El Espejo de Plata
Enero 23
Querido
Diario:
Me cuidé muy bien de que ninguna de
mis compañeras supiera nada de mi amistad con el pibe Riccardi. Ya tenía
bastantes problemas, no iba a sumar otro más. El caso es que, al parecer, ese
año, las bromas se calmaron y las competencias se exacerbaron. Incluso entre
Ian y yo. Era lógico. Además de ser los primeros de la clase, a eso había que
sumarle que pertenecíamos a dos casas tradicionalmente rivales.- ¡Vos este año lo tenés que hacer bolsa a ese presumido de Riccardi, eh! – me decía Lissa, la primera noche, después del banquete inaugural, mientras desarmaba su cama.
Cuando llegué de regreso al colegio, me encontré con una extraña sorpresa: las chicas le habían solicitado al director que se me dejara compartir los dormitorios de la casa, en lugar de pernoctar en el de las Veelas. Supuse, sin temor a equivocarme, que eso se debía a la necesidad de tenerme cerca, por todo lo que ya dije antes: las rivalidades y las pociones de amor…
- Hola, Marijazmín… ¿entendiste el segundo ejercicio de Astrología?
- Hola… déjame ver… ¿qué libro estás usando?
- Saqué varios de la biblioteca…
- Eso veo… ¡Hmmm! Para lo que pidió teníamos que tener el libro nuevo… y todavía no llegaron las muestras…
- ¡Encima es para mañana!
-Bueno, pero esa materia la tenemos en el turno de la tarde… Hmmm… la autora parece ser una prima de mi bisabuela o algo así… entonces… supongo que Brisa podría llegar a traer al menos uno, pero recién a última hora del día.
- Mirá que hay que tenerlo leído para la mañana… es el ejercicio de lectura veloz que dio la tutora para Alta Magia…
- ¡Ah, pero se levantó con la quinta luna dada vuelta en el trasero esa mujer!
- Es lo que pensamos todos. – un pequeño grupo de chicas se había reunido a mi alrededor.
- ¡Déjenme pensar!... ¡Algo tiene que poderse hacer!... ¡Gloomie!
- ¿Señorita Kapatelis? – mi elfo apareció de inmediato - ¿Qué puede hacer Gloomie por usted?
- Los chicos de la casa y yo necesitamos un libro. Pero hay que traerlo de la ciudad… de origen… ¿Alguna idea?
- La señorita Kapatelis podría trasladarse en un instante a la ciudad de Londres a buscar los libros, utilizando el espejo veélico.
- ¿Se puede ir tan lejos?
- Sólo debe concentrarse en su destino y seguramente el espejo la llevará al hogar de las Veelas que esté más cercano al sitio en el que deba usted cumplir su misión, señorita Kapatelis.
- Voy a necesitar aprender Inglés…
- ¡Pero, aun siendo bruja, sería imposible en pocas horas! – suspiró mi compañera.
- ¡No te preocupes! ¡Enseguida regreso! – respondí llevándome a Gloomie de la mano.
- ¿Adónde vamos, señorita Kapatelis?
- A la biblioteca, a hacer un curso ultra rápido de Inglés.
- ¿Necesitará ayuda?
- Quiero que separes todos los diccionarios y libros de hechizos en ese idioma que estén a nuestro alcance.
- Le tomará no menos de una hora hacer una lectura completa, señorita Kapatelis.
- Estaba haciendo exactamente el mismo cálculo. Ya estamos aquí.
- ¿En qué puedo ayudarla, señorita…? – preguntó la anciana bibliotecaria.
- Kapatelis, Marijazmín. Voy a usar el área de Inglés por una hora.
- Segundo pasillo a la izquierda.
- Gracias. Rápido, Gloomie.
- Sí, señorita Kapatelis. – a toda velocidad, comenzamos a apilar libros en las mesas. El tiempo apremiaba, era necesario actuar con celeridad.
Había desarrollado la habilidad de la lectura veloz en la escuela primaria, pero con el uso de la magia, la había perfeccionado. Me alcanzaba con pasar la varita sobre la tapa del libro para saber al instante el contenido completo del texto.
- ¡Uff! – suspiré llegando a la mitad de la “lectura” - ¡Necesito masajes!
- De inmediato, señorita. – no existe una orden que Gloomie no sea capaz de obedecer. Le tomó escasamente dos minutos relajar mi muñeca.
Una de las cosas más difíciles a las que me tuve que acostumbrar fue el uso de la varita para casi todo. Nona Nilda lo había previsto, pero no me dio ningún consejo. Dijo que debía aprender sola y que no era justo para mi misma tener tantas ventajas, sólo por haber sido bisnieta de una directora del colegio.
Regresamos a los dormitorios y fuimos por la llave de la recámara de las Veelas.
- Debe concentrarse sin ninguna prisa, señorita Kapatelis.
- ¡Ajá!
- Eso es… ya se visualiza el lugar de destino… y la Casa Real de las Veelas…
- ¿Casa Real?
- ¡Una larga historia, señorita Kapatelis! Lamento no estar autorizado para contársela.
- ¡Oh!... ¿Nona Nilda, la sabe?
- Lo guarda en secreto, señorita Kapatelis. Lo importante es que será bien recibida y le darán todo lo que precise.
- Está bien… - me quedé intrigadísima. Pero lo que pasó después fue increíble.
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