El Espejo de Plata


Enero 16

Querido Diario:
            Realmente me fui a dormir muy agotada esa noche. Gloomie me vino a despertar y me vistió.
- La señorita Kapatelis no querrá perderse el primer desayuno con sus compañeras.
- ¡Ni loca! – abrí la puerta y salí escoltada por Gloomie, al salón comedor del piso de abajo. Lissa me había guardado un lugar y una taza de café con leche.
- ¿Te quedaste dormida? – preguntó, mientras untaba el pan recién tostado.
- Sí… tenía mucho sueño.
- ¿Descansaste?
- Me relajé muchísimo, no suelo tener el sueño pesado.
- La pasás mal en tu casa, ¿no?
- Es otro mundo. Literal y peyorativamente.
- ¡Dale, comé que se te enfría!
- ¡Hmmm! ¡Tostadas con manteca derretida, qué rico!
- Sos un poquito bruta, para ser Veela… - deslizó Vanessa Shaw, pasando por detrás de nuestra mesa con una bandeja en las manos.
- Y vos tenés demasiadas ínfulas, para ser de segundo… habiendo sido dos veces de primero… ¿qué hiciste para pasar de año? ¿Rompiste las paredes?
- ¡Hablame así, cuando sepas por dónde se agarra una varita!
- ¡Marijazmín, no! – me contuvo Lissa, que se veía venir un duelo de magas.
- ¡Me la voy a comer cruda! – exclamé entre dientes apretados.
- Tranquilizate, ni siquiera se merece saber que ya sos una experta.
- Sí, mejor… pero con ella ya venimos en malos términos desde el viaje hasta acá.
- Vas a tener oportunidad de desquitarte todo el año, todos los años, mientras ella esté en el colegio.
- En eso no había pensado.
- ¡Dale, terminemos de desayunar! – nos sentamos nuevamente.
            La primera clase del día era la de Trans­formaciones y  Metamorfosis. Se dictaba en una de las aulas más modernas del colegio, si se le podía llamar “moderno” a lo que encontramos allí. El cartel en la puerta tenía escrito el nombre del profesor: Jonathan Cliff. Yo nunca había tenido un profesor varón, así que eso me generó cierta expectativa.
- ¿Cómo será?
- Dicen que joven y guapo. Mitad elfo. – respondió Lissa - ¡Ojalá se trate del que estaba sentado a la derecha de la profesora Fletcher en el banquete de anoche! ¡Es un bombón!
- ¡Wow!
- ¿Vos sos parte Veela o Veela completa?
- Veela “completa”, como mi bisabuela.
- Ahhh… ¡Están abriendo la puerta!... ¡Qué puntualidad!
- Me gusta eso, odio esperar. – entramos al aula.
            El recinto era perfectamente circular, los pupitres estaban ubicados de manera tal que rodeaban el escritorio del profesor, el cual era giratorio. Todos los muebles eran de roble y sobre cada pequeño escrito­rio había un cuaderno con tapas de cuero y sus páginas tenían terminaciones de oro, y también un tintero del mismo metal.
             Con Lissa nos fuimos a sentar en la primera fila, detrás del escritorio. Una vez que todos estuvimos en silencio, por la ventana central, ingresó un pegaso blanco con crines negras: la criatura más bella que jamás había visto hasta ese día. El asombro se pintó en los ojos de todos.
- ¡Increíble! – suspiró Lissa.
- ¡Sensacional! – la secundé yo. El gallardo animal se quedó a la derecha del escritorio y nos recorrió a todos con la mirada, como tomándonos asistencia. No nos atrevíamos a mover un pelo. Finalmente, cuando el silencio ya se volvía incómodo, la criatura rompió el hielo.
- ¡Buenos días! Mi nombre es Jonathan Cliff y seré su profesor en la asignatura de Transformaciones y Meta­morfosis. – en la medida que hablaba, iba cambiando de aspecto, hasta volverse humano.
- ¡Cielos! – susurró Lissa - ¡No sé cuál de las dos formas está mejor!
- Al terminar sus siete años de cursada, muchos de ustedes serán capaces de lograr este tipo de cambios que acaban de observar.
- ¡Impresionante! – exclamó Lissa.
- ¡Gracias!... – el docente se sonrojó levemente y sacó su varita, con la que comenzó a juguetear, mientras explicaba su materia - ¿Alguno de ustedes conoce la diferencia entre Transformación y Metamorfosis? – la mano de Lissa se agitó en el aire, provocando un leve murmullo en las filas de atrás - ¿Señorita…?
- Giommini, Lissa Giommini.
- Bien. La escuchamos.
- Una transformación se puede producir mediante hechi­zos, encantamientos o pociones. Una Metamorfosis es consecuencia de un cambio genético en el que no inter­vienen artificios externos. Y no es necesariamente mágica.
- ¡Excelente! ¿Un ejemplo?
- En el mundo mortal, animales como los batracios. Y en el reino mágico, hombres lobo nacidos de la misma especie, metamórfagi y Veelas.
- ¡Formidable! Puede tomar asiento, señorita… sobre sus pupitres, como habrán notado al ingresar, hay unos cuadernos de apuntes mágicos, con los cuales vamos a inaugurar una nueva tecnología en materia de textos mágicos. Cada clase les quedará registrada automática­mente, y  también, al final del día, podrán encontrar las ejercitaciones que deberán traer completas para su evaluación semanal. Si los abren ahora, sólo encontra­rán mi nombre y esta misma explicación. – el profesor Cliff siguió exponiendo hasta que sonó la campana.
- ¡Qué fantástica clase! – comentó Lissa, guardando su cuaderno – La aproveché muchísimo. ¿Vos?
- ¡Por supuesto! Explica todo de una manera clara y sencilla… y los ejercicios no son para nada difíciles.
- Eso lo decís porque ya tenés manejo de la varita…
- ¿Necesitás ayuda?
- Bueno… la verdad… se me dificulta un poco coordinar el movimiento con las palabras…
- Es muy normal que te suceda, a todas las brujas nos pasa al principio. Tiene que ver con los nervios. Lo mejor que podés hacer para superarlo, es relajarte, y concentrarte en el ritmo que le quieras dar a tu hechizo, contá los tiempos, como si hicieras música…
- Lo hacés ver demasiado sencillo, Marijazmín.
- Tiempo y práctica, como diría mi bisabuela.
- ¡Claro! ¡¿Cómo no?! Cuando a vos el profesor te felicita el primer día, todo es una pavada después. – dijo Lissa en voz alta, viendo que las chicas de Shroeder pasaban a una de las aulas contiguas.
- ¡No llames la atención, Lissa!
- Es una reventada y encima discrimina a los que no son como ella…
- Honestamente, no pienso rebajarme a su nivel. Presu­mir no es mi estilo.
- Pero se tiene que enterar de que te está yendo bien…
- Para eso están las tablas de evaluación al final de la semana. Los profesores las van a dar a conocer y ahí ella se va a poner al día.
- ¿Vas a esperar hasta el viernes? ¡Yo no aguantaría!
- ¡Tranquila! Tenemos cosas mucho más importantes que hacer.
- ¿Qué materias siguen hoy?
- Ya te digo, lo tengo anotado en algún lado… - revolví un poco mi cartera hasta encontrar un pedazo de perga­mino - ¡Acá está!... Alquimia I e Introducción al Vuelo en escoba, que está marcada como cuatrimestral…
- Dicen que es agotador el trabajo de un buen alqui­mista.
- Para la Alquimia tenés que ejercitar la memoria y ser muy cuidadosa con los ingredientes. Es como cocinar, hay condimentos, que usados en exceso arruinan el plato y hasta la salud. Mi bisabuela me decía que se debe amar lo que se hace, desde el cultivo de las hierbas, hasta el resultado final.
- ¡Aaay! “¡Hay que amar lo que se hace!” – se burló Vanessa Shaw. Y sus compañeras, como obedeciendo las órdenes de un sargento, estallaron en crueles carcaja­das.
- ¡PANTIVENDA! – antes de que las tres chicas se dieran cuenta de lo que esa extraña palabra significaba, su ropa interior se estiró por detrás, hasta la altura de sus cabezas y se enganchó sobre sus ojos, como una incómoda venda.
- ¡QUÍTENME ESTO!... ¡QUÍTENMELO! – Vanessa y sus amigas, chocándose mutuamente, intentaron regresar a la sala de su respectiva casa.
- ¡Jajajajá! ¡Noooo!... – Lissa no podía contener la risa - ¡Eso fue increíble, Marijazmín! ¡Jajajajajá!
- Espero que no me castiguen por eso…
- No lo creo… no vi que usaras la varita y ellas tampoco… y como mucho no piensan, estás salvada, al menos por esta vez… - el profesor Cliff, tratando de no reír también, y nos acompañó hasta el aula de Alquimia.

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