que sin pensarlo me senté en la primera mesa libre que vi… y al lado mío se vino a sentar Ian Riccardi…
- ¡Hola! ¿Tarea?
- ¡Hola! ¡No te había visto! Sí, tarea de Astrología…
- ¿Está el libro?
- Llegó hace un ratito.
- Quedate sentada, ¡yo lo pido!
- ¡Gracias! – la caballerosidad era su segundo ape­llido… y había que reconocer que era endemoniadamente atractivo. Pero se suponía que yo no tenía edad para sentir nada demasiado fuerte por nadie… al menos era lo normal para cualquier persona, pero no para una Veela…
- Acá está… ¡Hmm!... ¡Rico olor a libro nuevo!
- ¡Ay, sí!
- Bueno… a ver… ejercicio uno…
- Página seis…
- ¿Ya lo leíste?
- Tutoría.
- ¡Ah!
- ¡Listo! ¡Terminé!
- ¡Wow! ¡Qué velocidad!
- ¡Te acabo de romper un récord!
- ¿Y eso te gusta?
- Soy muy competitiva…
- ¡Ya me di cuenta! ¡Nos vemos en el Club de Duelo!
- ¡Nos vemos! – me retiré con más apuro de lo habi­tual. No me gusta que me desafíen con doble intencio­nalidad. Pero lo que más detesto es hacer lo que yo misma digo que detesto. Y eso era precisamente lo que me acababa de suceder, sin poder evitarlo.
            Toda esa noche no pude dormir. Por su­puesto, las tareas se entregaron a tiempo y para variar, la mía sacó la nota más alta. Pero me importó bastante poco. Me preocupaba más la reacción de Ian cuando viera las tablas ese viernes. Todo en mi ca­beza estaba dando vueltas. Y de repente, me sentí aterrada. Si me felicitaba como lo hacía siempre, me moriría de vergüenza, una cosa que hasta el momento no me había sucedido. Ni siquiera en la escuela pri­maria, con todas las humillaciones que pasé, y eso es decir demasiado. Por otro lado, si se enojaba y me trataba mal… sería el fin del mundo… y eso tampoco jamás se me había pasado por la cabeza… y descubrí que algo estaba pasando en mi corazón. Eso era pro­blemático. Sólo tenía diez años y esas cosas que pertenecían al mundo de los adultos, no podían ade­lantarse tanto. Necesitaba a alguien con quien ha­blar.
              Cuando por fin logré dormirme, tuve una pesadilla horrible en la que corría por un laberinto de escaleras y ascensores que no llevaban a ninguna parte, buscaba a Ian y no podía encontrarlo. Me des­perté de golpe y Gloomie, como siempre, estaba a mi lado.
- Gloomie escuchó su sueño inquieto, señorita Kapate­lis, y le trajo un vaso con leche tibia…
- ¡Gracias, Gloomie!
- La señorita Kapatelis está tensa e insomne… ¿qué puede hacer Gloomie para mejorar eso?
- Realmente no lo sé, Gloomie… creeme que no lo sé…
- Lágrimas… ¡Oh, lágrimas de Veela! ¡El Fénix  debe beberlas! ¡Gloomie irá a buscarlo! – el elfo fue a traerme el pájaro de fuego que dormía plácidamente en su farol. De acuerdo con lo que leí en los apuntes de Nona Nilda, las lágrimas de las Veelas tienen la virtud de definir el color del plumaje de un Fénix: amarillo con cola roja, anaranjado con cola amarilla, anaranjado con cola roja, rojo con cola anaranjada y totalmente rojo con cola iridiscente.
            Para la edad que yo tenía, lo más proba­ble era que las plumas fueran amarillas o a lo sumo anaranjadas, pero todo dependía del motivo de las lágrimas.
             Gloomie acercó el farol y le quitó la tapa de arriba. El ave de fuego había crecido hasta tener el tamaño de un colibrí y su aspecto era muy peculiar: plumaje traslúcido y suave, a la luz de la vela además de reflejarse los siete colores del ar­coíris en su cuerpo, se podía ver su pequeño corazón de lava volcánica. Era hermoso, pero mi tristeza me apabullaba tanto que no me dejaba ver su belleza. Una tristeza muy profunda, enorme, devastadora. No podía parar de llorar, Gloomie sostenía al fénix entre sus manos. Se podría decir que bañé al pájaro de fuego con mis lágrimas. Y lo menos esperado sucedió en ese instante. El elfo doméstico se desmayó y el pichón de ave Fénix se incendió y se consumió por completo. Sólo quedaron cenizas en el suelo junto a mis pies.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Espejo de Plata

El Espejo de Plata

El Espejo de Plata