El Espejo de Plata
Enero 14
Querido
Diario:
El haber abierto la boca derivó en
un “castigo ejemplar”, con el cual, la familia pretendió detenerme en mi
intento de ingresar al colegio de Magia.
Mamá me encerró bajo llave, ni más
ni menos que en el armario y con todo el equipo del colegio… A veces peca
bastante de ignorante respecto a sus propios ancestros. El único problema
era que de todos modos tenía que salir para rescatar la caja secreta del
invernadero y las fórmulas originales que en su testamento, Nona Nilda había
pedido que permanecieran en poder del director del colegio. Eso además de que
yo no quería perderme por nada del mundo la ceremonia de ingreso, que incluía
el viaje desde el cine abandonado, el vuelo en pegasos hasta el palacio Sparkle
y la división del alumnado en las cinco casas… me complicaron la vida.
Pero todo tiene solución. Es cuestión de usar la cabeza, y eso, querido
Diario, suele ser mi especialidad. Lo primero que tenía que conseguir era un
teléfono.
-
¡Gloomie!
-
¿Sí, señorita Kapatelis?
-
Quiero que salgas por los espejos y me traigas el teléfono inalámbrico.
-
Enseguida. – mi fiel elfo estuvo de regreso en menos de dos minutos – Aquí
tiene, señorita Kapatelis.
-
¡Gracias, Gloomie! – a toda prisa, marqué el número del mayor de mis hermanos -
¿Alexis?
-
“¿Marijazmín?”
-
Sí, soy yo.
-
“¿Qué pasa, gordita?”
-
Necesito un favor, pero tenés que prometerme que nadie se va a enterar.
-
“Decime.”
-
¡Me mandaron la carta de Sparkle!
-
“¡Te felicito, gordi!”
-
¡Gracias! – le dije entre lágrimas – Sos la única persona de la familia que se
pone contenta por mí…
-
“¡Me imagino! ¡No llores, amor! ¡Todo va a salir bien!”
-
¡Me encerraron en el armario!
-
“¿Qué?”
-
Lo que estás escuchando.
-“¡¿Pero
qué se piensan?! ¿Qué sos Harry Potter?”
-
Así parece, y eso que jamás en su pichicha vida leyeron uno sólo de sus libros…
-
“¡Mentes cerradas! Pero, vos podés salir por ahí… y llegar derechito al
colegio…”
-
Lo que pasa es que me tengo que llevar cosas del invernadero, que son para el
director y están en el testamento de Nona Nilda… Y tampoco quiero romper la
tradición del primer año. Ella lo hubiese querido así.
-
“Te entiendo. ¿Cómo te ayudo?”
-
Escuchame bien: en cuanto cortes conmigo, vas a esperar cinco minutos y vas a
llamarlo a papá al celular, le vas a preguntar por mí, papá te va a decir que
estoy castigada y ahí vos vas a reaccionar para la mona. Le vas a cortar y te
vas a venir para acá, muy mal encarado, y sin saludar a nadie, vas a subir a mi
cuarto y vas a tratar de abrir el armario, ahí te va a entrar la furia porque nadie en casa lo va a
poder abrir. Gloomie lo va a hechizar. Entonces, vas a decir que es porque no
tienen magia, en ese momento vas a llamar
Gloomie y te va a abrir desde adentro. Yo me voy a hacer la desmayada y
a vos te va a dar el peor de los ataques de nervios. Con la familia, se lo más
duro que te de el alma. Me agarrás a upa, me envolvés con una frazada…
-
“…y te llevo en mi auto al médico, supuestamente.”
-
¡Después dicen que no sos Kapatelis! Ni bien te alejes de la vista de todos, me
vas a llevar al cine abandonado que está casi saliendo del centro cívico.
-
“Bueno, creo que entendí todo. Te veo en un rato, linda.”
-¡Gracias!
¡Te quiero! – corté la comunicación y le devolví el teléfono a Gloomie para que
lo dejara en su lugar. Después, lo mandé al invernadero a buscar la caja y las
fórmulas de Nona Nilda.
-
Misión cumplida, señorita Kapatelis.
-
Ahora sólo nos resta esperar a mi hermano.
-
Debe estar usted muy ansiosa, señorita Kapatelis…
-
¡Ay, si! ¡Me estoy muriendo! ¡Ya quiero estar allá!
-
Es un lugar muy hermoso, por cierto.
-
¿Estuviste antes, Gloomie?
-
Varias veces en las últimas semanas.
-
¿Lo viste por dentro?
-
Sólo la puerta de acceso y la cocina, que es donde permaneceré mientras usted
está en clase.
-
¡Contame!
-
No es mucho lo que sé, señorita Kapatelis.
-
¿Cómo se llega?
-
Por aire o por agua, está en una zona extremadamente fría. En el centro mismo
del Polo Sur. La construcción sólo puede ser vista por seres mágicos. Es
enorme desde fuera y por dentro lo es aún más… - Gloomie se interrumpió cuando
oímos un ruido de puertas que se abrían de golpe - ¿Qué fue eso?
-
¡Alexis! Quedate lo más callado que puedas, así escuchamos lo que dicen.
-
Sí, señorita Kapatelis. – los dos nos acurrucamos en el armario, casi
conteniendo la respiración. Afuera, mi hermano hacía su papel a la perfección.
-
¡¿Pero cómo se les ocurre hacer semejante cosa con la criatura?! ¡¿Qué tienen
en la cabeza?! ¡¿Están locos?! ¿Hace cúanto que la encerraron?
-
¡Qué se yo! ¡Como tres horas! – respondió mamá, sin que se le moviera un pelo.
-
¡Si le llega a pasar algo, no te lo perdono mientras viva, mamá! ¡Te juro que
te denuncio por violencia doméstica! ¡Y no me va a temblar la voz a la hora de
decirle a la policía que quisiste abortar!
-
¡No le hables así a tu madre! – exclamó papá.
-
¡Le hablo así, porque hice de niñero cinco años, mientras ustedes estuvieron
demasiado ocupados para atenderla! ¡Jamás, desde que la parió, le tuvo que
cambiar un solo pañal, no le preparó nunca una mamadera, se negó a darle el
pecho, ni siquiera vio sus primeros pasos! ¡No se dio cuenta de que las
primeras palabras que dijo fueron “Nilda” y “Ale”!… ¡Abrí esa puerta, porque la
tiro abajo!
-
¡Pará, no seas loco! – mamá lo dejó pasar, antes de que la atropellara.
-
¡La llave!
-
¡Acá está!
-
¡No abre!... ¡Marijazmín, ¿estás bien?! ¡Soy Alexis, vine a sacarte de ahí!...
¡Ay, no!... ¡Dios mío, no contesta! – el ataque de llanto fue lo más convincente.
-
¡Dejame a mí! Esa llave es mañosa… - papá probó, sin resultados, mamá hizo lo
propio y nada. Alexis a cada segundo se ponía más neurótico. Era muy difícil no
reírse.
-
¿Será mágica la llave? ¿Funcionará con gente que sí tiene poderes?
-
Es probable. El armario lo trajo tu bisabuela desde Irlanda.
-
A lo mejor si llamamos al elfo… ¡Gloomie!... ¡Gloomie, abrí la puerta! – la
siguiente escena debía ponerse en acción.
-
Es el momento, Gloomie, sostené mi cabeza y abrí. – susurré.
-
Sí, señorita Kapatelis. – Gloomie obedeció - ¡Amo Alexis! ¡Mi amita no respira!
-
¡Marijazmín! – Ale me alzó, me tomó el pulso, buscó una frazada para abrigarme
y me llevó directo al auto. Mamá y papá se quedaron paralizados – Ya no nos
ven… pero por las dudas voy a seguir unas cuadras más. ¡Ahora!... ¿Tenés todo?
-Sí,
Glommie se te adelantó, mientras me envolvías en la manta.
-
¡Un capo!
-
¡Ya lo creo!
-
¡A estudiar duro, en adelante! ¡Sino, no te cubro más, eh!
-
¡Jajá! ¡Gracias, Ale! – le di un abrazo.
-
Te debía una, ahora estamos a mano.
-
Ya lo sé… A tu izquierda queda el cine…
-
No lo veo…
-
¿Qué dijo la Nona sobre eso?... ¡Ah! Bajá conmigo. ¡Te voy a hacer un regalo
temporal!
-
Bueno, ¡me arriesgo! – la cara de miedo de mi hermano me dio mucha ternura.
-
¡Jajá!… Cerrá los ojos… hay suficientes magos adultos como para que la huella
de la varita pase desapercibida… Tres toques en la punta de la nariz… ¡REVELIUM
VEELA!
-
¿Ya está? – preguntó Ale, bastante asustado.
-
Abrí los ojos despacito… eso es… ¡esta es mi gente! – el paisaje se llenó de
hombres, mujeres y niños vestidos igual que yo, cargando equipajes y despidiendo
a los estudiantes.
-
¡Increíble!
-
¡Sí! Vas a poder verlo hasta que yo entre. Va a ser nuestro segundo secreto.
-
¡Mi chiquita!... ¡Que tengas un hermosos inicio de clases! – lo abracé de nuevo
y me sequé las lágrimas.
-
¡Gracias! ¡Te veo el fin de semana, voy a pasarlo a tu casa, si no es mucha
molestia!
-
¡Por favor! ¡Siempre vas a ser bienvenida, amor!
-
¡Sos el único que me quiere como soy! – lo abracé otra vez – Ya me tengo que ir…
-
¿Querés que te venga a buscar el viernes a la noche?
-
¡Dale! ¡Nos vemos! – entré al cine, saqué mi boleto y fui a hacer la fila para
entrar al reino mágico. Llegué a la conocida hilera 32, asiento 3. Y la aventura
comenzó.
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