El Espejo de Plata


Enero 20


 Querido Diario:

            Lo bueno del último hechizo permitido fue que mamá no tuvo de qué quejarse. En veinticuatro horas, lo imprescindible para vivir estuvo listo, y con el correr de los días se fue actualizando lo demás. Lo realmente peculiar sucedió cuando las amigas de mamá vinieron a tomar el té.
- ¿Cobró tu marido? ¡Se nota querida! – dijo una al entrar – Pudiste pintar toda la casa, por lo que veo…
- Tuvimos que esperar un poco, porque la nena tenía los nombres de los colores y las cantidades anotadas en su agenda… problemas de comunicación, en ese colegio no le dejan tener celulares y vos sabés que con las compu­tadoras soy de madera. – la excusa de mamá me resultó patética.
- ¡Oh!... Y renovaste el lustre de los muebles también… - observó otra – ¡Ay! ¡Recomendame a tu ebanista, es un genio! ¡Te dejó todo como nuevo!
- No te preocupes, le digo que se de una vueltita por tu palacete.
- Gracias.
- Pónganse cómodas… ¡Marijazmín! Prepará el té, que­rida…
- Sí, mamá, ya está. ¿Se sirven masas? Están recién hechas…
- ¿Tu hija cocina? – preguntaron las dos a coro.
- Y no es lo único que aprende en la escuela.
- ¿Me podrás conseguir una vacante?... Nachito se quedó sin colegio por un problemita de conducta… y la verdad es que la escuela militar me parece demasiado para él.
- Lo dudo. – respondí antes de que mi mamá reaccionara – Es una institución especializada en estudiantes con alto coeficiente intelectual… y las calificaciones de tu hijo… siempre dejaron mucho que desear… tiene tres años más que yo, repitió dos veces, todavía tiene lectura silábica… ¡y cuenta con los dedos para sumar y restar! En lo único que yo recuerde que se destacaba, era en molestar a los demás y de vez en cuando mandar a alguien al hospital.
- ¿Cuánto pagás?
- Estoy becada por mejor promedio, así que no tengo idea.
- Averiguame, ¡no reparo en gastos!
- Bueno, chicas… ¿Por qué no salimos de shopping? – mamá trató de salvar la situación. Y lo logró. Las tres se fueron en el auto de la familia y una de ellas, en su prisa, dejó olvidados sus anteojos de leer. Aprove­ché entonces la ocasión, para observar los efectos del hechizo en objetos ajenos a la casa. Fue asombroso ver cómo el simple contacto con uno de los muebles recién restaurados fue más que suficiente para que los crista­les sucios lucieran como nuevos. Me preguntaba si ese fenómeno se daría fuera de los límites de la propiedad también…
              Afortunadamente tenía la excusa perfecta y mamá no volvió a casa hasta bien entrada la noche.
- ¡Ay, Dios!... ¡Qué manera de comprar!... Creo que jamás en la vida, la tarjeta de crédito rindió tanto… eso sí, ¡mis pies no existen!
- ¡Recuperaste tus alhajas!
- En realidad las había empeñado… en el fondo te tenía fe, no sé que fue lo que hiciste, pero me alegro de que haya dado resultado…
- Gracias… ¡Uy, cómo tenés las plantas de los pies! ¿Te compraste muchos zapatos?
- Diez pares…
- ¡Y te los probaste todos!... a ver… ¿Gloomie?
- ¿Señorita?
- Prepará un baño de pies ultra suave con rosas y escamas de sirena.
- De inmediato, señorita, ¿para usted?
- Para la señora Kapatelis.
- ¡Muy bien, señorita! – el elfo doméstico se retiró.
- ¿Siempre es así de servil el bichito este?
- Es una raza criada para el servicio doméstico.
- ¿Le pagás?
- No corresponde, pero se los puede recompensar según su desempeño. Y también, una vez al año concursan y ganan medallas.
- ¡Ahh!...  – mamá respondió por curiosidad y algo de celos. Luego se puso a abrir paquetes - ¡Mirá lo que es este vestido! Lo compré para cuando se comprometa el próximo de tus hermanos que siente cabeza…
- Es precioso…
- Y estos son los accesorios: zapatos, cinturón y cartera haciendo juego… ¿vas a venir? Por el colegio, digo…
- El día que cualquiera de los dos decida comprometerse y me invite, voy…
- Walter estaba por comprar anillos el mes pasado y ayer llamó para consultarme porque no le gustaba la calidad de lo que vio en una joyería de capital…
- Bueno, de Wally se puede esperar algo, pero de Nico, ¡lo dudo!
- En eso coincidimos. De cualquier manera, los prepara­tivos hay que hacerlos, así que decime qué te pondrías… ¿Tenés ropa?
- ¡De sobra!
- ¿Me mostrás, así no desentonamos?
- Sí, dale… ¿Gloomie?
- ¿Sí, señorita?
- Cuando termines con el baño de pies, alcánzame las túnicas de gala que me hiciste la semana pasada.
- Enseguida, señorita.
- ¡Ay, cómo te quiere!
- Es muy leal.
- No se ven sirvientes así en ningún lado…
- ¡Es una monada!
- El baño de pies para la señora Kapatelis.
- ¡Hmmm! ¡Qué rico aroma!
- Hojas de menta, peperina, malva y manzanilla, escamas de sirena y pétalos de rosa azul, además de ciertos ingredientes regeneradores secretos. – explicó Gloomie.
- Poné los pies tranquila, la receta es de la Nona Nilda.
- ¡Ahhh!
- El alivio es instantáneo. Cuanto más fuerte es el dolor, más rápido se te pasa.
- ¡Increíble!
- Sus túnicas, señorita Kapatelis…
- Gracias, Gloomie.
- ¡Wow!... – mamá se quedó estupefacta ante la belleza de las prendas, los ojos le brillaron con un poco de envidia - ¿Esto lo hizo él?
- Sí, totalmente a mano.
- ¡No! Este bordado lo tengo que mirar con anteojos… - mamá tomó una de las túnicas entre sus manos mientras yo le alcanzaba sus lentes.
- Hablando de anteojos, tu amiga Ana se los olvidó… ¿querés que se los alcance mañana?
- ¡Uy, si! Debe estar como loca buscándolos.
- Bueno… Mirá, acá tengo otra opción que se parece un poco a tu vestido. – le mostré uno largo de seda color verde agua, de mangas largas, bordado en el corset y la falda con pequeñas esmeraldas.
- Me gusta… Pero… ¿Te entra?... Lo veo un poco chico… vos pegaste un estirón…
- Sí… estuve enferma con mucha fiebre… - no me gusta mentir y menos a mis padres, pero no encontré otra manera simple de explicar lo que me pasó, sin provocar una reacción extrema por parte de mi mamá.
- ¿Cómo es que no nos avisaron nada?
- Sí que les avisaron… al rector le llegó el informe de que las lechuzas fueron capturadas y enviadas al zoológico… por papá…
- ¡Qué raro! – ironizó mamá – Lo único que falta es que por eso te quiera desheredar…
- El linaje Kapatelis no tiene dónde caerse muerto, si me excluye…
- ¿Tendría que ponerse a buscar trabajo?
- Él y sus siete hijos…
- Pero vos sos Kapatelis también…
- Prince-Lynch… soy la única con los tres apellidos… por pedido de la Nona Nilda… Digan lo que digan, la fortuna es mía. Y como podrás ver, no la manejo del todo mal…
- Sos Bastante medida con los gastos…
- Ya nos vamos a destacar, vas a ver.
- Bueno, parece que mis pies ya están bien.
- Sí, sí… mirá, este es el vestido más nuevo que tengo… - el traje era de color rojo oscuro con pequeñas rosas plateadas bordadas en el corset.
- Está precioso… pero considero que no es para tu edad, igual que el otro, demasiados brillos. Todavía no cumpliste diez años…
- Los médicos del reino mágico me advirtieron lo que podría pasar…
- ¿Qué cosa? ¿Estás enferma?
- Bueno… digamos que por una broma pesada que me hicieron mis compañeras, tuve un accidente que adelantó un par de cosas que tienen que ver con mi crecimiento… no te lo quise decir, para no preocuparte… Estoy teniendo un desarrollo precoz…
- ¡Ajá!... ¿Te vio algún ginecólogo?
- Sí, claro.
- ¿Y con tu peso, cómo vas?
- La única manera de mantenerlo regular es usar magia una vez al día, para que el poder no se acumule. Pero tengo que esperar una resolución del Ministerio de Gobierno Mágico.
- ¡Qué complicado!
- No nos permiten hacer magia fuera del colegio, siendo menores de edad. Como somos muy vulnerables ante las influencias de criminales mágicos, pusieron ese límite como una medida de seguridad para todos, así evitan el abuso y el trabajo ilegal de menores.
- Claro. La intención es muy loable… pero vos lo necesitás por tu salud y tampoco te pueden encerrar ocho años seguidos en el colegio…
- Exacto. Por eso se están reuniendo médicos, profeso­res y gente que forma parte del Gobierno Mágico, para ver si conmigo se puede hacer una excepción. Tienen que llevar los resultados de los estudios que se me hicie­ron, y los antecedentes familiares.
- ¡Qué problema!... Volvamos al tema del vestido, ¿tenés zapatos?
- Sí… éstos… bajitos, cómodos… soy alta.
- Parecen de oro…
- Es un material mágico que combina tejidos con metales preciosos.
- ¡Eso veo!... ¡Ay, mirá la hora que es!
- Papá comió solo en su despacho y hace rato que duerme.
- Y nosotras deberíamos hacer lo mismo. Ayudame con los paquetes.
- Gloomie se puede hacer cargo en absoluto silencio. Vamos a dormir, ¡estoy muerta! – así fue como con mamá empezamos a llevarnos un poco mejor.

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