El Espejo de Plata
Enero 25
Querido
Diario:
Cuando vi a Gloomie inerte sobre la
alfombra junto a mi cama, mi primer impulso fue buscar el relicario de Nona
Nilda, para que me ayude a auxiliar a mi sirviente. Por el Fénix no me
preocupé demasiado porque sabía que en pocos minutos renacería de sus propias
cenizas.
-
¡Nona! – dije entre sollozos, temblando como una hoja seca de álamo - ¡Tenés que hacer algo rápido! ¡Gloomie se
descompuso y no reacciona!
- Conserva la calma, pequeña. – Nona Nilda me tranquilizó
un poco, pero mi miedo de perder a Gloomie seguía dominándome - Sólo
es un susto. Te diré cómo proceder y luego tomarás nota por si un episodio
similar se llega a repetir en el futuro.
-Sí,
Nonita, te escucho. – tomé pluma y pergamino, para copiar la receta.
- Saca tu varita y moja la
punta en agua de rosas azules…
-
Acá está… - dije luego de buscarla en mi bolso - ¡Hmmm!... ¡Rosas azules!...
¡Nona, no es época de rosas azules! ¿De dónde las saco? – ya comenzaba otra vez
a desesperarme. Y la idea surgió automáticamente. Recordé un encantamiento que habíamos estado practicando
en la clase de Alta Magia. Tomé mi varita y una maceta vacía - ¡Floreum!
- ¡Brillante! – mi bisabuela contemplaba
orgullosa el esbelto arbusto con flores color turquesa y zafiro.
-
¡Gracias, Nona! ¿Ahora qué más hago?
- Corta las rosas, deshójalas
y pon a hervir los pétalos en agua de deshielo.
-
¡Aquí hay nieve! – dije abriendo la ventana y poniendo varios puñados en mi
caldero hasta llenarlo - ¡Igneus!... casi termino…
- Sólo el extremo de la
varita, Marijazmín…
-
¿Así?
- ¡Muy bien!... ¡Ahora… el
conjuro!
-
Dictame las palabras…
- ELFOS VIVERE.
-
“¡ELFOS VIVERE!” – lentamente, Gloomie abrió los ojos - ¡Gloomie, Gracias a
Dios! ¡Tenía tanto miedo!
-
Gloomie, nuevamente le debe la vida a la señorita Kapatelis…
-
Descansá, Gloomie… al menos unos minutos…
- Marijazmín…
-
¿Sí, Nona?
- Tu Fénix… ha renacido…
-
¡Cielos! ¡Se me olvidó por completo!... ¡Por las barbas de Merlín!
- ¿Qué color ha tomado?
-
Completamente rojo… con ojos azules… y la cola iridiscente… la pregunta es…
¿Por qué se incendió?
- Hmmm… es para meditarlo con
cuidado… un ave Fénix hace combustión espontánea cada vez que una etapa en la
vida de su ama se cierra o se saltea.
-
Demasiado literal es en mi caso la frase “quemar etapas”…
- Eso veo… la otra causa, sin
lugar a dudas es el motivo de tu llanto… es evidente, pequeña… que es fuego lo
que hay en tu corazón.
-
No… entiendo, Nona.
- No es para que nadie se
alarme, pero… creo que has hallado tu amor verdadero.
-
¡No puede ser! – esa respuesta tan arrolladora y sincera de mi bisabuela hizo
que el suelo temblara bajo mis pies.
- Todo lo indica… las plumas
del Fénix han hablado… Rojo y después de una quema. Es definitivo.
-
Pero sólo tengo diez años… - me quedé pensando, mientras contemplaba al ave de
fuego, cuyos ojos me sonreían y cuyo canto me estaba dando un poco de sosiego -
¿Es como tener marcado el destino?
- Muy acertada la
comparación… deberás tomarte las cosas con mucha serenidad, linda. Esto es así…
podrán pasar muchos años, incluso muchos hombres y mujeres por las vidas de
ambos… pero él siempre volverá, siempre te buscará. Y tú volverás a él.
-
Y eso… ¿es bueno o es malo?
- Es difícil… pero te
garantizo algo: ninguna magia puede contra el verdadero amor. Es el poder más
grande que existe. Nada lo vencerá. Aunque por tu extrema juventud, mucho me
temo que tendrás que sufrir bastante… porque tú ya lo sabes, pero él… niña
mía… él es un hombre, en dos mundos machistas, mi querida…
-
No suena para nada alentador…
- Ya lo creo, Marijazmín.
-
Me siento extraña…
- No te culpo… tienes la edad
de una niña que aún juega con muñecas y los sentimientos de una mujer de más
años.
-
El poder de las Veelas… ¿tiene algo que ver con esto?
- No solamente el poder.
También tu crecimiento, hija. Mírate al
espejo. ¿Aún no lo has notado? – la Nona Nilda, para variar un poco, estaba
dando en la tecla. Ocupada como estuve con mis cosas y con Gloomie a cargo de
vestirme e higienizarme con magia, no me molesté ni en prestarle la más mínima
atención a mis cambios físicos. La imagen que me devolvía el espejo, era la de
una mujer con rostro de niña: tenía cintura estrecha, caderas y busto, todo en
perfecta armonía.
-
¡Ah, bueno! – no daba crédito a lo que veían mis ojos, me tuve que sentar para
asimilarlo. Ni siquiera podía hablar.
- Eres una mujercita,
Marijazmín. Y demasiado hermosa.
-
Nada extraño, somos Veelas… - dije en voz baja.
- Las otras chicas van a
verte como una rival, desde mañana, cuando te levantes para ir a clase. Gloomie
te ha comprado el uniforme tradicional de las Veelas.
-
Querrás decir, en un par de horas…
- Casi sale el sol, debes
darle nombre a tu Fénix.
-
A ver… por el plumaje, es un macho. Fénix… Nix… Nixie…
- Parece que ese le gusta,
sus ojos brillan.
-
Entonces… ¡Nixie!
- Ahora, para poder rendir el
resto del día, te recomiendo que tomes un baño de inmersión con burbujas y una
pluma de Nixie.
-
¡Como digas, Nona!
-
Gloomie lo preparará, señorita Kapatelis. Y tendrá listo y perfumado su nuevo
uniforme al terminar.
-
Gracias, Gloomie.
-
Se verá usted preciosa, señorita Kapatelis.
-
Decís eso desde que tengo memoria, Gloomie… ¡Hhhhh! Necesito una taza de café
bien cargado… ¡Y terminar mi tarea de Transformaciones!
- ¡Bien, entonces, será mejor
que te deje estudiar, linda!
-
¡Gracias, Nona! – dejé el relicario en mi mesita de luz.
Después del baño realmente me sentí
como nueva.
-
Lista para su peinado, ¿verdad señorita Kapatelis?
-
¡Siempre!
-
Gloomie le hará un peinado de Veela, como corresponde…
-
¡De acuerdo!... ¡Hmm! El café está delicioso… Y mi resumen, terminado. Este
nuevo sistema de libretas mágicas es muy práctico. Los profesores se enteran
del momento en el que cada tarea se realiza con éxito… - me interrumpí cuando
un chasquido leve, amplificado por mis poderes, que en ese momento estaban
sensibilizando mis sentidos, se escuchó en el exterior del recinto.
-
¿Sucede algo?
-
En la ventana… es Brisa…
-
Parece que trae un mensaje. Gloomie se lo alcanzará, señorita Kapatelis. – mi
elfo doméstico hizo entrar al ave y le desató el rollo de pergamino que traía
en la pata derecha - ¡Aquí tiene!
-
¡Gracias, Gloomie!... dale algo para que coma y dejá que se caliente cerca del
fuego, afuera hace demasiado frío… - una vez que me aseguré de que Brisa
estuviera recuperándose, desenrollé el mensaje - ¡Oh!... Es un desafío del Club
de Duelo.
-
¿Tan pronto?
-
Suena a revancha…
-
¡Ya está lista, señorita Kapatelis!
-
¡Y es hora de ir a clase!... Pero primero, hay que responder el mensaje.
-
Su pluma, señorita Kapatelis.
-
¡Gracias!... listo… Brisa, llevá esto de regreso al Club de Duelo y luego te
quedás abrigada y segura en la pajarera y si tenés frío te venís para mi
dormitorio veélico, Gloomie se queda con vos. – el ave partió y yo bajé a
desayunar.
Acostumbrarme a mi nuevo cuerpo fue casi tan
difícil como mi adaptación a la varita de roble. Me incomodaban las miradas de
todos y como mis sentidos se estaban agudizando, me sentía afectada por los
comentarios hechos por lo bajo y a mis espaldas. Y era nada más que el principio.
Mis calificaciones, en general, no
variaron, pero como ya había sucedido esa mañana, los duelos y los desafíos
deportivos comenzaron a ser moneda corriente, tanto, que hasta los profesores
empezaron a temer por los hábitos de estudio del alumnado.
-
A partir de hoy, - anunció el profesor Cliff – será limitado el número de
desafíos deportivos entre las casas a la cantidad de cuatro cada mes. – el
murmullo generalizado se dejó oír bastante airado. El Profesor de Transformaciones
se puso de pie para imponer silencio y continuó con la lectura de las
novedades – Sólo un duelo por semana, por alumno. – las caras hablaban por sí
solas. Pero eso no terminaba ahí. Estábamos obligados a entregar cada mensaje
que contuviera un desafío excedente al profesor cabeza de la casa. Eso para mí
era un fastidio, ya que recibía no menos de una docena de mensajes entre clase
y clase. Brisa terminó por acostumbrarse a dirigirse a la sala de docentes, sin
pasar por los dormitorios. Pero si había un duelo al que nadie rehusaba, ese
era contra Riccardi. Hasta el director McCleod no se lo perdía por nada del
mundo.
Adaptarme a la varita de madera me
llevó un año completo, por eso siempre quedaba en segundo lugar a la hora de
medirme en velocidad de reacción. Luego del nacimiento de Nixie, todo se fue
acomodando con naturalidad. Era como si la madera de roble fuese una extensión
de mi brazo. Una vez que entendí eso, pude arrebatarle el podio a Ian en un
duelo mano a mano.
Ese día, para variar, mi amiga
Lissa había desparramado la noticia por todo el colegio, cosa que no dejó de
resultarme incómoda.
-
¡Te garantizo que el club se llenará!
-
Si estuviste abriendo la boca, ¡ni lo dudo!
-
No entiendo cuál es el problema, Marijazmín… es tradición la rivalidad entre
los Lynch y los Kapatelis… ¡Y el pomposo de Riccardi, no me digas que no es
repugnante! Se la cree todo el tiempo, se le subieron las hormonas al sombrero.
-
Me pone nerviosa tanta popularidad.
-
¿Nerviosa? Yo creí que ya estabas acostumbrada…
-
¿A ser un fenómeno? Sí. Pero a ser un “fenómeno entre fenómenos”, no.
-
Sigo sin entender…
-
Lis… le puedo ganar… pero no sé si quiero. Es decir, no quiero lo que va a
venir después.
-
¿Qué puede venir después?
-
Demasiadas cosas.
-
¿Por ejemplo?
-
¡Eso! – señalé con la cabeza al grupo de tercero de Shroeder – La pesadilla
empieza temprano.
-
¡Ay, no!
-
Si le gano hoy… las cosas van a empeorar, creeme…
-
¿Qué cosas van a empeorar? – Vanessa Shaw, a la cabeza del grupo, se acercó a
nosotras.
-
Parece que no soy la única con cambios… - susurré, viendo que la rubia teñida
presumía con su hechizo de silueta perfecta.
-
Ventajas de poder comprar libros avanzados en Paris… un lujo que no muchas se
pueden permitir.
-
¿Podrías hacerme el favor de dejar de pavonearte delante de mi amiga? La vas a
hacer vomitar… - le contesté y ya comenzaba a levantar presión.
-
Es lo único que sabe hacer bien, según me cuentan…
-
¡Mejor cállate, querés!
-
¡¿Qué?! ¿Vas a tratar de hechizarme? Te
llevo dos años de ventaja y una cuenta bancaria propia, chiquita, entre vos y
yo no hay ni punto de comparación. Aunque hayas aprendido a peinarte…
-
Hablás demasiado de lo que tampoco tenés. – deslizó Lissa.
-
¿Qué querés decir? ¿Qué soy tan pobre como ustedes dos?
-
¡Mirá querida, mi amiga es cualquier cosa, menos pobre, ¿sabés?!
-
¿Ah, sí? ¿Y por qué a su capa le pone botones de dos casas, como si los sacara
de uniformes viejos? ¿No ves que sólo le falta usar un zapato de cada color?
-
¡Qué tipa ignorante! ¡¿No sabés que lleva los dos apellidos más importantes de
este colegio?!
-
Y los más venidos a menos de este reino…
-
¡Pero todavía, los Kapatelis sabemos hacer magia y mejor que la tuya, que será
importada pero se ve bastante trucha!... y se puede ir de control con mucha
facilidad. ¡Trasero de elefante! – y las posaderas de la Shaw, ¡se fueron de
mambo! Entre sus dos amigas no pudieron hacer que terminara de entrar al aula.
-
¡Jajajaja! – se desternillaba Lissa - ¡No pasa por la puerta!
-
Con suerte, puede pasar por un accidente, producto de su propia imprudencia con
las comidas… pero después de esta tarde…
-
¿Qué?
-
Nada va a ser igual…
-
¡Hmmm! Esa no es tu manera de ver las cosas… Marijazmín, a vos te pasa algo y
aunque no me lo digas, ¡yo sé que es así!
-
¡Se nos hace tarde!
-
¿Tenés el traje?
-
Gloomie me lo alcanza después de clases.
-
¡Ah, ok!... Pero no me cambies el tema, ¿seguro que no te pasa nada? Yo te veo
rara… como desgarbada, caminás insegura, cuando siempre te parás derecha…
-
Bueno… es que… es algo muy íntimo… ¡me hice señorita! – decirle eso fue lo
único que se me ocurrió para evitar el sermón que se me venía de parte de ella
si le contaba las cosas que me pasaban con Ian.
-
¡Ahh! ¡Con razón! ¿Y es diferente en las Veelas?
-
Más rápido…
-
¿Estás dolorida? ¿Querés ir a la enfermería? ¿Tomaste algo?
-
Sí… pero todo tiene que hacer efecto. ¡En fin! Es parte de crecer…
-
Tendrías que avisarle a tus padres…
-
Cuando vaya este fin de semana.
-
Da la sensación de que mucho no les importás…
-
Ya estoy acostumbrada… ¡vamos, que llegamos tarde! – corrimos a la clase de
Alquimia, luego de la cual seguiría el tan mentado evento en el Club de Duelo.
-
¿Cómo van esos nervios?
-
Más o menos… muchos cambios en el cuerpo, demasiado rápido.
-
¡Eso mismo te iba a decir! ¿Querés ir de compras a la tarde? No hay tarea…
-
Es buena idea… ¿necesitás algo? Mi tarjeta de crédito debe tener telarañas,
¡no la uso nunca! – a ese comentario, la gente de Shroeder que acertaba a pasar
por la puerta de los vestidores, lanzó una sonora risotada.
-
No… bueno, sí…
-
Lissa, somos amigas. No tengas vergüenza de pedirme lo que te haga falta.
-
Pero… nunca te voy a poder devolver nada…
-
Tampoco yo te voy a pedir que lo hagas… ¡ya estoy lista! Fijate cómo viene la
mano…
-
¡Ya te digo!... – Lissa se asomó por la pequeña ventana que daba a la parte
inferior de la cabina de los relatores - ¡Está lleno!... Riccardi ya está en su
rincón.
-
Me pongo los guantes y salgo.
-
¡Estás perfecta! ¡Sin duda, le vas a hacer perder la concentración!
-
No es esa mi intención, sería una victoria demasiado sencilla y no busco
humillarlo, sino cerrar la semana con otro récord en mi haber.
-
De todos modos… ¡lo vas a humillar igual! Por lo que me cuentan las chicas de
tercero y cuarto, si hay algo que Riccardi no soporta es que le gane una mujer,
¡es híper machista!
-
¡Ay, no! ¡Como si en casa tuviera poco!... Bueno. ¡Al combate! – me abroché la
capa y con Gloomie por delante llevando mi varita sobre un almohadón de
terciopelo blanco, atravesé la puerta del gran salón de deportes competitivos.
Las gradas estaban cubiertas por
banderas, carteles, pancartas, como en una cancha de fútbol. Ian, desde su
lugar, levantó la vista y se me quedó mirando mientras me acomodaba. Juraría
que sentí el peso de aquellos ojos sobre mi nuca. Consecuentemente, los comentarios
se dejaron oír.
-
¡Parece que Shaw ya tiene una rival que vale la pena!
-
¡Ahí están los resultados de sus famosas pociones de amor! ¡Por eso no las
enviaba! ¡Quería usarlas ella! – y así cosas bastante peores, sin tener en
cuenta que yo soy una Veela.
Gloomie, ceremoniosamente, me entregó
la varita. Ian ya estaba en el centro de
la pasarela. Y seguía acuchillándome con la mirada. Me empecé a sentir
intimidada, no quería levantar la vista, aunque se me estaba poniendo difícil.
Eso aparte del hecho de que él era el
centro de la atención hasta mi llegada. Y le gustaba serlo, cuando lo que hacía
lo consideraba su especialidad, ¡obvio!
Pero como siempre decía Nona Nilda, “no hay una cara bonita que pueda
hacerle sombra a una Veela”. Todas las cabezas habían girado para verme. Y
claro, el Pavo Real, indignadísimo, tuvo que desplegar su plumaje. Lo que vino
después, a mi juicio, se llama caer muy bajo. Varias chicas se le acercaron
para saludarlo, bajo la influencia del Aura de Sirena, que ya sabía cómo usar,
él, que nunca lo hace, se dejó abrazar y besuquear, al menos por una docena de
ellas… hasta que subió Vanessa y directamente “le comió la boca”.
Se me fue el alma al piso. Fue como
una puñalada dada en el pecho. Y yo sabía que sólo era la primera de muchas, y
por eso mismo, la más dolorosa. El suelo pareció disolverse bajo mis pies.
Cerré los ojos y respiré hondo para no
desquitarme como deseaba hacerlo. Todo se me mezclaba, no podía creer que eso
que veía tan claramente toda la concurrencia, en verdad estaba sucediendo. Una
pesadilla anticipada, y para colmo, yo estaba despierta. Quería llorar y
gritar, pero no podía, no en ese momento, ni en ese lugar. Y lo más esperable
fue la apreciación acertadísima de Lissa, quien no tuvo piedad, ni pelos en la
lengua, ciertamente.
-
¡Ja! ¡Y vos que no querías humillarlo! – ironizó.
-
¡Es!... ¡Muy!...
-
¡Enano!
-
¡Para ser demasiado amable con él!
-
¡Destrozalo! ¡Te dije que era un presumido!
-
¡Ya veremos! – susurré. Luego actué casi sin pensar. No me importaron
demasiado las consecuencias. El árbitro nos hizo la reverencia para que
tomáramos posiciones.
-
¡Atención!... ¡De espaldas!... ¡Cinco pasos!... ¡uno! – mi furia crecía - … ¡dos!...
– se me ocurrió que debía transformarlo en gusano - …¡tres!... – mejor en
mosca, así se lo comían los sapos - … ¡cuatro!... – el hechizo estaba definido
- … ¡cinco! – no hubo tiempo ni para pestañear. Casi no sentí el cuerpo. Ante
mis ojos, el chico más bello de todo el Reino Mágico se había convertido en un
pigmeo africano. Los gritos de horror eran ensordecedores.
-
¡Un espejo!... ¡quiero un espejo, y lo quiero ahora! – Ian estaba desesperado.
-
¡Sos increíble, Marijazmín! - me abrazó
Lissa.
-
¡Gracias!
-
¡Se lo merece, por mal perdedor!
-
Tiene para una semana.
-
¿Qué usaste?
-
PIGMEUS HORRIBILIS… es de mi bisabuela.
-
No será de los prohibidos, ¿no?
-
¡Para nada! Es de corta duración. Fue premio a la creatividad en el último año
de mi Nona.
-
¡Ah! – en ese momento, el resto del protocolo del evento interrumpió nuestra
charla.
-
¡Entreguen las varitas! – el juez examinó ambas armas, para comprobar su
correcto funcionamiento y oficializar los récords y la victoria, claro. Demoró
bastante, y ya todos estábamos nerviosos por eso.
-
Están tardando… espero que no te acusen de hacer trampa. Los de Kapatelis ya
reclaman.
-
Viven reclamando… no saben perder.
-
Sí, en eso tenés razón… ¡Ahí habla el juez!
-
¡Silencio, por favor!... Las dos varitas han sido inspeccionadas y funcionan de
manera correcta. Dicho esto, procederemos a la entrega de los premios… sí, más
de uno. A la señorita Marijazmín Kapatelis Prince-Lynch, por la Varita más
Veloz, por el Conjuro No Verbal y el hechizo de más elevado nivel que se haya
visto en un estudiante de segundo año.
-
¡Tres Trofeos, Marijazmín! ¡Sos lo máximo! – entre aplausos y miradas de
admiración de unos y de envidia de otras, subí al estrado a recibir las
medallas y las copas, que por supuesto dejé en manos de Gloomie.
-
Felicidades. Estuviste increíble. – Ian me dio una mano peluda y callosa para
congratularse conmigo y fue llevado en camilla a la enfermería.
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