El Espejo de Plata
Enero 26
Querido
Diario:
Toda esa semana fue un calvario
para Ian, porque las transformaciones eran paulatinas y muy dispares: si le
crecían los pies, se le encogía el torso, si le crecía la cabeza, no la podía
sostener con el cuerpo. Se burlaban demasiado de él.
-
Se me fue la mano…
-
¡No, Marijazmín! ¡Que se la aguante!
-
Está sufriendo…
-
Que aprenda que la belleza no lo es todo…
-
Eso está bueno, pero todo tiene su límite.
-
Hay contrahechizo, ¿no?
-
No. Mi Nona Nilda consideraba un signo de piedad inmerecida revertir un trabajo
cuando el enemigo realmente merecía el castigo. En este caso, se disuelve
solo… aunque, pensándolo un poco mejor, debería quedarse así. Menos presumidas
potenciadas con las que lidiar, al menos por siete días.
-
¡Cierto!... ¿Qué pasa afuera? – preguntó Lissa, viendo el tumulto que se estaba
formando junto a la puerta de entrada del colegio.
-
No tengo idea… pero parece que vino alguien… y por el revuelo de ser algún
ex-alumno famoso…
-
¡Ya mismo te lo averiguo! – Lissa casi voló al centro del corro que se había
armado alrededor de un mago de importante estatura, cabello negro y ojos azul grisáceos. Casi de inmediato el rector
McCleod salió a su encuentro y dispersando a la multitud con un solo gesto, acompañó
al visitante a su oficina. Lissa regresó desilusionada.
-
¿Y?
-
Lo único que pude saber, es que se trata de Giampaolo Riccardi…
-
¿El padre de…?
-
Ian…
-
¡Hmm!
-
¿Mala espina?
-
¡Pésima! ¡Si el hijo es machista, imagínate el padre! Vení… - tomé a mi amiga
de la mano y corrimos a los dormitorios veélicos.
-
¿Alguna idea?
-
Buscar la manera de saber qué es lo que está pasando en la oficina del
director.
-
¡Olvidate! Es impenetrable, a prueba de estudiantes curiosos… encantamiento de
muros sordos.
-
No para una Veela.
-
Si eso es cierto, ¡esto se pone como a mí me gusta!
-
¡Me extraña, araña, que siendo mosca, no me conozcas! – en uno de los cajones,
busqué el relicario de Nona Nilda – Las paredes están hechizadas, no lo que se
pueda colgar de ellas… y en la cabecera del escritorio de Sigfrid…
-
¡Está el retrato de tu bisabuela!
-
¡Vas entendiendo!
-
¿Le vas a pedir que los espíe?
-
Algo mucho mejor… ¡observá! – abrí la joya - ¿Nona?
- ¿Cómo estás, querida?
-
Preocupada…
- Ya me imagino por qué… las
palabras son: OMNIÓCULA MÁXIMA… tres toques suaves.
-
¡Gracias, Nona Nilda!
- ¡Por nada! – la bisabuela volvió a su
pose original.
-
¿Podrían ir un poco más despacio? Me gustaría entender…
-
El encantamiento sirve para ver a través de los ojos de cualquier retrato que
se tenga por duplicado.
-
¡Ahh! ¡Buenísimo!
-
¿Lista?
-
¡Siempre! – saqué mi varita y di tres toques leves en el cristal del relicario.
-
¡OMNIÓCULA MÁXIMA! – la superficie de vidrio comenzó a disolverse hasta tomar
la apariencia de agua cristalina. Paulatinamente se pudo ver el escritorio del
director McCleod, desde el punto de observación del retrato de Nona Nilda: los
tres tinteros de oro, plata y platino labrado, el juego de plumas de águila, el
rollo de pergamino, los guantes y el bastón del señor Riccardi. El mago estaba
caminando, muy disgustado, de una punta a la otra del recinto y echaba chispas
por los ojos… literalmente.
-
¡¿Cómo es posible que no se me notifique semejante cosa de manera inmediata?!
¡Se trata de la salud de mi hijo! ¡La magia inexperta puede traer consecuencias
permanentes y usted lo sabe, señor rector! – el profesor McCleod lo escuchaba
pacientemente, pestañeando de vez en cuando - ¡Y para colmo, la humillación
de haber sido hechizado por una doblemente sangre contaminada! ¡Esa chiquilina
de apellido Kapatelis! ¡De una familia plagada de semimortales! ¡Qué
degradación! ¡Qué vergüenza!... ¡Un Riccardi derrotado por una Kapatelis!
-
Señor Riccardi, si se me permite el detalle, su propio hijo es miembro de la
Casa de Yorgo Kapatelis…
-
¡Eso es irrelevante!
-
Y significativo. Por otro lado… en este colegio, hemos decidido evitar todo
tipo de discriminación. Nos parece una conducta deleznable, en los tiempos que
corren. Tome asiento, por favor, y escúcheme. La señorita Kapatelis Prince-Lynch
es una estudiante brillante, bella y poderosa. Se ha ganado, por su dedicación,
cada reconocimiento que se le viene haciendo desde su ingreso a esta
institución, y yo mismo no la llamaría “inexperta”. Posee más horas de práctica
que cualquier pasante del último año de la Universidad Mágica, señor Riccardi.
La niña Kapatelis sabía lo que hacía cuando levantó la varita en ese torneo.
-
¿Torneo?... ¿Cuál torneo?
-
El del Club de Duelo, ciertamente. Suponía que estaba usted al tanto de la
competencia del lunes pasado.
-
Ni siquiera sabía que mi hijo aquí también hacía deportes de alto rendimiento.
-
Pues así es. Y es el mejor de su categoría… o lo era hasta la semana anterior.
Como verá, las consecuencias físicas del hechizo se deben a una competencia
deportiva, no a un problema de conducta, como usted lo planteó en un principio.
-
Ya veo… ¿Cómo se recupera mi hijo?
-
Estará completamente repuesto para mañana por la mañana y le hemos concedido
una semana de reposo en familia, por recomendación de la señora Bennett… Firme
la autorización y podrá usted retirarlo hoy mismo. – el rector le extendió el pergamino
y la pluma al señor Riccardi.
-
Bueno, creo que ya vimos y oímos suficiente. – suspiré cerrando el guardapelo.
-
¡Qué tipo “limitadito”! – exclamó Lissa con indignación.
-
Eso iba a decirte…
-
Te llamó “sangre contaminada”.
-
¡Doblemente!
-
Hacía mucho que no escuchaba ese término.
-
¿En serio?
-
Nadie de mi familia se casó nunca con un mortal.
-
¡Ah! Por eso…
-
Igual, nosotros aceptamos ese tipo de cosas, convivimos toda la vida con
mortales, mi madrina es mortal y sabe que somos brujas y está todo bien con
ella, mientras no hagamos nada que la impresione demasiado. Y te puedo asegurar
que la adoro…
-
¡Menos mal! ¿Qué hacés el fin de semana?
-
Mi mamá trabaja casi de corrido los tres días, viene nada más que a cenar y a
dormir, así que voy a estar todo el tiempo sola.
-
¿Venís a casa?
-
¡Hmm! No quiero ser una molestia para tus padres…
-
Mirá… yo paso los fines de semana con mi hermano Alexis o con mis primas Veelas
en el reino mágico dándoles una mano con el spa. Son una cuarta parte de mi familia
y ellas te tratarían como te merecés… ¿qué decís?
-
¡Hmmm!
-
Podríamos ir a almorzar primero… donde quieras y comeríamos lo que más te
guste…
-
Me encanta la comida china, mamá trabaja en una cadena de restaurantes chinos y
siempre algo me trae.
-
Bueno… ¡Comida china en la China, para empezar!
-
Son varias horas de vuelo y mi escoba, la verdad, está viejita…
-
Vamos por el espejo.
-
Pero las brujas normales tenemos que pagar peaje…
-
Usamos mi tarjeta de crédito para eso y listo. Se te terminaron las excusas.
-
¿Es que a nada se te puede decir que no?
-
¡Jajajaa! Armá tu bolso y nos encontramos acá después de la clase de
Transformaciones.
-
Listo. – nos separamos para nuestras clases de tutoría una y de taller de
creatividad mágica, la otra.
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