El Espejo de Plata
Febrero 4
Querido Diario:
El arcón de Nona Nilda se abrió sin que yo lo pidiera y las gemas brillaron ante mis ojos.
- Un problema menos. Especialmente si después de esta noche viene un brujito o brujita en camino. Ahora, lo demás… (“¿De dónde saco un vehículo, sin infringir las leyes mágicas?... deberá estar lo suficientemente arruinado, como para que me lo vendan como basura… ¡Chatarra! ¡Eso es! Buscaré en la red. – encendí la computadora y me puse a buscar desarmaderos de vehículos y compactadoras – Acá parece haber un lugar en el que se pueden comprar bloques compactados… vamos a ver… tienen imágenes del antes y el después… parece que es en Japón… podría ir ya mismo usando el espejo… - abrí el armario y llegué al puesto de venta. Pude comprar apenas un solo bloque con mi tarjeta de crédito, porque al ser menor de edad, comenzarían a preguntar por mis padres. Regresé ni bien se autorizó la compra, de modo que no pudieron buscarme.
Deposité la chatarra compactada en el patio interior, junto al invernadero. El hechizo de la casa haría el resto. Volví a mi cuarto y por la Internet mágica, envié un aviso a mis familiares Veelas, buscando sanadoras voluntarias para iniciar el trabajo lo antes posible. En cuanto tuve todo listo, me preparé para ir al colegio, luego dormiría en el recreo.
Antes de ingresar a las aulas, fui a la pajarera a buscar a Brisa y en su pata até una bolsa de terciopelo gris.
- Llévaselo a Ian con discreción, por favor... – el ave remontó vuelo. La estaba observando cuando Lissa se acercó a saludarme.
- ¿Correo matutino?
- Soluciones pendientes... ¿Qué tal tu fin de semana?
- ¡Sensacional! Mamá tiene la constumbre de olvidar el dinero en los abrigos.
- Entiendo.
-¡Ahora todos los bolsillos tienen dinero!
- ¡Hemos pasado viernes, sábado y domingo de compras!
- ¡Genial!
- ¡Sí!
- Lissa... tengo una propuesta que hacerte. Creo que la idea te va a gustar.
- Escucho.
- A vos te gusta la carrera de medicina que se cursa en las universidades del reino mortal, ¿cierto?
- Sí.
- ¿Querés empezar a salvar vidas a partir de ahora?
- ¡Claro! ¿Qué hay que hacer?
- Todavía estoy diagramando el plan. Pero es interesante. Tengo una combi que se puede usar como salita de primeros auxilios.
- Hay que comprar los insumos
- ¿Podrías ocuparte? Yo tengo que pedirle al director que me ponga en contacto con el Primer Ministro Mágico, para todo lo que sea licencias y permisos.
- No hay problema. Me parece que las camionetitas nos van quedar chicas muy rápido.
- Puede ser. Pero las ampliamos por dentro para que entre una camilla, un ecógrafo, equipos de Rayos-X monitoreo cardiaco y todo lo que requiera una unidad móvil de Terapia Intensiva.
-¿Habrá algo en la biblioteca para eso?
- El libro esta. Pero según pude escuchar es magia para nivel de último año pasantías y pre- universitario...
- ¿Vos no te animas a probar? Hiciste cosas más difíciles siendo mucho más chica...
- No creo que me lo dejen leer, pero... Hay varias opciones, entre ellas, un toque de la varita podría servir...
- ¡¿Qué se está murmurando acá sobre toques de varita?! – Preguntó la celadora de Tutoría de Alta Magia.
- ¡Nada que tenga que ver con ninguna clase del colegio, señora Dovehouse!
- ¡Yo no estaría tan segura, señoritas... las dos van a tener tarea extra!... ¡a mi oficina, ya! – evidentemente, esa mujer necesitaba desquitarse con alguien. Todo parecía indicar que el profesor Cliff seguía sin fijarse en ella, pese a los esfuerzos de la mujer por perfeccionar su estado físico.
- ¡Pero! - quiso protestar Lissa
- ¡Sin peros! Quiero ver todos sus cuadernillos de clase... – los pusimos apilados arriba de su escritorio.
- ¡Parece que son unos cuantos!... ¿está tomando clases extraescolares, señorita Kapatelis?
- Talleres deportivos... y de creatividad mágica nada fuera de lo normal.
- Está más adelantada de lo habitual... bien... van a ir a la biblioteca a escribir un ensayo integrador sobre bestias mágicas de envergadura superior: hipogrifos, pegasos, dragones, elfos del bosque y Veelas...
-¡Las Veelas y elfos del bosque, son razas humanas, no animales!
-¿Tiene algo que lo pruebe, señorita Kapatelis?
- La rectora anterior.
- ¿Nilda Lynch?
- Era una Veela...
- ¿Ah, sí? ¿Cómo lo sabe?
- Soy su bisnieta, y soy Veela también... – no era esa la primera vez discutía con ella, pero en esta ocasión, le cerré la boca. Tema aparte.
Nos fuimos para la biblioteca y previa selección de ciertos volúmenes que solo yo conocía por ser de la autoría Nona Nilda, y que en su momento recordé que los originales estaban en casa, nos pusimos a trabajar en el ensayo y en los hechizos de ampliación.
Por la tarde, al final del horario de clases, teníamos dos horas de Tutoría en las que el resto de nuestros compañeros debían realizar la tarea que a nosotras se nos había adelantado como castigo. Como la nuestra estaba terminada, solicitamos permiso para retirarnos.
- ¡De ninguna manera! A menos que me digan y les cuenten a sus compañeros, en qué planeaban hacer trampa. – exclamó la profesora Dovehouse.
- ¡Está bien!... – dije luego de mirar a Lissa, que estaba aterrada – Queríamos hacer una investigación extra escolar usando libros de último año y pasantías. Nos urge aprender hechizos de ampliación, para poder equipar vehículos utilizados en el reino mortal y transformarlos en pequeños hospitales móviles. Vamos ayudar a la gente que corre peligro en las calles, en las afueras de las ciudades, más adelante, en las provincias en donde hay muchas muertes por desnutrición y por enfermedades que son consecuencia de la pobreza extrema. Una mano de los docentes y del resto de nuestros compañeros siempre será bienvenida… - en ese momento, ingresó el rector Mc Cleod.
- Buenas tardes, alumnos.
- Buenas tardes, profesor Mc Cleod. – respondimos todos.
- Acabo de escuchar su disertación, señorita Kapatelis. Me ha parecido conmovedora.
- ¡Gracias, profesor!
- Enviaré un mensaje al Primer Ministro Mágico para que le de una cita y veremos de qué otra forma se puede colaborar con tu causa. Profesora Dovehouse, presente los ensayos de los estudiantes a última hora.
- Sí, señor rector.
- Señorita Kapatelis, la espero en mi despacho al terminar su hora de Tutoría.
- Ahí estaré, profesor. – el rector abandonó el aula y la profesora Dovehouse se tuvo que comer la rabia con sal y pimienta.
Si hay algo que siempre me gustó, querido Diario, fue poner a los envidiosos en su lugar. Por eso mismo, antes de salir, hechicé la silla de la celadora, para que tuviera tachuelas invisibles. El resultado fue muy cómico: las prótesis que se había aplicado en el mundo mortal estallaron y su trasero quedó tan chato como la tabla de la silla.
Llegué al despacho de Sigfrid y encontré una mesa tendida como para cenar, lo que no dejó de sorprenderme, y por si eso fuera poco, uno de los comensales era el Primer Ministro Mágico, quien se acercó cortésmente a saludarme. Cerca de su asiento se podía ver un gran maletín de cuero azul.
- Tomá asiento, Marijazmín. – ordenó el rector – Espero que tengas buen apetito, linda.
- No te pienso defraudar, Sigfrid.
- Como verás, tu idea nos ha entusiasmado y desde luego, sabemos que todo lo que hacés tiene un motivo, y que sos tan astuta como tu bisabuela.
- ¡Ese es un cumplido que me queda demasiado grande, señor Krammer!
- Mirá… - dijo el Primer Ministro Mágico, abriendo su maletín y extrayendo un pergamino bastante extenso – Éste es un documento que te autoriza a hechizar medios de locomoción en el reino mortal. Únicamente con fines altruistas. Y esta es una lista de los lugares más necesitados de ayuda, por estar totalmente olvidados por el gobierno del reino mortal.
- Se lo agradezco, Señor Krammer.
- Como tu trabajo saldrá a la luz en cualquier momento, vas a necesitar apoyo por parte de magos adultos. El nombre ideal es el de Giampaolo Riccardi… - el Primer Ministro leyó mi cara antes de seguir hablando – Entre nosotros, hace tiempo que sospechamos acerca de sus actividades. Hemos recibido varias denuncias de ambos reinos. Tendrás que ser muy cautelosa.
- Piensan utilizarme como espía…
- No… Vamos a hacer que se delate solo, frente a la excelencia en todo lo tuyo. Sólo tendrás que hacer las cosas bien.
- ¿Cuándo lo veré?
- Probablemente, en tu próxima salida. Por lo que supimos, la familia te estima mucho.
- Es lo que demuestra la señora Riccardi, aunque me parece que es una cuestión de intereses monetarios, por eso mismo aceptaron de buen grado cada cosa que sugerí. Por otro lado, si les importa saber, el primer móvil estará listo este fin de semana. Sólo necesito comprar pintura mágica de camuflaje.
- ¿Te parece que será necesario tan pronto?
- Discreción.
- En eso estoy de acuerdo con vos, Marijazmín. – la cena siguió. Me retiré bastante tarde, y antes de dormir, pasé por casa a supervisar la evolución de los arreglos de la camioneta.
Ya estaba a medio terminar, por lo que le agregué unas colchonetas y un botiquín, para ir guiando el hechizo hacia las funciones que luego desempeñaría el vehículo. Estaba en plena revisión de los materiales, cuando mi tío Waldemar, borrachísimo, se asomó por la puerta de la camioneta.
- ¡Mirá que habías salido más pijotera todavía que la vieja ogresa! – me costó una vida dominarme para no hechizarlo – No conforme con quitar los beneficios, ahora te dedicás a la chatarrería. ¡Con toda esa guita, andás en autos usados!
- Nadie te está pidiendo tu opinión, que por cierto, no es ni acertada, ni ubicada.
- ¡Ay, ella!
- ¡Sí, yo!
- ¿Y qué vas a hacer con esta cafetera?
- Algo que vos nunca en tu vida hiciste, y no tengo esperanzas de que lo hagas.
- ¿Trabajar?
- ¡Ser solidaria!
- ¡No tenés cara, pendeja! ¡Ni a tu propia familia sos capaz de ayudar y hablás de solidaridad!
- Una cosa es ayudar y otra muy diferente es mantener vagos. Al menos en MI CASA, no es lo que hago. Por cierto, además de a meterte en lo que no te importa, ¿a qué viniste?
- A hablar con tus padres.
- No están. Mamá salió de compras y papá está en la empresa. Es semana de pagos, así que se va a quedar a dormir allá hasta el viernes.
- Entonces, voy para allá.
- ¿Pensás caminar hasta la capital? Con suerte lo vas agarrar antes de que regrese…
- Tengo una Ferrari…
- Tenías… la carta de aviso de embargo de todos tus bienes por evasión fiscal está en la mesa del comedor desde hace varios días. Y en el contestador nos dejaron un mensaje, avisando que iban a pasar hace dos o tres horas por tu casa. La deben haber dejado pelada.
- ¡¿Qué?!
- Cerré la cuenta que Nona Nilda había puesto con tu nombre y cancelé todas las extensiones de tarjetas de crédito. Y hasta me tomé la molestia de declarar tu insolvencia.
- ¡Sos una hija de puta!
- Si vas a insultarme, hermano querido. - dijo mamá, llegando con todas sus bolsas – por lo menos mírame a la cara. ¡Y no te atrevas a meterte con mi hija! Ándate de esta casa y no vuelvas sino hasta que presentes un recibo de sueldo con tu nombre. – tío Waldemar se alejó maldiciendo a diestra y siniestra. Después de eso, volví al colegio.
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