El Espejo de Plata
Febrero 2
Querido Diario:
Toda la tarea llegó a su destino,
pero Gloomie pagó las consecuencias el viernes por la noche. Lo encontré
desmayado en mi dormitorio veélico.
-
¡Gloomie!... – busqué de inmediato el camafeo de mi bisabuela - ¡Nonita! ¡Se me
muere Gloomie!
- “¡Tranquila! Controla su
respiración.”
-
Es muy débil…
- “Magia prohibida.”
-
Se dice que los Riccardi la practican.
- “Gloomie es la prueba.”
-
¿Qué puedo hacer?
- “Corta un mechón de tus
cabellos y átalo a su ropa.”
-
¡Ya!
- “Ahora pincha uno de tus
pulgares y derrama una gota de tu sangre sobre su frente.”
-
¡Listo!
- “Ahora deja que duerma en
tu cama… y si es necesario, duerme con él al menos por esta noche.”
-
No hay problema… en casa, Gloomie duerme siempre conmigo.
- “Lo has protegido muy
bien.”
-
En realidad fue al revés… ¡Yo le tenía miedo a las tormentas, ¿lo olvidaste?!
- “No. Entiendo lo que debió
pasar.”
-
Bueno… Ya se ve un poco menos pálido…
- “Excelente señal. Espero
que pase una buena noche, pequeña.”
-
¡Gracias, Nona! Dejaré tu relicario cerca, por si acaso.
- “Estaré alerta mientras
duermen.” –
me acosté, con Gloomie acurrucado entre mis brazos.
Cuando desperté, antes de la salida
del sol, descubrí que mi cabello había crecido hasta envolver a Gloomie por
completo.
-
¡Nona Nilda, necesito ayuda!
- “¡Qué lío!... A ver… muy
despacito, vas a intentar desenvolverlo… así…”
-
Ya está… - el elfo abrió los ojos.
-
Señorita Kapatelis… ¿Qué le sucede a Gloomie? Gloomie se siente débil…
-
Parece que… te atacaron. Eso dice Nona Nilda.
-
¡Oh!
-
¿Te sentís mejor?
-
Un poco… Gloomie ha dormido muy abrigado y seguro…
- “Cabellos de Veela, pequeño
elfo.”
-
¡Oh!
-
En un par de horas, estarás totalmente repuesto.
-
¡Y listo para servir a mi amita! – sonrió Gloomie.
-
Debemos volver a casa, Gloomie. Lo haremos en cuanto te puedas levantar.
-
De acuerdo, señorita Kapatelis. – alrededor del mediodía, nos pusimos en
camino. Cuando cruzamos el espejo, en mi dormitorio sonaba el teléfono.
-
¿Hola?
- Marijazmín, habla Ian.
-
¡Ah, hola, Ian, ¿cómo estás?!
- Yo, bien. Quería saber si
vos estabas bien también.
-
Sin ningún problema.
- ¿No notaste nada raro?
-
Además de que mi elfo doméstico casi se muere, nada…
- ¿Cómo así? ¿Está vivo?
-
Y gozando de buena salud.
- ¡Ah, menos mal!
-
Lo pude curar, sin mayores dificultades.
- Mi papá se va a poner
insoportable. El conjuro debió matar al esclavo.
-
Por eso falló. Estaba dirigido a un esclavo. Gloomie es un sirviente libre.
Trabaja bajo mi protección. ¿Volvés el lunes?
- Sí, y gracias a vos, con
toda la tarea completa.
-
Me parece muy bien.
- ¿Vas a algún lado mañana?
-
Hace un poco de frío… y acá los domingos hay reunión familiar.
- ¡Ah! Porque mi mamá te
quiere invitar a cenar.
-
Le pregunto a la mía y te llamo.
- Buenísimo.
-
Nos hablamos.
- ¡Dale! ¡Cuidate! – corté la llamada sin poder
creerlo. Gloomie se acercó preocupado.
-
La señorita Kapatelis debe tener mucho cuidado con esa gente.
-
Parece obvio, Gloomie.
-
Gloomie está angustiado…
-
Yo no sé qué pensar…
-
¿Va a asistir, señorita Kapatelis?
-
Es lo que corresponde. Pero primero voy a hacer una consulta… Nunca lo intenté,
pero me parece que el retrato de Yorgo Kapatelis que está en el despacho de
papá, se puede hechizar.
-
¡Excelente idea, señorita Kapatelis! Usted debe consultar a sus ancestros.
-
¡Y ya mismo! – sin siquiera cambiarme el uniforme, me dirigí al escritorio de
mi padre. Revisé la pintura con sumo cuidado, hasta que en un rincón del
reverso, encontré el encantamiento - ¡Eureka! ”A la altura del corazón, raspar
el óleo con varita de madera noble y pronunciar las siguientes palabras: OLEUM
PLUS VITA PERPETUAM.” Bien, vamos a intentarlo – saqué mi varita y raspé la
pintura – OLEUM PLUS VITA PERPETUAM. – me alejé unos pasos y esperé el
resultado: el cuadro se cubrió de niebla y luego de chispas doradas y
plateadas. Los latidos del corazón se comenzaron a escuchar. Y finalmente, la
figura habló…
- ¡Oh! – exclamó una voz masculina,
profunda y clara – Hay un ser mágico
aquí…
-
Sí, señor… soy su descendiente. Mi nombre es Marijazmín Kapatelis
Prince-Lynch.
- ¡Finalmente! ¡Una joven
bruja del linaje Kapatelis!
-
¡Así es, señor!
- Dime, ¿a qué debo tu
visita?
-
Quería hacerle una consulta.
- Sobre la enseñanza que se
te imparte, no me compete. Estás en la Casa de Laureen Lynch…
-
Descuide, no tiene que ver con la escuela. Sólo querría saber si hay algún otro
retrato suyo en el país, además del que está en el salón principal del colegio.
- ¡Desde luego que sí! ¡Hay
más! Uno se encuentra en el Ministerio de Asuntos Mágicos, otro en el hospital…
y varias familias que han estudiado en mi casa… Los Riccardi, entre ellos.
-
Es justamente lo que deseaba saber…
- ¿Cuál es tu inquietud?
-
He sido invitada a una cena en la casa de la familia Riccardi. Pero en realidad
no conozco el verdadero motivo de tanta amabilidad, cuando sé muy bien que se
me desprecia entre esa gente.
- Sucede con muchas familias
con manchas en el linaje.
-
Lo sé. Aquí hay un agravante más… mi bisabuela Nilda lo puede poner al tanto de
la situación.
- Bien. Averiguaré sus
intenciones. Ven a verme esta noche luego de la cena.
-
Se lo agradezco mucho, señor.
- No tiene por qué, bella
damita. –
ese trato me hizo poner roja como tomate.
Gloomie cocinó el almuerzo y
luego tomó una siesta, ocasión que aproveché para ver a mamá y solicitarle el
permiso para salir.
-
¿Mamá, estás ocupada? – pregunté.
-
No, hija, todavía no empieza la telenovela.
-
Necesito pedirte un permiso.
-
¿Permiso?
-
Sí, me hicieron una invitación.
-
¿De qué se trata?
-
La mamá de un compañero del colegio quiere que vaya a cenar mañana a su casa.
-
¿Es una casa normal o tenés que viajar?
-
Es una casa normal.
-
Tu padre te lleva y te trae con el auto… contame un poco… ¿qué “clase” de gente
es?
-
Son muy poderosos e influyentes. Una de nuestras mejores familias.
-
¡Qué interesante!... ¿Y qué hiciste para que te inviten?
-
Le pasé la tarea a mi compañero toda la semana. Estuvo enfermo.
-
¡Ajá! Y para demostrar que son gente de bien y agradecidos, te invitan a cenar.
-
Creo que es por eso.
-
¿Tenés ropa adecuada?
-
Me parece que sí…
-
¡Hmmm!... Dejame verte bien… Engordar, no engordaste… pero ese sweater te está
quedando ajustado… Te estás por hacer señorita, me parece… el lunes vamos al
médico, mientras tanto, hoy salimos de shopping. Hay que comprarte lencería…
¡Tenemos tarjeta! – mamá estaba en su salsa. Compramos un poco de todo. Aunque
nada de lo que a ella le gustaba, me gustaba a mí.
-
Es feo ese vestido, mamá.
-
Es adecuado para tu edad…
-
¡Yo no me pongo eso!
-
¡Te vas a poner lo que yo digo, hasta que cumplas dieciocho años!
-
¡Ok! ¡Y vos, a cambio, vas a dejar de fumar mientras yo esté en edad de
crecimiento!
-
¡Hhhh! ¡Está bien! Pero, ¿cómo vas a hacer para que yo no fume?
-
La Nona Nilda tenía soluciones para toda clase de enfermedades y vicios.
-
¡No, señor! ¡Nada de mejunjes!
-
¿Quién habla de mejunjes?
-
Tu bisabuela no sabía hacer otra cosa…
-
¡Qué poco la conocías, mamá!
-
Y vos con siete años, te pensás que la conocías más que yo, ¿no?
-
¡Más que vos y que la abuela, por cierto!
-
Vamos a casa. – mamá cortó la discusión. Una vez en casa, fui a mi dormitorio a
abrir el arcón de la Nona y busqué entre sus joyas, ciertas piedras que tienen
efectos medicinales.
-
¿Estás lista, ma?
-
Ya me acosté.
-
Ponete boca abajo.
-
¿Qué es eso?
-
Gemas.
-
¿Doña Nilda sabía hacer gemoterapia?
-
¡Y mejor que unas cuántas de la tele!
-
¡Están calientes!
-
Un poco… respirá hondo… cuando se enfríen te las saco y te vas a poner este
colgante y con eso vas a dormir toda la noche.
-
Espero que funcione.
-
Quedate tranquila. Todo lo que me enseñó la Nona Nilda, lo aprendí al pie de la
letra.
-
¡Mjm!...- mamá se durmió con las gemas puestas, cosa que aproveché para dejar que
Gloomie terminara el trabajo y para ir a ver el retrato de Yorgo Kapatelis.
- ¡Mi niña!... ¡Estoy tan
angustiado!
-
¿Qué pasó?
- ¡Hhhh! Me siento
avergonzado de todo lo que he visto y oído, hijita.
-
No me extraña… ¿Por qué no me cuenta y se desahoga?
- Está bien. He estado en ese
cuadro desde varias generaciones, sólo como adorno, siempre dormía. Para ser honesto, esta fue la primera vez que me activaron, en siglos. ¡Mi
querida! La familia Riccardi está en el lado oscuro de la magia y ha
evolucionado a la par de lo que los mortales conocen como “mafia”.
-
¡Uh!
- El jefe de la familia es
adicto a la poción de Euforia Máxima, además de mujeriego y jugador compulsivo,
su mujer es alcohólica al punto de no poder siquiera levantar la varita sin
hacer desastres. Hace tiempo que la fastuosidad de la mansión se conserva con
dinero sucio: drogas para mortales y tráfico de pociones ilegales…
-
¡Un espanto!
- Y aun así, suelen gastar
más de lo que ingresa en las arcas familiares.
-
Parece que tenemos algunas cosas en común…
- La decisión de Alexia de
invitarte a cenar casi provoca el divorcio.
-
¿Debido a?
- La madre quiere asegurar el
futuro de su único hijo varón… piensa en ti para un matrimonio provechoso… el
padre te odia con toda su alma y está buscando candidatas por su lado, claro
está.
-
¿Descubriste el motivo de tanto odio?
- Una… insensata mezcla entre
machismo y xenofobia. Le ganaste a su hijo, a quien él consideraba el mago más
poderoso de su edad existente de este lado del mundo. A ese hijo lo derrotó una
mujer, su inferior, alguien sin cerebro, sin capacidad de pensamiento, sin
inteligencia, un ser que sólo fue creado para parir los hijos. Y por añadidura,
viene de familia con sangre “contaminada”, “defectuosa”.
-
Comprendo.
- Desearía que no tuvieras nada
que ver con esa gente. Me avergüenzan.
-
Imagino lo dolido que debes estar… ¿crees que Ian sea como ellos?
- No quisiera aventurarme,
pero inevitablemente, su futuro está delineado en función a reflotar la fortuna
familiar a toda costa.
-
¿Como si fuera un esclavo o un salvavidas?
- En cualquier caso, el
“salvavidas” serías tú… es decir, una unión entre las familias Riccardi y
Kapatelis-Lynch.
-
Como en la antigüedad… ¡Hhh!... Y sólo tengo diez años…
- ¡Qué difícil prueba para
ti, mi pequeña princesa!
-
No te gusta la idea de esa unión en el futuro, ¿verdad?
- Si las cosas fueran
diferentes, no me opondría… ¡Pero como he visto y he oído tanta bajeza!
-
Me asusta todo esto… Pero sabés cómo es esta familia respecto a la riqueza.
- Créeme, mi dulce niña, que
sufro contigo y por ti. Vete a dormir y relájate. Cuenta conmigo. Estaré
atento.
-
¡Gracias! – cuando llegué a mi habitación, todo me daba vueltas. Era demasiado.
Si bien yo estaba creciendo a una velocidad mayor a la normal, la complejidad
de mis problemas crecía todavía más rápido.
Comentarios
Publicar un comentario