El Espejo de Plata
V – Glommie, el elfo bebé.
Querido
Diario:
El gran compañero de juegos de mi
infancia ha sido, es y será siempre mi elfo doméstico, Glommie. Es mi amigo,
mi juguete, mi consejero, más de una vez ha sido mi maestro de magia, en fin,
cubrió todas las carencias de mi niñez.
En la familia Lynch siempre ha habido
servidumbre mágica, discreta y eficiente, no mucha, toda la vida hemos sido muy
austeros. Pero en ninguna generación ha faltado al menos una parejita de esclavos
élficos, por lo general de la mejor casta, incluso han competido y ganado
premios en diferentes disciplinas.
Una de las últimas cosas que hicimos
juntas Nona Nilda y yo, fue visitar la cabañita de los elfos domésticos. La
bisabuela me indujo siempre a tratar con respeto a la servidumbre de cualquier
especie. Por eso mismo para nada me extrañó que la recibieran con abrazos y
gritos de alegría, aunque debo confesar que me daban un poco de miedo.
Nona Nilda me dijo que iríamos porque
ella tenía que firmar unos papeles para autorizar a los elfos a tener un bebé.
Me pareció algo extraño y a la vez grandioso.
-
¿Y están casados? – pregunté.
-
Han pasado juntos toda su vida. El momento de perpetuar la especie es muy
importante para ellos.
-
¿Eso quiere decir, que este permiso, es como un casamiento?
-
Exacto. Aqui vienen y me traen los pergaminos y plumas. – dijo Nona Nilda
viendo llegar a la parejita.
Sasha y Greysie eran muy buenos y
bien educados. Cocinaban maravillosamente, y a pesar de que ese día era el más
importante de sus vidas, no dejaron de atender nuestras necesidades.
Muy pocas semanas después, Greysie
quedó embarazada, pero algo estaba saliendo mal. Se la veía muy débil y pálida.
Nona Nilda decía que se debía al exceso de trabajo. Realmente me preocupé mucho
por ella. Estuve en la cabañita casi todo mi tiempo libre. Finalmente llegó la
hora del nacimiento. Nona Nilda, a pesar de estar muy delicada de salud, quiso
presenciar el parto.
-
Todo va a salir bien Greysie. Tranquila, tu ama está aquí, pequeña.
-
¡Hhh! ¡hhh! ¡hhh! Señora Lynch, My señora ¡Greysie está feliz de verla! –
los enormes ojos de la elfa doméstica brillaron llenos de lágrimas.
-
¡Lo sé! También ha venido la pequeña Marijazmín... quiere ayudar en lo que
sea...
-
¡Oh! – suspiró entre contracciones - ¡Ya viene el bebé!
-
¡Pronto, Marijazmín! ¡Sujétala!
-
¡Eso hago!
-
Sécale el sudor...eso es... ¡Vaya, parece que nuestro pequeño elfo va a salir
de revés!
-
¿Puedo intentar sacarlo? Hay riesgo de que se ahogue...
-
Lávate las manos con agua de rosas.
-
¡Hecho!
-
Bien...cuando Greysie empuje, tira con suavidad de las piernitas del bebe...
-
¡Ajá!
-
Vamos a ver...respira hondo, Greysie... ¡ahora, Marijazmín!
-
¡No se puede! Está mal encajado... a ver... – con delicadeza palpé el vientre
de la criatura mágica – Acá está la cabeza... y este es el cuerpo... Greysie,
voy a tratar de que no te duela...
-
Yo no importo, señorita Kapatelis... haga nacer al bebé...
-
Muy bien, vamos a ayudarlo un poco... así... ¡empujá!... ¡sí! ¡Ahí se
acomodó!... ¡ya está Greysie! ¡Sos mamá!... y es muy hermoso tu bebé – corté el
cordón umbilical y le puse a Greysie el recién nacido en brazos.
-
La señorita Kapatelis es muy poderosa... – susurró Sasha.
-
¡No! Es sólo experiencia. Estoy acostumbrada a esto. Llevo dos años atendiendo
los partos de mi gata y de las mascotas de mis amigos. Ahora sólo me falta
ayudar a nacer un bebé humano.
-
¡Oh!
-
Marijazmín...
-
¿Si, Nona?
-
Hay algo que tienes que saber.
-
Escucho. – respondí, mientras el pequeño elfo me agarraba un dedo.
-
Cuando un humano presencia el parto de un elfo doméstico, debe tomar al recién
nacido a su servicio. Tu caso es muy particular. Nunca ha pasado que un esclavo
nazca sin que se utilice magia. Y jamás un mago o una bruja han puesto sus
manos en una elfa parturienta.
-
¿En serio?
-
En este momento los jueces y el Primer Ministro de magia están siendo
notificados. Ellos decidirán que es lo que se debe hacer con el bebé.
-
No entiendo...
-
Si yo hubiese venido sola, el bebé sería de mi propiedad y habría nacido
muerto.
-
¡Ahh!
-
Pero como la ley expresa que el mago más cercano al recién nacido debe ser el
propietario... por lógica, el pequeño es tu primer esclavo...
-
¡Ohhh! – me tuve que sentar para asimilar la novedad – Es mucho... no, nonita,
no puedo... ¿cómo le voy a sacar el bebé a su mamá? ¡Lo necesita!
-
La ley es cruel... pero es la ley...
-
Greysie... – dije acercándome a la elfa – yo no te quiero separar de tu hijo...
no te voy a pedir nada, hasta que los dos estén bien. Después el resto se
soluciona. Pero vos tenés que criar al bebé.
-
Greysie estará muy feliz de que la señorita Kapatelis se quede con el pequeño
elfo. Greysie sabe que su hijo será obediente.
-
Pero un bebé tiene que estar con su mamá.
-
¿Señorita Kapatelis?
-
¿Si, Sasha?
-
Al menos... debe ponerle nombre al pequeño...
-
¡Hmm!... a ver... – me acerqué a la criatura que dormía en brazos de su madre,
y le acaricié la cabecita – parece de juguete...
-
¡Gloom! – balbuceó el bebé, despertando.
-
¿”Gloom”? – pregunté. El bebé elfo se había tomado de un mechón de mi cabello y
con su poder mágico lo había rizado. - ¡Nona, sabe peinar Veelas!
-
Es porque su sangre tocó tus manos...le transmitiste todo lo que debe saber
sobre ti.
-
¡Asombroso!
-
Los elfos son criaturas maravillosas, Marijazmín. Debes sentirte muy afortunada
de tener uno propio.
-
¡Gloom!... ¡Eso es!... Gloomie. Se llamará Gloomie.
-
¡Gloomie! – repitió el bebé elfo.
-
¡Jajá! ¡Es tan lindo!
-
¿La señorita Kapatelis quiere cargarlo un momento? – preguntó Greysie.
-
Sí, claro... descansá Greysie... tratá de dormir un poco, ¿si? – Me hice cargo
del bebé, mientras Sasha arropaba a Greysie.
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