El Espejo de Plata


Febrero 11


Querido Diario:

               El día de hoy se estableció una tregua. Nos han dado una semana para recoger cadáveres y atender a los heridos.
               Hablé con el presidente del banco y estuvimos de acuerdo en que se use mi caja duplicadora para otorgar el hechizo restaurador a la mayor canti­dad de familias posible. Al menos por ahora, es lo único que puedo hacer para ayudar.
               Me aceptaron en las dos Universidades. En menos de dos meses estaré cursando. Por ahora estoy de vacaciones.
               Y hablando de vacaciones, recuerdo que aquél verano tuvimos problemas para decidir adónde viajar. Papá no quería, mamá estaba encaprichada con la costa y yo necesitaba encontrar la manera de poder dedicarme a mi tarea solidaria de tiempo completo. Para resolver el asunto, le pedí un consejo a Nona Nilda.
- ¿Qué harías en mi lugar? – le pregunté.
- Tienes una buena solución al alcance de tu mano. Pídeles permiso a tus primas para usar la villa mágica de la Costa Azul francesa. Con algunas pequeñas refor­mas aquí y allá, no podrán resistirse. Hasta aceptarán viajar a través del espejo.
- Bueno, hablaré con ellas hoy mismo. ¡Gracias, No­nita!
- Ha sido un placer. – fui al espejo y llamé a las chicas.
- ¿En qué podemos servirte, Marijazmín?
- Quería saber si esta temporada tenían libre la villa de Costa Azul…
- No la hemos usado en dos años.
- Mis padres están decidiendo si salen o no de vaca­ciones. Si la respuesta es afirmativa, la opción es ir a la playa… Y eso sería una complicación para nuestro trabajo…
- Entiendo… - Irina sacó su varita y la hizo girar frente al espejo. La imagen de la casa de verano francesa apareció ante nuestros ojos – La villa es muy similar a tu casa en estructura arquitectónica, pero los colores son más vivaces y está ubicada sobre un acantilado, el paisaje no tiene igual.
- Eso veo. ¿Hay fotos mágicas?
- Las estás recibiendo en este momento.
- ¡Perfecto! ¡Gracias!... Habría que adicionar algunas reformas, como una piscina, ascensores… una escalera de piedra que llegue a la playa… Mamá sufre de vér­tigo.
- ¡Lo habíamos olvidado por completo!
- Cuando hayan terminado, envíen un mensaje.
- ¡Seguro! ¿Nos vemos mañana?
- ¡Como siempre! – me despedí de mis primas y bajé a tomar el té. Mis padres discutían y discutían.
- ¡Yo insisto en que no tiene sentido salir de vaca­ciones, cuando se vive en un lugar al que la gente viene de vacaciones! – decía papá.
- ¡Con esa excusa, nunca nos llevaste a ninguna parte! ¡Tus hijos se tuvieron que casar para poder conocer el mar!
- ¿Y adónde vamos a ir? Mar del Plata es una mugre… el agua es marrón de lo roñosa que es la gente.
- ¡Gesell, Pinamar, San Bernardo, sobra costa, cora­zón!
- ¿Y la Costa Azul francesa? – sugerí.
- ¿Francia? – preguntó papá, soltando el diario.
- ¿Te sentís bien? ¿Desde cuándo tenés ganas de gastar plata en cosas que vos no considerás necesarias?
- Desde que Irina me ofreció la villa… ¡Acá hay fotos! Son un poco viejas. Ahora están haciendo cambios, pero en un par de días terminan.
- ¡Es hermoso el lugar! – suspiró mamá.
- ¡Hmmm! ¡Tenés razón!... ¿Playa privada?
- ¡Obvio! – exclamé.
- ¿Qué comodidades hay?
- La casa, por dentro, es parecida a esta. Tiene todo, tele, satélite, Internet… ascensores y escaleras para llegar a la playa. Tablas de surf, cuatriciclos, motos de agua, lancha, barco, caballos para pasear por la playa. ¡Lo que se te antoje!
- ¡La pasan bien los magos! – comentó papá.
- Yo diría que sí… Además, vos trabajaste todo el año, pa. Te podrías tomar un descanso…
- ¿Tengo cara de cansado? – preguntó papá empezando a preocuparse.
- Te salieron arrugas en la frente y alrededor de los ojos…
- ¿En serio?
- ¿Querés un espejo?
- ¡A ver! – le alcancé uno que había sobre la mesa de la cocina.
- Acá tenés.
- ¡La pucha!... ¡Tenés razón!
- Estás estresado, papá. Unas vacaciones te vendrían muy bien, podrías aprovechar el spa… hacen milagros con la piel en ese lugar.
- ¿Cómo viajamos? – preguntó mamá.
- Depende de la urgencia…
- ¡Yo quiero salir cuanto antes! – exclamó papá, sin soltar el espejo.
- Usando magia es lo mismo que pasar por una puerta y llegar…
- ¿En serio?... Pero son cosas que solamente usa… tu gente…
- Por una pequeña suma que se abona con tarjeta de crédito, los semimortales pueden viajar a través del espejo Veélico…
- Bueno… si es así… ¿Qué opinás, Nereida?
- ¡Subo a hacer las valijas!
- ¡Está todo dicho! – sin más. Me serví el té.
               Por la noche, Elektra envió el aviso de que la villa estaba lista para recibirnos. Gloomie se encargó del equipaje de toda la familia y lo despachó a primera hora del día siguiente. Mamá, loca de con­tenta, no paraba de hablar por teléfono con sus amigas para avisarles que salía de vacaciones por primera vez desde su Luna de Miel.
- ¿Todo listo? – pregunté.
- Y… sí. – papá estaba resignado.
- ¿Duele? – se asustó mamá.
- Ni siquiera te vas a despeinar. – le aseguré mien­tras sacaba la tarjeta de crédito mágica - ¿Vas pri­mero?
- Sí, porque lo que es tu padre, ¡lo vas a tener que empujar!
- ¡Exagerada, como siempre! – protestó papá. La cues­tión es que los dos pasaron por el espejo.
             Les fascinó el lugar, tanto como a mí. Ni bien llegamos. Mis primas nos prepararon un baño y nos atendieron como a reyes. Luego de eso, mis padres salieron a navegar y no supe nada de ellos hasta la noche.
             Como estaban tan ocupados disfrutando de todo lo que les ofrecía la villa mágica, yo tuve todo el tiempo del mundo para aprovechar y salir con las camionetitas, que para esa época ya eran tres, más dos buses que había aportado Ian.
             El año empezaba con el pie derecho, al menos por ese lado.

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