El Espejo de Plata


V – Glommie, el elfo bebé.


 Enero 7

Querido Diario:
             El gran compañero de juegos de mi infan­cia ha sido, es y será siempre mi elfo doméstico, Glommie. Es mi amigo, mi juguete, mi consejero, más de una vez ha sido mi maestro de magia, en fin, cu­brió todas las carencias de mi niñez.
             En la familia Lynch siempre ha habido servidumbre mágica, discreta y eficiente, no mucha, toda la vida hemos sido muy austeros. Pero en ninguna generación ha faltado al menos una parejita de escla­vos élficos, por lo general de la mejor casta, in­cluso han competido y ganado premios en diferentes disciplinas.
             Una de las últimas cosas que hicimos juntas Nona Nilda y yo, fue visitar la cabañita de los elfos domésticos. La bisabuela me indujo siempre a tratar con respeto a la servidumbre de cualquier especie. Por eso mismo para nada me extrañó que la recibieran con abrazos y gritos de alegría, aunque debo confesar que me daban un poco de miedo.
            Nona Nilda me dijo que iríamos porque ella tenía que firmar unos papeles para autorizar a los elfos a tener un bebé. Me pareció algo extraño y a la vez grandioso.
- ¿Y están casados? – pregunté.
- Han pasado juntos toda su vida. El momento de per­petuar la especie es muy importante para ellos.
- ¿Eso quiere decir, que este permiso, es como un casamiento?
- Exacto. Aqui vienen y me traen los pergaminos y plumas. – dijo Nona Nilda viendo llegar a la pare­jita.
            Sasha y Greysie eran muy buenos y bien educados. Cocinaban maravillosamente, y a pesar de que ese día era el más importante de sus vidas, no dejaron de atender nuestras necesidades.
            Muy pocas semanas después, Greysie quedó embarazada, pero algo estaba saliendo mal. Se la veía muy débil y pálida. Nona Nilda decía que se debía al exceso de trabajo. Realmente me preocupé mucho por ella. Estuve en la cabañita casi todo mi tiempo li­bre. Finalmente llegó la hora del nacimiento. Nona Nilda, a pesar de estar muy delicada de salud, quiso presenciar el parto.
- Todo va a salir bien Greysie. Tranquila, tu ama está aquí, pequeña.
- ¡Hhh! ¡hhh! ¡hhh! Señora Lynch, My señora ¡Greysie está feliz de verla! –  los enormes ojos de la elfa doméstica brillaron llenos de lágrimas. 
- ¡Lo sé! También ha venido la pequeña Marijazmín... quiere ayudar en lo que sea...
- ¡Oh! – suspiró entre contracciones - ¡Ya viene el bebé!
- ¡Pronto, Marijazmín! ¡Sujétala!
- ¡Eso hago!
- Sécale el sudor...eso es... ¡Vaya, parece que nues­tro pequeño elfo va a salir de revés! 
- ¿Puedo intentar sacarlo? Hay riesgo de que se aho­gue...
- Lávate las manos con agua de rosas.
- ¡Hecho!
- Bien...cuando Greysie empuje, tira con suavidad de las piernitas del bebe...
- ¡Ajá!
- Vamos a ver...respira hondo, Greysie... ¡ahora, Marijazmín!
- ¡No se puede! Está mal encajado... a ver... – con delicadeza palpé el vientre de la criatura mágica – Acá está la cabeza... y este es el cuerpo... Greysie, voy a tratar de que no te duela...
- Yo no importo, señorita Kapatelis... haga nacer al bebé...
- Muy bien, vamos a ayudarlo un poco... así... ¡em­pujá!... ¡sí! ¡Ahí se acomodó!... ¡ya está Greysie! ¡Sos mamá!... y es muy hermoso tu bebé – corté el cordón umbilical y le puse a Greysie el recién nacido en brazos. 
- La señorita Kapatelis es muy poderosa... – susurró Sasha. 
- ¡No! Es sólo experiencia. Estoy acostumbrada a esto. Llevo dos años atendiendo los partos de mi gata y de las mascotas de mis amigos. Ahora sólo me falta ayudar a nacer un bebé humano.
- ¡Oh! 
- Marijazmín...
- ¿Si, Nona?
- Hay algo que tienes que saber.
- Escucho. – respondí, mientras el pequeño elfo me agarraba un dedo.
- Cuando un humano presencia el parto de un elfo doméstico, debe tomar al recién nacido a su servicio. Tu caso es muy particular. Nunca ha pasado que un esclavo nazca sin que se utilice magia. Y jamás un mago o una bruja han puesto sus manos en una elfa parturienta.
- ¿En serio?
- En este momento los jueces y el Primer Ministro de magia están siendo notificados. Ellos decidirán que es lo que se debe hacer con el bebé.
- No entiendo...
- Si yo hubiese venido sola, el bebé sería de mi propiedad y habría nacido muerto.
- ¡Ahh!
- Pero como la ley expresa que el mago más cercano al recién nacido debe ser el propietario... por lógica, el pequeño es tu primer esclavo...
- ¡Ohhh! – me tuve que sentar para asimilar la nove­dad – Es mucho... no, nonita, no puedo... ¿cómo le voy a sacar el bebé a su mamá? ¡Lo necesita!
- La ley es cruel... pero es la ley...
- Greysie... – dije acercándome a la elfa – yo no te quiero separar de tu hijo... no te voy a pedir nada, hasta que los dos estén bien. Después el resto se soluciona. Pero vos tenés que criar al bebé.
- Greysie estará muy feliz de que la señorita Kapate­lis se quede con el pequeño elfo. Greysie sabe que su hijo será obediente.
- Pero un bebé tiene que estar con su mamá.
- ¿Señorita Kapatelis?
- ¿Si, Sasha?
- Al menos... debe ponerle nombre al pequeño...
- ¡Hmm!... a ver... – me acerqué a la criatura que dormía en brazos de su madre, y le acaricié la cabe­cita – parece de juguete...
- ¡Gloom! – balbuceó el bebé, despertando.
- ¿”Gloom”? – pregunté. El bebé elfo se había tomado de un mechón de mi cabello y con su poder mágico lo había rizado. - ¡Nona, sabe peinar Veelas!
- Es porque su sangre tocó tus manos...le transmi­tiste todo lo que debe saber sobre ti.
- ¡Asombroso!
- Los elfos son criaturas maravillosas, Marijazmín. Debes sentirte muy afortunada de tener uno propio. 
- ¡Gloom!... ¡Eso es!... Gloomie. Se llamará Gloomie.
- ¡Gloomie! – repitió el bebé elfo.
- ¡Jajá! ¡Es tan lindo!
- ¿La señorita Kapatelis quiere cargarlo un momento? – preguntó Greysie.
- Sí, claro... descansá Greysie... tratá de dormir un poco, ¿si? – Me hice cargo del bebé, mientras Sasha arropaba a Greysie.

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