El Espejo de Plata


Enero 5


Querido Diario:

              No solamente lo material era causa de envidia. Lo intelectual y lo deportivo, también. Me consideraban “nerd” por tener siempre las mejores calificaciones y porque mi ropa, muy a pesar de ser de las mejores marca europeas, era la de una  nerd. ¡Dios! ¿Cómo permití durante tanto tiempo que me vistieran así? No sé qué era peor, si mi vestuario o mi peinado. El único momento en el que me veía bonita era durante las clases de danza y gimnasia deportiva. Ambas fueron actividades recomendadas por los psicó­logos cuando perdí a Nona Nilda. Por cierto, en las dos disciplinas era la mejor. Y eso molestaba. La más pequeña siempre y la más ágil precisamente por eso. No me cansaba nunca. Pero cuando dejaba de hacerlo, engordaba más que cualquier niño normal. Y no impor­taba cuánto comiera, en un mismo fin de semana pasaba de la extrema delgadez, a la hiperobesidad. Pero nadie se daba cuenta. Sólo el personal doméstico que se encargaba de comprar y lavar mi ropa.  Un domingo, mamá se quedó en casa en lugar de ir con papá al casino y descubrió lo que me estaba pasando.
- ¡¿Qué cantidad de porquerías estás comiendo en la escuela?! ¡¿Cómo es posible que estés engordando así?! ¡Parecés un lechón cebado! ¡Mañana mismo te llevo al nutricionista y hoy empezás a seguir la misma dieta que yo! – gritó tomando el teléfono - ¡Voy a llamar a compras por televisión para que nos traigan aparatos de gimnasio! ¡Vas a adelgazar sí o sí! – juro que nunca la vi tan nerviosa. Subí a mi cuarto intentando sacarme un poco el susto, pero fue cerrar la puerta y que todo en la habitación se pu­siera patas arriba. Otra vez mi magia se salió de control. No sé cómo no tembló la casa ese día.
            Desesperada como estaba, busqué los li­bros y la varita de la Nona Nilda para al menos in­tentar detener el desastre. Estuve horas poniendo todo en su lugar. Cuando terminé, agotadísima, es­condí todo nuevamente, tomé una ducha y me acosté. Al ponerme el pijama, me di cuenta de que ya no estaba gorda: la solución estaba al alcance de mi mano, pero al mismo tiempo estaba prohibida.
- ¿Qué voy a hacer? ¡Me van a meter presa en el reino mágico!
               El Primer Ministro de Gobierno se presentó en mi dormitorio a través del espejo y vino acompañado de un médico, que me revisó y me diagnosticó.
- Los síntomas son muy claros… esta enfermedad sólo se ve en territorios veélicos… Leucemia Mágica Veélica de primer grado. Sólo tiene un remedio conocido y es el ejercicio moderado y regular de la magia en forma voluntaria.
- El problema es que esta jovencita aún no puede recibir autorización para eso.
- Hmm… Por el momento, si se mantiene activa y hace todo el deporte de que sea capaz, se mantendrá estable. Lo que no sabría decir, es por cuánto tiempo.
- Pero no puedo ni siquiera dormir…
- Tendrás que acceder al reino mágico con toda la frecuencia que puedas, al menos hasta que te llegue la carta del Colegio Sparkle, pequeña. – esa fue toda la solución que me dieron. Y así siguieron mis días.

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